El gatito de la mala suerte

En el corazón de la bulliciosa ciudad, escondida entre estantes llenos de comida para mascotas y juguetes chirriantes, se encontraba una tienda llamada “El Reino Animal”. En sus jaulas, un sinfín de criaturas peludas y emplumadas esperaban con ansias un hogar. Entre ellos, un gatito negro de ojos esmeralda, llamado Lucky, se sentía solo. Su pelaje oscuro, símbolo de mala suerte según la creencia popular, lo convertía en un blanco fácil para las burlas de sus compañeros.

“¡Eh, gatito de la mala suerte!”, soltaba un perro labrador con una sonrisa burlona. “Nadie te querrá, eres negro como la noche.” Lucky se encogió en su cama de felpa, su corazón latiendo con tristeza.

Un día, una adolescente entró a la tienda. Su aspecto era tan peculiar como el de Onyx. Vestía ropa oscura, adornada con calaveras y estrellas invertidas. Su rostro estaba cubierto de piercings y maquillaje gótico, y un collar con un pentagrama invertido adornaba su cuello. Lucky la observó con cautela, sintiendo un extraño vínculo con ella.

“¿Puedo ver a los gatitos?”, preguntó la joven con una voz suave, sus ojos oscuros brillando con una luz que Lucky reconocía.

La dueña de la tienda, una mujer corpulenta con un corazón de oro, la condujo a la sección de felinos. Lucky se escondió entre las jaulas, temeroso. Pero la joven se acercó a él, extendiendo una mano con cuidado.

“Hola, pequeño”, susurró. “Me gusta tu color. Es como la noche.”

Lucky sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Era la primera vez que alguien elogiaba su color. La joven lo sacó de la jaula y lo acarició con ternura. Lucky se acurrucó en sus brazos, sintiendo una conexión profunda con ella.

“Te llamaré Hades”, dijo la joven, sonriendo. “Eres mi gatito de la mala suerte, y yo soy tu dueña de la oscuridad.”

Lucky, ahora Hades, se sintió feliz por primera vez en su vida. Su nueva dueña lo amaba por lo que era, sin importar su color o las supersticiones de los demás. Juntos, se convirtieron en una pareja inseparable, recorriendo las calles de la ciudad con su peculiar estilo, desafiando las miradas curiosas y las creencias populares. Hades, el gatito de la mala suerte, había encontrado su hogar en el corazón de una joven que, como ella, se sentía diferente al resto.

Respuestas