Mi ex quiere sacarme mis hijas 

—¿Cómo puedes hacerme esto? ¡Son mis hijas! —grité, sintiendo cómo mi voz se quebraba al mismo tiempo que mi mundo.


Del otro lado de la sala, Daniel, mi esposo —o mejor dicho, mi verdugo—, permanecía impasible, con los brazos cruzados y una sonrisa helada en los labios.


—No tienes nada que hacer, Ángela. Los documentos están firmados, las pruebas son irrefutables, y pronto estarás donde perteneces: lejos de mis hijas y de mí.


El dolor atravesó mi pecho como una daga. “Mis hijas”, pensé. Eran lo único que me quedaba, lo único que me daba fuerzas para levantarme cada día. Pero ahí estaba él, con su dinero, su influencia y su corazón de piedra, decidido a destruirme.


—No te saldrás con la tuya —susurré, mi voz cargada de rabia y desesperación—. No pienso rendirme, Daniel.


Él soltó una carcajada seca y se acercó, inclinándose hacia mí. Podía sentir su aliento a escasos centímetros de mi rostro.


—¿Rendirte? No necesitas hacerlo, Ángela. Yo ya gané. Y cuando salgas de la cárcel, si es que alguna vez lo haces, ellas ni siquiera recordarán tu nombre.


Mi corazón latía con fuerza, pero no era miedo lo que sentía. Era rabia. Rabia por sus mentiras, por su manipulación. Y por primera vez en meses, sentí algo más que dolor: determinación.


No iba a permitir que me arrebataran lo único que me quedaba.


¿Les gustaría continuar?..

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