Tropiezo de una mirada:

IMG 20230908 WA0049

Desandando por varias cuadras para llegar a la parada de ómnibus, el sol de julio se hacía cada vez más cariñoso mientras abrazaba con todo su esplendor mi piel, que aunque resguardada por una playera, sentía todo el afecto. Levanté la vista y … ¡A correr! El ómnibus estaba terminando de montar sus últimos pasajeros, por poco quedo sin abordarlo. Ya encima, mi playera empapada por el sudor, la carrera, la calor de medio- día, entre aquel tumulto, no podía respirar. Mi mano casi no tocaba arriba, el señor frente a mí traía un habano, el cual se empeñaba en azotar mi nariz con todo el humo. Cerca también, una pequeña anciana que tampoco podía sujetarse. La música de varios celulares dejaban claro que era imposible instalar conversación, un señor pasado de copas lanzaba algunos improperios; un bebé llorando, y el chofer: ¡ el chofer! Tan buen samaritano, gritaba a tres voces un paso atrás, para que monten otros compañeros. Creí que era un castigo, después me dije: pues unos cuantos están castigados. Entre los q abordaron está vez el ómnibus, 3 chicos que venían haciendo sentir su presencia, bueno realmente uno era el que parecía una estampida de elefantes, los
otros dos sólo sonreían con sus monerías. Uno llamó mi atención y quedé mirándolo ensimismada como quien aprecia una escultura de museo. Nunca me había sucedido, nunca había quedado impregnada de alguien con solo verlo por primera vez, mi timidez no me permite levantar tanto la mirada y mucho menos apreciar con tanta vehemencia una creación
artesanal de carne y huesos. Entre permiso que aquí me bajo, y uno que otro empujón,
caminen hacia atrás, y el constante movimiento quedaron cerca de mí. Esta vez pude ver cuán
hermosa era su sonrisa, quería oír su voz, buscar un tema de conversación que me diera
fuerzas para hasta pedir su número de teléfono; me inventaba historias en mi cabeza
mientras mis ojos no dejaban de mirarlo. ¿Qué hago? ¿Còmo me acerco y le habló? ¿Se fijará en mi si le habló? Mil interrogantes hacían de mi cerebro un centellar de emociones.¡Fuerza!
¡ Animo! Me susurraba la voz en mi cabeza. Uno de sus compañeros notó que lo observaba
como el niño pequeño que no tiene dinero y babea detrás del cristal de una vitrina por un
caramelo. Bajé la mirada, ahora más tímida que nunca, quería desaparecer, sentí en mí cara un
vapor que no tenía que ver con la calor o el poco espacio, estoy segura me había sonrojado.
Cuando vuelvo a levantar la mirada uno de ellos reía como hiena desbocada, mientras él y el
otro hacían algunos comentarios y después miraban de forma muy precavida con el rabillo del
ojo. Me quedé por un momento mirándolo fijamente, cuando escucho que se refiere a la
anciana: abuelita puede aguantarse de mí, no quiero que vaya a caer. ¡Dios! Esa voz era como
el susurro de la brisa mañanera acompañada de una pequeña sinfonía de violines. Combatía
ferozmente con mi yo interior, quería hablarle, quería pedirle su número de teléfono, para
mantenerme en contacto, quería, quería… Me preguntaba si había notado cuanto me llamó la
atención porque el no tomó la iniciativa de acercarse a platicar conmigo, ¿será que no le gustó
que lo haya hecho?, ¿será que no llamé su atención? Con las piernas temblorosas me dispuse
acercarme, tenía que ser valiente alguna vez, así decidí encarar y me dispuse hablarle después
de tanto batallar conmigo misma. ¡Hola! Dije casi sin respirar, entre dientes y con la cabeza
baja, ¡Hoolaa! Me respondió la anciana con una voz dulce pero afectada por el transcurso de
los años. Mire alrededor como quien se ahoga y busca encarecidamente salvarse, ¿ Donde
está?¿Donde fuiste?. No había percibido que ya había llegado a su destino, quise quedarme
también pero solo insistí en un torrente de miradas como quien quiere devorar algo que
desea, se volteó, me sonrió, realizó un ademán con su cabeza como muestra de que también
tenía deseo de haberse acercado y prosiguió su camino. En serio quise quedarme, hablarle,
pero después de esa mirada mis piernas quedaron selladas como columnas de concreto, y cuando la guagua retorno a su ruta el transitar me hizo perderlo de vista. Me regañé una y mil veces, mientras seguí hasta mi destino, en varias otras ocasiones hice el mismo recorrido para
si podía volverlo a ver, pero como dicen los sabios, las oportunidades de la vida son pocas y hay que aferrarse a ellas cuando las tienes y no dejarlas
escapar. Aún cuando monto en ómnibus tengo la sensación de que lo volveré a ver, pero nunca más he vuelto a tropezar con su mirada.

L.M.Ramírez

Recomendado2 recomendaciones

Publicaciones relacionadas

1 Comentario
Ver comentarios más antiguos
Ver comentarios más recientes Ver comentarios más votados
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Yoander
7 meses atrás

Es increíble como sabes encantar con una historia sin final feliz. Sigue así, escribiendo para disfrutar cada letra

¡Descubre los increíbles beneficios de esta valiosa comunidad!

Lector

Escritor

Anunciante