La historia de los neandertales comienza en 1856, cuando se descubrió un esqueleto humano con características inusuales en la cueva de Feldhofer, situada en el valle de Neander, cerca de Düsseldorf, Alemania. El geólogo William King fue quien estudió estos restos y bautizó a la especie como Homo neanderthalensis, o «el hombre de Neandertal». Este hallazgo coincidía con otros restos previamente encontrados en Engis, Bélgica, y en la cantera de Gibraltar, que inicialmente se habían considerado pertenecientes a personas con malformaciones.
En esa época, la teoría de la evolución estaba ganando popularidad, y los primeros investigadores pensaron que estos restos podían pertenecer al «eslabón perdido», una especie transicional entre los simios y los seres humanos. Influenciados por ideas supremacistas muy extendidas en el siglo XIX, las primeras representaciones artísticas de los neandertales los mostraban con rasgos simiescos y toscos, distanciándolos del ser humano moderno. Sin embargo, con el tiempo y el avance de la paleontología, estas percepciones han sido superadas. Gracias al descubrimiento continuo de restos y evidencias materiales, hoy sabemos que los neandertales, al igual que el Homo sapiens, desarrollaron pensamiento abstracto y, por ende, manifestaciones culturales, lo que indica que su evolución se dio de manera paralela.
A lo largo del tiempo, diferentes especies homínidas comenzaron a dispersarse desde África hacia el continente euroasiático, aprovechando los puentes de tierra formados en diversas épocas. Sin embargo, las duras condiciones climáticas gélidas dificultaron el establecimiento de poblaciones permanentes. Fue hasta la aparición del Homo rhodesiensis que se logró una expansión más exitosa hacia el norte. Esta especie dio origen al Homo heidelbergensis hace aproximadamente 500,000 años, cuyos restos se han encontrado en sitios como la Sierra de Atapuerca en España, Mauer en Alemania, Petralona en Grecia y Arago en Francia.
Estudios genéticos han demostrado una relación directa entre el Homo heidelbergensis y los neandertales. Se cree que las poblaciones de Homo heidelbergensis se expandieron hacia el noroeste a través de Asia, siguiendo las rutas de grandes manadas de ungulados como caballos, bisontes y ciervos, a los cuales podían cazar gracias al desarrollo de la tecnología achelense, caracterizada por herramientas líticas avanzadas.
Aunque aún no se conocen con certeza las técnicas específicas de caza utilizadas por estas poblaciones, se presume que su éxito en la captura de grandes mamíferos implicaba una organización social compleja. En cuanto al uso del fuego, las evidencias disponibles hasta el momento no son concluyentes para afirmar que lo utilizaran de manera regular en su vida cotidiana, lo que sigue siendo un tema en investigación.
Uno de los hallazgos más reveladores se encuentra en la Sima de los Huesos, en Atapuerca, donde se descubrieron los restos de 28 individuos, entre adolescentes y adultos, que vivieron hace aproximadamente 400,000 años. Este sitio es notable porque los cuerpos parecen haber sido llevados intencionadamente a ese lugar, posiblemente considerado sagrado, lo que sugiere un nivel avanzado de pensamiento simbólico. Además, se encontraron señales de canibalismo ritual, ya que no hay evidencias de desnutrición o enfermedades que explicaran la necesidad de este acto, la presencia de restos de otros animales que fueron consumidos, lo que sugiere que pudo realizarse por razones ceremoniales o rituales.
Las evidencias indican que hace entre 400,000 y 350,000 años se produjo un periodo gélido que aisló a las poblaciones de Homo heidelbergensis, lo que llevó a su especialización en diferentes entornos. Este proceso de aislamiento y adaptación dio lugar a la aparición de los neandertales, quienes se diferenciaron de sus ancestros con una estatura menor (de 1.80 m a 1.65 m en promedio), cuerpos más robustos, y rasgos faciales más prominentes.
En cuanto a los avances tecnológicos, se observa una transición del periodo achelense al musteriense, caracterizada por la producción de herramientas más especializadas, como puntas de lanza, raspadores para trabajar pieles y utensilios para manipular carne y madera. Uno de los logros más importantes de los neandertales fue la domesticación del fuego, hace aproximadamente 250,000 años. El uso regular del fuego no solo permitió la cocción de alimentos, sino que también se convirtió en un elemento central para sus actividades cotidianas y su adaptación al entorno frío.
El uso del fuego marcó un avance crucial para los neandertales, mejorando significativamente su dieta al permitirles extraer más nutrientes de la carne y aumentar el consumo de plantas. Un ejemplo notable es el hallazgo en la cueva de El Sidrón, en Asturias, donde se encontró evidencia de que los neandertales utilizaban plantas no solo como alimento, sino también con fines medicinales. Este desarrollo tecnológico y dietético contribuyó a su auge hace unos 100,000 años, cuando alcanzaron su máxima expansión, extendiéndose por Europa, Medio Oriente, Asia Central (donde se relacionan con los denisovanos) e, incluso, es posible que llegaran hasta las costas del Pacífico.
A lo largo de estos territorios, las evidencias sugieren que los neandertales poseían un pensamiento complejo, reflejado en su tratamiento de los muertos. Se han encontrado cuerpos dispuestos en posición fetal en oquedades naturales o fosas excavadas, a menudo acompañados de posibles ofrendas de plantas y animales. En algunos casos, se ha identificado canibalismo ritual, lo que refuerza la hipótesis de que estos actos tenían un significado más allá de la mera supervivencia.
Uno de los hallazgos más sorprendentes es la cueva de Bruniquel, en Francia, donde se han encontrado indicios de lo que podría ser la primera construcción humana, datada en 176,500 años. Este sitio sugiere un nivel de organización social y habilidades técnicas avanzadas para la época. Además, algunos investigadores consideran que los primeros contactos entre neandertales y Homo sapiens podrían haber facilitado un intercambio de conocimientos, contribuyendo a los avances culturales y tecnológicos de los neandertales.
Los primeros contactos entre neandertales y Homo sapiens probablemente ocurrieron entre 100,000 y 60,000 años atrás en la región del Medio Oriente. Esto se confirma por el alto componente de herencia genética neandertal presente en las poblaciones humanas modernas de esa área, lo que indica que allí ocurrió el mestizaje entre ambas especies. Sin embargo, entre 45,000 y 33,000 años atrás, se produjo el declive de los neandertales, cuyas causas exactas siguen siendo un misterio. Muchos investigadores sugieren que este proceso estuvo relacionado con un cambio climático hacia un periodo de calentamiento, lo que alteró el entorno al que los neandertales estaban adaptados.
Durante esta fase de declive, los neandertales desarrollaron la cultura chatelperroniense, que muestra un refinamiento notable en sus herramientas y un mayor uso de elementos decorativos y cosméticos, como conchas perforadas, plumas de aves y garras de rapaces. Estas innovaciones sugieren una respuesta a las nuevas condiciones ambientales y la competencia con otras especies.
Curiosamente, las poblaciones neandertales europeas no convivieron directamente con los Homo sapiens, ya que quedaron relegadas a zonas aisladas y remotas. Esto sucedió en lugares como las cuevas de Gorham y Vanguard en Gibraltar, donde se han encontrado restos que datan de entre 40,000 y 33,000 años atrás, lo que sugiere que los últimos neandertales sobrevivieron allí. Sin embargo, las razones exactas de su desaparición siguen siendo objeto de especulación, con teorías que van desde la competencia con los sapiens hasta los cambios climáticos extremos.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Joan Rossell Ardévol. Neandertal, la otra especie humana, de la revista Historia National Geographic no. 155
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Imagen:
Izquierda: S. Entressangle / E. Daynes / SPL / Age Fotostock. Reconstruccion artistica de un neandertal.
Centro: C.R. Knight. Mural de una familia neandertal. 1920.
Derecha: Frantisek Kupka. Hombre de neandertal. 1908.



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