Por primera vez…

Se me queda mirando como quién se extraña de que realmente este sucediendo, como si no creyera que estaba frente a él, el brillo de su mirada era como el fuego de un incendio que arrazaba, sus labios dejaban entre ver una pequeña sonrisa, pero no una de felicidad, sino una sonrisa como pequeño diablito travieso. Se acercó para besarme, sus manos sobre mí rostro suaves pero decididas por si quería escapar. Su boca roza lento mis labios, una pequeña mordida me hace estremecer, me desarma, es como si hubiese una muralla y acabara de caer. El beso fue más que eso, más que deseo, más que placer, tocar su boca fue como caer en el océano y varias olas te revuelcan, pero a la vez solo estabas en la orilla de la playa mientras cae la tarde. Poco a poco desliza sus labios por el cuello, siento como arde el volcán que poco a poco comienza a despertar dentro de mi, mientras la laba de su boca provocaba un incendio sobre mí pecho y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, con la fuerza de un animal salvaje que ataca y deja inmóvil a su presa. Esas manos llenas de lujuria desbordada, que en su tránsito despiadado dentro de mis muslos comienzan a hacer daño, no de dolor sino de placer que enciende el alma, daño del que enloquece la razón, del que crea un volcán y espera verlo explotar. Con su boca recorre mi pecho como quién saborea los pecados de la piel, como si los deseos oscuros te hicieran transitar el umbral de la demencia, y a la vez son besos suaves como poemas escritos sobre la piel. Baja lentamente su boca hasta donde el volcán comienza a desbordar su lava, su fuego, es como si se detuviera el tiempo sobre los besos que derraman la locura de tu sexo. Ahí sentí tus deseos, tus ganas, tu lujuria loca y desenfrenada sobre saborear un manjar exótico, sentí tu sed de mí, como el errante que profana un templo sin la menor precaución y con la vengativa desicion de perpetrar sus fantasías más oscuras. La habitación deja la quietud para convertirse en lugar que disfruta mis gemidos, que me ve vulnerable ante una lengua que no para de saborear mis entrepiernas y hacer del momento mi mas altiva rendición. Mientras la punta de su lengua juega con mis labios, sus dedos drenan la lava interna y derraman el éxtasis que produce mi mas loca pasión. Tus dedos no penetraron solo el cuerpo, me follaban la mente más allá de los límites del que podría existir. Todo llegó al punto que su experiencia hizo explotar el volcán y la lava recorre su mano, mientras una pequeña sonrisa se esboza en mi rostro, a la vez que el cuerpo extasiado de placer sucumbe ante tus tácticas de provocar placer. Tus labios también levemente tocados por la lava de mi sexo, sonríen como quien llega a la cima soñada, y tú, con tu carita de ángel irradiando el disfrute de un momento único. 

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