Uno de los representantes de este pensamiento, y quien jugaría un papel controvertido en la historia, fue el clérigo Manuel Abad y Queipo. Asturiano, nacido en 1751 y avecindado en la Nueva España desde 1784, fue testigo de cómo las imposiciones fiscales de la corona deterioraban las condiciones de vida de los novohispanos.
Mostró una postura en contra de medidas como la consolidación de Vales Reales de 1804 o las que pretendió aplicar la Junta de Sevilla en 1809, siendo uno de los principales impulsores de la necesidad de un cambio en las relaciones entre las posesiones americanas y la metrópoli, aunque siempre guardando lealtad al rey.
Durante muchos años, sirvió como funcionario eclesiástico en el Obispado de Michoacán, ganándose la fama de ser un miembro muy competente en los diferentes cargos que ocupó. Su carrera lo encumbró para ser elegido obispo el 22 de mayo de 1810, pero debido a los conflictos posteriores, no recibiría la bula papal que confirmaría su nombramiento.
En sus 20 años como servidor público, Manuel Abad y Queipo tuvo la oportunidad de conocer tanto la administración de la Iglesia como el gobierno virreinal de Michoacán y otras intendencias. Esto le permitió tener una visión amplia de los problemas que enfrentaba la Nueva España, formando parte de un grupo selecto de clérigos muy críticos respecto a cómo se administraban los recursos.
Entre sus propuestas, destacaba la abolición del sistema de alcabalas, que frenaba el comercio interno al imponer un constante pago de impuestos por cada intendencia que atravesaban las mercancías. Abad y Queipo era partidario del libre comercio y de la reducción de la carga fiscal para comerciantes y labradores de Valladolid, quienes en ese momento pagaban el 10% de sus ganancias en impuestos.
Aunque apoyaba el mantenimiento de las prerrogativas de los miembros de la Iglesia, consideraba que el papel del rey y del Estado debía estar por encima de las autoridades eclesiásticas. Para él, era necesario que la toma de decisiones sobre asuntos sociales recayera en el Estado, aunque sin menospreciar el trabajo de la Iglesia.
El pensamiento político de Manuel Abad y Queipo planteaba una crítica a las desigualdades sociales existentes en el virreinato. Observaba cómo la división entre criollos, mestizos e indios había otorgado diferentes prerrogativas en función de los servicios que prestaban. Sin embargo, en los últimos años, los criollos se habían estado apropiando de tierras, lo que generaba resentimientos entre las otras castas.
Para Abad y Queipo, la Iglesia debía jugar un papel clave como nexo entre las distintas castas, tanto en su dimensión espiritual como en el mantenimiento del orden virreinal. Este papel era fundamental para preservar los derechos y privilegios de cada sector social. Por ello, era partidario de mantener los privilegios del clero, al considerarlo un elemento cohesionador entre las diferentes clases sociales de los territorios novohispanos, otorgándole la misma importancia que a la monarquía.
Una de las propuestas de Manuel Abad y Queipo para mantener la división social sin caer en perjuicios era la asignación de funciones económicas específicas a cada casta. De esta manera, cada grupo tendría un papel definido en la sociedad, minimizando el riesgo de abusos entre ellos. Esta propuesta lo posicionó como uno de los primeros partidarios del utilitarismo.
Cada sector social debía comprometerse a progresar para asegurar la estabilidad de la sociedad. Abad y Queipo veía la inversión continua como la solución al estancamiento económico, mientras que consideraba el ahorro como algo fortuito y no como un objetivo principal.
Criticaba los monopolios otorgados por la corona, considerándolos un freno al desarrollo económico. Argumentaba que estos monopolios restringían la variedad de productos disponibles y aumentaban los impuestos. Atribuía estos problemas al desconocimiento en la península de la realidad americana y a cómo las medidas adoptadas estaban deteriorando el equilibrio que se había mantenido en las colonias.
Otro de los problemas que Manuel Abad y Queipo identificaba en la economía novohispana era el monetario. Observaba que existía una alta demanda de préstamos y una plena confianza entre acreedores, como la Iglesia, y los deudores. Sin embargo, el déficit comercial y el peso de los impuestos limitaban la capacidad para solventar las necesidades de efectivo. Esto debilitaba la posición socioeconómica y social de los individuos, y formaba parte de su crítica a las medidas implementadas en 1804.
Abad y Queipo proponía una alternativa que buscaba adaptar el modelo del “antiguo régimen” a las necesidades modernas. Su propuesta mantenía las mismas estructuras sociales, pero les asignaba un nuevo rol en el ámbito económico. Consideraba que los dictados de Madrid no podían contemplar adecuadamente las necesidades de los reinos de Indias, lo que estaba generando el deterioro del orden y, en última instancia, conduciendo a las insurgencias.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura
Federico Flores Pérez
Bibliografía: Pablo F. Luna. Sociedad, reforma y propiedad: el liberalismo de Manuel Abad y Queipo, fines del siglo XVIII-comienzos del siglo XIX, revista Secuencia no. 52
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Imagen:
Izquierda: Anónimo. Mapa del Obispado de Michoacan, 1801.
Derecha: S/D. Retrato de Manuel Abad y Queipo.



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