No es el cristal pulido sin rasguño alguno,
sino la grieta que guarda el recuerdo de lo vivido;
no es la melodía sin nota fuera de tono,
sino el acento que hace del canto un ser.
La perfección no vive en lo liso y calculado,
reside en el nudo del árbol que creció torcido;
en la arruga que el tiempo en la piel ha grabado,
en el error que al camino su rumbo ha decidido.
Son dos caras de un mismo astro brillante,
la realidad y su brillo que no necesita moldes;
donde lo imperfecto es la esencia que late,
y en su danza juntas se abrazan y se sostienen.
No hay uno sin el otro, ni distancia entre ellas,
sino una sintonía que el universo diseñó;
en cada cosa real, aunque no parezca bellas,
yace la perfección que el alma conoce y ve.


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