Principios de la literatura mesoamericana.

Una de las características fundamentales de la humanidad ha sido la transmisión de conocimientos a las generaciones posteriores, lo que permite que cada cultura forme una visión particular del mundo y construya sus propias bases culturales. La forma más antigua y básica de transmisión ha sido la tradición oral. A través de mitos, cantos religiosos y narraciones, las sociedades preservaban su historia mediante la memorización, tarea asumida por algunos miembros que tenían la responsabilidad de perpetuar estos relatos y luego transmitirlos a los jóvenes.

Sin embargo, en determinadas circunstancias, la tradición oral resultaba insuficiente para la conservación y difusión del conocimiento, lo que llevó a la creación de un lenguaje gráfico. Este proceso comenzó con las pinturas rupestres o petrograbados que complementaban la narrativa oral, sirviendo como soporte visual de las historias de cada pueblo. A medida que las sociedades evolucionaron, se desarrollaron formas más complejas de comunicación gráfica, como los sistemas pictográficos, hasta llegar a una cultura escrita, que marcó un nuevo hito en la preservación del conocimiento humano.

En el caso mesoamericano, los primeros registros pictográficos datan aproximadamente del año 1000 a.C., consistiendo en imágenes que representaban acciones. No obstante, hacia el 500 a.C., se observa una evolución en estos sistemas al asociarse los dibujos con la fonética del idioma, especialmente en la cultura maya. Paralelamente, otras culturas como los olmecas, zapotecos y teotihuacanos empezaron a dejar registros visuales de las acciones de sus clases gobernantes, plasmados en pinturas murales y estelas.

Además de estos registros públicos, surgieron los códices, documentos que permitían conservar información de manera más exclusiva. Estos códices se elaboraban en soportes como pieles de venado o en papel fabricado con la corteza del árbol de amate, que se trataba con cal para poder escribir sobre él. Así, estas culturas crearon una forma sofisticada de preservar y transmitir conocimientos a través de múltiples medios visuales y escritos.

Se tiene constancia de la existencia de códices desde el período Preclásico, apoyada por algunos restos y representaciones en pinturas, pero la naturaleza perecedera de los materiales y las condiciones climáticas tropicales han impedido la conservación de códices antiguos. Los únicos que han sobrevivido corresponden a los últimos 500 años, salvándose de la destrucción durante la conquista española. Entre estos códices destacan los pertenecientes a las culturas mixteca, maya, al complejo Mixteca-Puebla y los mexicas, los cuales documentan historias dinásticas, registros calendáricos, relatos mitológicos y tributos provinciales.

El acceso a los códices estaba restringido, siendo exclusivos para la clase gobernante y religiosa. Estos documentos se colocaban en los patios de los palacios, y un especialista se encargaba de leerlos, especialmente a los nobles. Las lecturas se centraban en la legitimación del poder y en narraciones mitológicas, sirviendo los códices como base para la memorización de estos relatos. Así, los códices funcionaban tanto como un registro visual de información como una herramienta de refuerzo para la tradición oral de las élites.

Parte de la tradición oral en Mesoamérica incluyó la lírica, de la cual no se ha encontrado evidencia de que haya sido plasmada en lenguaje escrito. Los ejemplos que han llegado hasta nosotros fueron registrados por cronistas españoles, quienes transcribieron cánticos religiosos indígenas y poemas que expresaban los sentimientos de sus autores. Gracias a estos registros, podemos conocer los difrasismos y el lenguaje metafórico usados por los nahuas del siglo XVI, cuyo estilo pasó a influir en las ceremonias católicas. Esto despertó el interés de los religiosos, quienes se esforzaron por comprender el significado de estos cantos. Sus escritos nos transmiten mensajes que han facilitado la interpretación de parte del lenguaje pictográfico indígena.

No se conoce mucho sobre los autores de estos cantos, y muchos permanecen en el anonimato. Sin embargo, algunos textos se han atribuido a miembros de la nobleza indígena. Entre los temas más destacados están los cánticos guerreros, que tenían la función de animar a las personas a combatir sin temor, asegurándoles una gran recompensa en el más allá.

Gracias a la obra de Bernardino de Sahagún, conocemos algunas de las enseñanzas impartidas en el calmécac, la escuela a la que asistían los hijos de la nobleza. Sahagún menciona que la retórica era una de las materias más importantes, utilizada para convencer a la mayoría de pagar tributos. Los gobiernos solían presentar una imagen lastimera para conmover a sus súbditos y así lograr que accedieran de buena gana a realizar sus aportaciones.

Además, la retórica también era fundamental en las enseñanzas sobre cómo debían llevar sus vidas. Se utilizaba para amonestar las conductas inapropiadas y para persuadir a los estudiantes a seguir un camino recto y virtuoso. Esta formación no solo tenía un impacto en la vida individual, sino que también buscaba fortalecer la cohesión social y el orden dentro de la comunidad.

El lenguaje de doble sentido era muy característico del náhuatl, donde se recurría a refranes para expresar diversos aspectos de la vida cotidiana. En una cultura que valoraba la discreción y el silencio, el uso de metáforas permitía abordar situaciones de manera indirecta. Las formas de saludar y comunicar ideas estaban repletas de formalismos, con el fin de agasajar a través de elogios y reverencias para evitar ofender. Por el contrario, cuando se utilizaban insultos, estos mostraban una notable riqueza en las referencias empleadas para denostar.

La llegada de los españoles marcó una transformación en la forma de narrar pensamientos. Aparte de utilizar el lenguaje pictográfico autóctono, los indígenas comenzaron a emplear la escritura latina para plasmar sus ideas y el significado de sus dibujos. A medida que la cultura indígena mantuvo el contacto con el catolicismo, se produjo una mezcla con conceptos occidentales. Sin embargo, lograron conservar la originalidad con la que habían manejado su lenguaje y expresiones desde el surgimiento de la civilización mesoamericana.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Pablo Escalante Gonzalbo y Erick Velásquez García. Oralidad, pictografía y escritura de los pueblos indígenas, del libro Historia Ilustrada de México: Literatura.

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Imagen: Códice Nutall, cultura Mixteca, Posclásico Temprano. Fuente: https://mxcity.mx/2018/12/la-impresionante-pictografia-de-los-codices-mixtecos/

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