Bajo el techo de la montaña, su albergue antiguo y fuerte,
donde el viento no alcanza, donde el miedo encuentra muerte;
Allí el hombre encuentra su cobijo en la tierra fría,
sintiendo el calor de la roca, en su seno tan grata.
El árbol anciano ofrece su abrigo de ramas densas,
donde los pájaros construyen sus nidos con firmeza;
Y el templo de piedra, sagrado asilo de fe,
recibe a los afligidos, les da paz y serenidad.
En los brazos de la familia vive la protección verdadera,
un lazo que no se rompe, aunque el mundo se haga amarga;
El río lleva consigo su resguardo de aguas claras,
limpiando heridas de alma, borrando penas y llagas.
El zorro busca su guarida entre las raíces oscuras,
donde guarda sus tesoros, donde duerme seguro y a salvo;
El niño encuentra su escondite en el armario viejo,
jugando a ser invisible, en su rincón tan lejano.
Y cuando el cielo se rompe y el dolor es inmenso,
la esperanza es nuestro amparo, nuestro faro en la distancia;
Todo esto es refugio, en su forma o su esencia,
lugar donde el ser encuentra su propia existencia.


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