Por Edgar Rodríguez cruz. Colaboración con quira medios, en la ciudad de Bogotá.
Nos encontramos en una coyuntura histórica trascendental, tiempos de elección binaria entre
opciones disimiles e irreconciliables hasta el punto del exterminio o la regeneración.
Las sociedades debemos elegir entre encaminar la humanidad y el planeta hacia un futuro distópico que nos lleve al escenario apocalíptico de una película Ciberpunk donde no quede un solo árbol vivo, todos los ríos estén secos y la sociedad gire entorno a la guerra o blade runner de 1982 donde la corporación tyrell controla el planeta y no queda comida o, su antípoda utópica y optimista de film Solarpunk con un futuro sostenible, en armonía con la naturaleza, con una institucionalidad enfocada en la protección de los derechos, las relaciones
comunitarias y la libertad.
La anterior sentencia, más realista que fatalista, se fundamenta en la actual alteración ecosistémica que experimenta el planeta resultado de siglos de modelos de producción depredadores, exclavizantes y consumistas que insaciables han
ocasionado la desaparición de culturas, especies animales y vegetales en todos los continentes, han hecho del planeta un basurero mundial alcanzando niveles dramáticos de contaminación, modificado el ciclo del Agua y el clima a raíz de la tala brutal de bosques, actitudes suicidas y estúpidas que llevándonos a un punto de no retorno denotan la crisis civilizatoria en que nos encontramos.
Teniendo como base la argumentación evidente e irrefutable que da la razón, fundamentar todas y cada una de nuestras decisiones en procura de
fomentar el establecimiento en la inmediatez del mejor futuro posible para las nuevas generaciones.
A través de esta perspectiva, podemos analizar las características del Agua no solo desde un enfoque científico, sino también desde una visión holística que integra su importancia ecológica, simbólica y energética.
En primer lugar, el Agua es un elemento esencial para la vida. Devereux, al igual que otros pensadores que han abordado la hipótesis de Gaia, propone que la tierra es un organismo vivo en el que todos sus componentes están
interrelacionados.
El Agua, en este sentido, actúa como el fluido vital que conecta y nutre a todos los seres vivos. Su capacidad para disolver sustancias, integrar componentes, transportar nutrientes y regular la temperatura del planeta la convierte en un agente clave para mantener el equilibrio ecológico y generar multiplicidad de procesos como la fotosíntesis, ciclos biogeoquímicos y el clima, solo por citar algunos.
Sin Agua no habría ni vida tal como la conocemos. Otra característica destacada del Agua es su capacidad para almacenar y transmitir información.
Los autores mencionan en su libro investigaciones que sugieren que el Agua tiene una “memoria” o una capacidad para retener impresiones
de las sustancias con las que entra en contacto.
Aunque este concepto ha sido objeto de debate en la comunidad científica, abre la puerta a una comprensión más profunda del Agua como un medio dinámico y receptivo.
Esta idea también se conecta con las tradiciones espirituales y culturales ancestrales de todo el
mundo que han venerado al Agua como un elemento purificador y portador de sabiduría, tal como se transmite en las cosmovisiones originarias del Abya Yala.
Ríos, manantiales, lagos, lagunas y océanos son
entendidos y experimentados como lugares sagrados, donde los seres humanos pueden
conectarse con las fuerzas sublimes de la Tierra, energías y sabiduría de bosques y montañas, incluso entrar en estados alterados de conocimiento paralelo.
Esta perspectiva resalta la importancia de respetar y proteger los cuerpos de Agua, no solo por ser fundamentales para la cotidianidad del humano,
sino también por su valor intrínseco como parte de la red de vida del planeta.
La Tierra es un sistema complejo e integrado en el que cada parte tiene consecuencias en el todo, demostrando la característica de interdependencia vital de todos los seres vivos.
La contaminación del Agua, por ejemplo, no solo
afecta a los ecosistemas acuáticos, sino que también tiene repercusiones en la
salud humana, el clima y la biodiversidad.
Por lo tanto, cuidar el Agua es cuidar de nosotros mismos y de las generaciones futuras.
El Agua es mucho más que un compuesto químico o un factor necesario para la elaboración
de productos para vender en el mercado, es un elemento vital, simbólico y energético que sostiene la vida en la Tierra.
Gracias a “Gaia, El Planeta inteligente”, podemos apreciar su papel central en el equilibrio del planeta y reflexionar sobre nuestra responsabilidad de protegerla.
El Agua nos conecta, nos nutre y nos recuerda que somos parte de un todo interconectado, en un mundo donde los recursos hídricos están cada vez más amenazados, por lo que es
crucial recordar que el cuidado del Agua es, en última instancia, el cuidado de
la vida misma.
Finalizamos retomando la pregunta: ¿qué es lo mejor para SU FUTURO PERSONAL, talar los arboles o conservarlos, cuidar el Agua o contaminarla, buscarle soluciones a la alteración climática o prevenirla?
Su respuesta, actitud y acciones cotidianas
definirán el camino que la humanidad recorrerá y el escenario Ciberpunk o Solarpunk al cual nos llevará.
Édgar rodríguez Cruz
Integrante de Terra Nova, grupo de investigación en cultura, comunicación y desarrollo de la Fundación SocioCultural Quira.


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