Madre

Alma vieja, espíritu deslucido por los años, de entereza noble y temple vigoroso, maestra que imparte su sabiduría con el pecho a rebosar de orgullo, enséñeme como actuar, su elegante porte y sus ademánes al hablar.

Madre, maestra y guía, hágame una mujer de bien, el mundo es cruel y me han manchado. En mi intento por sobrevivir, me he disfrazado del monstruo que atemoriza mis sueños, he lastimado y la máscara con cada minuto que corre, disminuye su peso.

Los tiempos son otros y las enseñanzas evolucionan, cambian y se deterioran, y yo alumna inexperta, ya no sé a quién seguir, de quien aprender y que clase de mujer convertirme. La admiro e idolatro, razones de suficiente peso para intentar emular y con suerte, y mucho esfuerzo, igualar.

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