Desde el lienzo de mi mente surgió un aliento nuevo,
un mundo tejido con hilos de luz y sueño azul profundo
donde ríos cristalinos serpentean entre valles verdes,
y lagos como ojos de diamante reflejan el firmamento desnudo.
Los árboles se alzan hasta tocar las nubes blancas,
sus troncos gruesos como montes, sus copas perdidas en el infinito;
con cada suspiro del viento, despiden un ámbar destellante,
que baña el aire en un brillo cálido y divino.
En sus costas extendidas, las playas de perlas luminiscentes
brillan tanto de día como de noche, como constelaciones en la tierra;
cada gema bajo los pies susurra secretos de los mares antiguos,
mientras las olas cantan canciones de un tiempo que nunca muere.
Por las mesetas espaciosas pasan criaturas majestuosas,
con cuernos de cristal y pelajes que capturan el arcoíris;
y sobre las montañas rocosas se alzan reinos de piedra y oro,
donde sus alas amplias cortan el viento con gracia y valor.
Este mundo de fantasía vive en cada latido de mi pecho,
un refugio hecho de maravillas que el alma solo puede ver;
donde todo brilla, todo fluye, todo respira con vida propia,
creado por el poder de imaginar lo que el corazón desea ver.


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