¿Y después del invierno?

Los veranos vuelan siempre… los inviernos caminan.

Charles M. Schulz

El invierno puede interpretarse como un período de pruebas complicadas que al superarlas se alcanza un crecimiento espiritual y mental. La idea de que después del frío y la oscuridad llega la primavera, es un concepto presente en muchas tradiciones culturales, y también en la literatura. Los autores lo muestran a través de sus personajes, no como una espera de fría quietud, sino como la preparación para una futura renovación.

La mitología griega nos ofrece una rica metáfora sobre la naturaleza cíclica de la vida, la capacidad de la naturaleza para renovarse, y la importancia de la conexión entre las diferentes fases de la existencia narrándonos la historia de Perséfone, hija de Deméter, diosa de la tierra. Fue raptada por Hades para convertirse en su esposa en el inframundo. Su dolor, hizo que la tierra se volviera estéril y fría, dando lugar al invierno. Finalmente, Zeus intervino y logró que Perséfone pudiera regresar a la superficie, aunque fuera solo durante seis meses. Durante su estadía en el inframundo, la tierra permanece en invierno, y cuando regresa al lado de su madre llega la primavera. Es un extraordinario ejemplo de que La vida está hecha de momentos diferentes y sucesivos que, al llegar a la última mutación, vuelven a empezar.

Otro personaje que nos enseña este salto del invierno a la primavera lo encontramos en la literatura clásica, de la pluma de Charles Dickens, el genio que creó a Ebenezer Scrooge, protagonista de “Cuento de Navidad.” Recordemos que en un principio el escritor lo retrata como un senil hombre egoísta, cruel y misántropo. Podríamos decir que estaba en un invierno emocional en el que pareciera enfadarle la felicidad de los demás. Sin embargo, Dickens lleva a su personaje a un camino de renovación transformándolo en un hombre alegre y generoso, lleno del espíritu navideño, época en el que transcurre el relato.

Pero no todo se queda en la ficción. Varios autores han vivido un invierno simbólico, momentos de dificultad que conducen a un nuevo comienzo. Por ejemplo, la figura de Friedrich Nietzsche, quien atravesó períodos de profunda crisis mental y espiritual llevándolo a reinventar su filosofía y a comprender el valor del sufrimiento en el proceso del crecimiento.

La psicóloga y escritora Kay Redfield Jamison, es otro ejemplo. En su narrativa refleja cómo los periodos de oscuridad mental pueden ser momentos de meditación que conducen a una mayor comprensión de quiénes somos. En su obra “Una Mente inquieta” se retrató a sí misma para hablar con el mundo acerca de su trastorno bipolar, atravesando el largo camino desde su diagnostico hasta la aceptación concluyendo que: Son, al final del día, los momentos individuales de inquietud, de desolación, de fuertes persuasiones y entusiasmos desenfrenados los que configuran la vida, cambian la naturaleza y el rumbo del trabajo y dan sentido y color definitivos a los amores y las amistades. 

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