El nacimiento de un villano.

En una tierra extraña para muchos, ya que hace milenios se quitó del mapa y no se ha vuelto a mencionar, donde habitan criaturas místicas, seres encantados y bestias de pesadillas, había una joven aspirante a maga llamada Maroon. Maroon vivía en un pequeño pueblo en las afueras de un frondoso bosque, donde practicaba sus habilidades mágicas bajo la tutela de su sabia abuela: La señora Adeline.

Maroon era conocida por su ingenio y curiosidad, también por su amor por la naturaleza y las aventuras que ésta puede traer, su característica más llamativa era su inoportuno coraje sin lógica. Cuanto más peligro prometía dicha aventura, con más empeño se hundía en ella. Sin embargo, un día, mientras exploraba el bosque en busca de ingredientes para un hechizo que hace días intentaba llevar a cabo sin logro alguno, encontró un objeto misterioso: un antiguo libro de hechizos, un diario que prometía poseer una magia antigua y muy poderosa, sellado con una advertencia de no abrirlo escrita por quien se autonombraba su último dueño y cautivo.

Incapaz de resistir la curiosidad, Maroon abrió el libro y comenzó a leer las páginas llenas de hechizos prohibidos y maldiciones poderosas.

A medida que leía, una energía oscura comenzó a ser despedida de la tinta en esas desgastadas páginas y siendo absorbida por los dedos de la joven curiosa, la tinta fue tiñendo su piel de gris para luego tornarse más oscura y tornar sus extremidades antes claras como un copo de nieve, en un negro tan profundo e intenso como el ónix. Tal como la piedra semi-preciosa, la joven brilló debajo del rayo del sol, dura, firme y oscura. Inmersa en su lectura, atrapada por las promesas grabadas en el papel y convirtiendo sus deseos y metas en ambición pura, cruda y enfermiza.

A su vez, el libro susurraba los pensamientos más crueles que se le pueden decir a un ser humano, convenciéndola de su ineptitud y estado, ordinario y corriente.

Para así apoderarse de ella, corrompiendo su corazón y su alma, y es que ésta joven maga no sabía que objeto cargaban sus manos, su procedencia. Éste artefacto tenía su propia alma y su propio objetivo.

Para cuando se dio cuenta de que había algo diferente, ya era tarde, cuando se inicia un proceso no hay vuelta atrás.

Se asustó y soltó ese pesado y hambriento diario, y volvió a ocultarlo, prometiendo volver a él. Y es que la curiosidad, siempre es más fuerte que la lógica.

Volvió sobre sus pasos, olvidando a que vino en un principio. Recorrió las calles y caminos, está vez con otros ojos. Vislumbro a sus vecinos, como la miraban y como apartaban sus ojos de ella al verse descubiertos. Las voces seguían ahí, más bajas pero presentes, no paraban y no parecía que quisieran hacerlo.

El camino fue corto pero muy revelador. Las miradas no pueden ocultar verdades y una vez la máscara cae, todo es fácil de ver.

Llegó a casa, en silencio, pensativa. Se acercó al cuenco que utilizaba para crear pociones sobre la mesa y tomó entre sus dedos algunos tallos con pequeñas flores que se encontraban junto a él, y las vio detenidamente.

—Aveces, una flor es sólo una flor. No tiene nada de especial —susurró para si misma.

Su abuela que estaba en el jardín trasero, se dispuso a entrar en la casa al escuchar la puerta abrirse y posteriormente cerrarse. Y una vez dentro, vio con curiosidad a su nieta, quien se encontraba sumida en sus pensamientos.

—¿Sigues intentando hacer ese encantamiento? —Un hechizo sencillo había atrapado a su nieta, un hechizo que necesitaba de una mente clara y pacífica, una característica que no poseía Maroon.

—¿Crees que no puedo?

Sentía una presión en el pecho, que le impedía respirar con regularidad, miedo. Miedo a no ser suficiente, a no alcanzar la meta.

—Ahora, no —Adeline negó, convencida de que todos tenían sus tiempos, y éste encantamiento aún estaba en proceso —. Llevas tiempo intentándolo, es momento de intentar otro. Quizás otro día lo intentes nuevamente y el resultado sea diferente.

Adeline sabía lo que una mente frustrada podría volverse, un obstáculo para si misma. Era momento de cambiar el panorama, una victoria lo cambiaría, un fracaso la seguiría frenando.

—Puedo hacerlo —Maroon objetó enseguida.

—¿Segura?

—Si.

—No me lo creo —La terquedad era algo de familia, eso era seguro.

La joven se sumió en la rabia, su abuela no creía en ella. Quizás, sólo quizás, el libro tenía razón.

—Puede que tengas razón, es momento de probar algo diferente.

Ésta vez, recitó un hechizo que leyó en el libro del bosque. Ella era capaz, probaría que era capaz. La lengua era extraña, por lo que con duda habló lento y bajo, al alcance sólo de sus propios oídos. Sin ingredientes extras ni experimentos raros. Y para la sorpresa de todos, la flor entre sus dedos abrió su capullo y los tonos rosados se oscurecieron hasta parecerse a la bebida que consumía la señora Adeline todos los días, que teñia sus labios con su esencia y que ella, guardaba con tanto recelo.

—¿Cómo hiciste eso? —Adeline preguntó con desconfianza.

—Lo hice, ¿importa cómo?

—Si, si importa cómo… —La abuela se acercó violentamente a su nieta y apresó una de sus manos, la tinta seguía estando presente en los extremos de los dedos de la joven. La mayor no identificó la magia utilizada pero si notó la oscuridad en ella. Y con miedo en los ojos, los clavó sobre los de su nieta.

—¿Qué haz hecho?, ¿cómo lo conseguíste, donde?

—El destino habló, y se hizo presente en mi camino —Con voz monótona respondió, diciendo las palabras que el libro le recitaba.

—Devuelve lo que encontraste y no vuelvas a recuperarlo.

¿Porqué lo haría?, había logrado su objetivo, había alcanzado la meta, todo gracias al libro.

—¿Porqué?

—No puedes controlar esto, se apoderará de ti.

Sus últimas palabras la enfurecieron aún más, no la creía a la altura, ni de un hechizo, ni de una magia más superior.

Pero, sabía lo que pasaría si se atrevía a contradecirla.

—Bien —susurró con tono rendido.

Adeline satisfecha puso distancia y volvió a su jardín, a dedicarse a sus preciadas hierbas.

La voz en su interior volvió a hacerse presente, al saberse útil. Y le susurro un plan simple y necesario, necesario según ésta.

—Necesito avanzar, es tiempo.

Repitió en su mente el plan, convenciéndose a sí misma.

—Y para hacerlo, debo eliminar obstáculos.

La flor entre sus dedos, esperaba para ser utilizada. Todo tiene su propósito y hasta una simple flor, corriente y ordinaria lo tiene. El propósito le da su valor. Se acercó a la cocina y preparó un té para su abuela, al finalizar la flor se hundió en el agua caliente y se disolvió hasta desaparecer como si nunca hubiera existido.

Volvió atrás con la taza entre sus manos y salió al exterior, sin hacer ruido para así no hacerse notar. Se aproximó hacia una mesa donde descansaba una canasta con hierbas sujetas en montóncitos y otra taza, el té que siempre se preparaba la abuela al salir al jardín y hacer sus tareas, e intercambio las tazas.

Lo que pasaría, era esperado, pasaba cada mañana. La abuela Adeline tomaba su té mientras trabajaba, entraría en casa al finalizar para beber su tónico especial con la cena y tomaría su siesta, sin soltar su preciada cantimplora.

Maroon luego de su tarea finalizada, desapareció, y la abuela Adeline jamás notó el cambio ni su presencia, tampoco su huida.

Y entonces, sólo entonces, cómo su abuela le recomendó, intentó un nuevo hechizo no antes realizado y espero, a que todo siguiera su curso.

Respuestas

  1. Hace tiempo vi un video en Tiktok, trataba de un reto de escritura, la consigna era: Crear un texto sobre el nacimiento de un villano. El tiempo pasó y nunca lo envié, pero me gustó, así que decidí subirlo.