Las pautas a seguir durante esta primera etapa de la colonización española, emprendida tanto en las Canarias como en el Caribe por Cristóbal Colón, consistían en el establecimiento de una sede de gobierno, el adiestramiento de los indígenas, su conversión al catolicismo y su aculturación, un proceso aprendido durante la Reconquista.
Esto se debió a las limitadas condiciones que encontraron en las islas del Caribe para implementar un sistema mercantilista. Como las sociedades indígenas no utilizaban el oro como principal medio de transacción, el comercio con ellas pasó a ser secundario. En consecuencia, para acceder a los escasos yacimientos de metales preciosos en las islas, era necesario someter a la población.
Otro factor que impulsó a los españoles en su carrera colonialista fue el descubrimiento de que los habitantes de las Indias no habían tenido contacto previo con el cristianismo. Sumado a la efervescencia religiosa que había acompañado la lucha contra los musulmanes, esto llevó a los Reyes Católicos a asumir el compromiso de evangelizarlos. Así, lograron el reconocimiento de la Santa Sede sobre sus nuevas posesiones, estableciendo que los indígenas no podían ser esclavizados de iure y debían ser incorporados como vasallos.
A los pocos años, la situación en el Caribe se volvió adversa. Por un lado, la falta de grandes yacimientos de oro provocó la decepción de los españoles. Por otro, la interacción con los taínos derivó en abusos del sistema de vasallaje, obligándolos a realizar trabajos forzados, mientras que las enfermedades terminaron por diezmar a la población indígena.
El golpe de suerte para los españoles llegó con el éxito de la campaña de Hernán Cortés, quien logró derrocar al estado mexica y establecer un reino mucho más rico de lo que se esperaba. Esto desató una ola de incursiones sobre lo que hoy es Tierra Firme.
Gracias a ello, Castilla pudo solucionar varios problemas. Por un lado, permitió ocupar a la baja nobleza que había quedado desocupada tras la derrota de los musulmanes en la península, ofreciéndoles la oportunidad de partir en busca de las riquezas que anhelaban. Por otro, brindó a esta primera generación de conquistadores la posibilidad de obtener beneficios a través de la evangelización, implementando el sistema de encomiendas, donde los indígenas pagaban el trabajo de prédica con el vasallaje, además de facilitar el proceso de poblamiento de las nuevas tierras.
Con el paso del tiempo, los nuevos colonos dejaron de encontrar las riquezas fáciles que habían llegado a sus oídos. Las minas ya tenían dueño y el trabajo indígena estaba siendo monitoreado por las órdenes mendicantes debido a los excesos cometidos. Ante esta situación, tuvieron que ingeniárselas para salir adelante, ya fuera practicando sus oficios o dedicándose a la explotación de los recursos locales.
Esta nueva forma de afrontar la realidad fue ampliamente divulgada en la península, donde se promovía la imagen de empresarios españoles prosperando en las Indias con el objetivo de incentivar la migración.
Por otro lado, la Corona necesitaba regular las riquezas y el poder que se estaban acumulando en ultramar. Para disputar la influencia de los conquistadores y evitar el surgimiento de estados feudales, utilizó el compromiso de las Bulas Alejandrinas, que establecían el deber de proteger a los indígenas. De esta manera, cooptó el poder de los conquistadores y sus descendientes, asegurando que las autoridades reales se mantuvieran por encima de los colonos.
Así, la Corona se encargó de reordenar la relación entre españoles e indígenas, fungiendo como intermediaria y redistribuyendo las obligaciones laborales de los indígenas hacia los españoles. De paso, obtenía beneficios a través de los impuestos cobrados, recursos que resultaron fundamentales para consolidar a España como la potencia dominante en Europa. Primero, con Carlos I, al conseguir el trono del Sacro Imperio Romano Germánico y convertirse en Carlos V, y después, para mantener su hegemonía sobre sus rivales, siendo clave la explotación de los recursos extraídos de los reinos de Indias.
Desde que llegaron las primeras referencias sobre las campañas españolas en América, Inglaterra intentó imitar su modelo para emular sus hazañas. Sin embargo, una serie de circunstancias impidieron que lograra ser una copia de sus rivales españoles y, en su lugar, desarrolló características propias.
El contexto británico llevó a Inglaterra a consolidarse como la potencia dominante en las islas, enfrentándose a sus rivales, en este caso, Gales y Escocia. Aunque Escocia logró sacudirse el dominio inglés y consolidarse como un reino independiente, Gales sucumbió ante la presión inglesa y fue incorporado a su corona en 1536.
Uno de los mayores desafíos que enfrentaron los ingleses fue la conquista de Irlanda, una nación de raíz céltica cuyas diferencias con Inglaterra se agudizaron con la ruptura de Enrique VIII con la Iglesia católica. La influencia del catolicismo era muy fuerte en la sociedad irlandesa, y los ingleses no estaban dispuestos a permitir que lo siguieran manteniendo.
Tanto durante los reinados de Enrique VIII como de su hija Isabel, los ingleses se vieron enfrascados en una campaña de conquista y colonización de Irlanda, lo que desvió buena parte de los esfuerzos que podrían haber sido utilizados para un mayor establecimiento en América.
España había atravesado un proceso similar con la larga guerra contra los estados musulmanes en la península. Castilla repobló los territorios “reconquistados” con campesinos y artesanos para ocupar los espacios que quedaron vacíos tras el repliegue musulmán. Una vez consolidada su posición frente a sus enemigos históricos, tomó el ejemplo de su vecino portugués para emprender la aventura del comercio ultramarino. Dado que el comercio mediterráneo quedó en manos de los genoveses, los castellanos optaron por expandirse en el Atlántico, lo que los llevó a disputar ese espacio con los portugueses y a establecer su primer bastión con la conquista de las Islas Canarias entre 1478 y 1493.
Los portugueses, en cambio, enfrentaron el problema de no contar con suficientes recursos humanos para llevar a cabo campañas de conquista. Por ello, tuvieron que conformarse con establecer factorías y fortalezas en la costa africana y asiática, logrando colonizar únicamente las islas de Madeira y Azores. Brasil, aunque posteriormente se convirtió en una colonia portuguesa, solo lo fue de manera tardía y tras la amenaza de colonización francesa en la zona.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: John Elliot. Imperios del Mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830).
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Imagen: Jose Garnelo y Alda. Primer homenaje a Colon. 1892



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