Vivamos en un mundo de fantasía,
perdámonos en castillos sobre las nubes
y con alas deslicémonos por un colorido arcoiris
hasta una olla a rebalsar de monedas de oro.
Allí los árboles cuentan cuentos en sus hojas,
los ríos cantan melodías de cristal y sal,
los animales hablan con voz de estrellas,
y el tiempo se detiene para jugar al azar.
No hay fronteras que dividan ni muros que cierren,
sólo campos de flores que nunca dejan de crecer,
donde el sol sonríe cada mañana nueva
y la luna teje collares de luz para ofrecer.
Y dragones de escamas de rubí y esmeralda
guardan secretos en grutas de piedra brillante,
mientras sus alientos calientan el aire suave
y pintan el cielo de tonos irradiante.


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