El siglo XVI representó una época de gran desafío marcada por la llegada del dominio español, lo que conllevó la introducción de nuevos productos, migraciones masivas y, sobre todo, la propagación de enfermedades desconocidas que afectaron gravemente a la población indígena. Estas enfermedades, nunca antes encontradas, resultaron en un alto índice de mortalidad, debilitando considerablemente a las comunidades indígenas.
Este contexto hizo que el proceso de colonización estuviera marcado por una serie de acciones coercitivas, que incluyeron la expulsión forzosa de los indígenas de sus tierras ancestrales para ser concentrados en nuevos poblados, la implementación de sistemas tributarios que determinaban sus contribuciones, la redistribución de tierras entre las comunidades y los recién llegados, así como el proceso de evangelización. Estas medidas generaron un profundo descontento social entre las generaciones posteriores a la conquista al presenciar la desaparición de su modo de vida tradicional.
Todo esto contribuyó a que la población indígena se mantuviera en un estado precario y no lograra recuperarse durante mucho tiempo. Sus sistemas inmunológicos tardaron en adaptarse a las nuevas enfermedades, y la llegada de epidemias recurrentes resultaba en una alta mortalidad. Además, su relación con los sistemas de explotación impuestos por los españoles dificultaba aún más su recuperación.
La conquista no puede entenderse como un proceso uniforme, ya que cada región de Mesoamérica presentaba condiciones ecológicas y sociales distintas que obligaron a los españoles a adaptar sus estrategias para lograr el dominio. Esto fue especialmente evidente en lo que respecta a la reacción y propagación de enfermedades, así como en la respuesta de la población local, que variaron en términos de mortalidad.
Un ejemplo de estas diferencias se observa en las regiones costeras, donde el clima tropical propiciaba la virulencia de las enfermedades, resultando en una alta mortalidad y despoblación que persistió incluso generaciones después de la conquista. La presencia constante de enfermedades como la fiebre amarilla o el cólera, junto con la insalubridad de los pocos puertos fundados, dificultó enormemente la recuperación de estas regiones.
Es importante destacar que las regiones cálidas experimentaron cambios significativos a nivel ecológico debido a la introducción de nuevos productos por parte de los españoles. La llegada de cultivos como la palma de coco, el arroz, la caña de azúcar, el tamarindo y la almendra, así como la introducción del ganado, transformó permanentemente su paisaje. Además, las nuevas actividades económicas introducidas por los españoles definieron las condiciones de trabajo en estas regiones.
Todos estos conocimientos sentaron las bases para la expansión del territorio novohispano a través de procesos de colonización, como se observa en el ejemplo mencionado de las costas. En estas áreas, los únicos capaces de resistir la presencia de enfermedades tropicales fueron los afrodescendientes, primero los esclavos y luego su descendencia con españoles e indígenas. Esto condujo a que se convirtieran en los principales habitantes de estas regiones, dedicándose principalmente a la ganadería, la siembra de tabaco y la palma.
Por otro lado, los españoles intentaron establecer un modelo de ciudades hispanas en las Indias, siguiendo el ejemplo de Puebla, que consistía en un centro español con barrios de indígenas en los alrededores. Este modelo tuvo éxito en las ciudades del Bajío, pero no logró replicarse en el septentrión debido a las condiciones particulares de violencia en esa región. El único incentivo válido para la fundación de nuevas poblaciones estaba relacionado con la minería, ya que era la única actividad productiva capaz de generar ingresos significativos para indígenas y mestizos, además de los trabajos habituales. Sin embargo, los reales de minas enfrentaban el problema del agotamiento de sus vetas, lo que llevaba al abandono de muchos de estos pueblos una vez que ya no era posible extraer más metales.
Uno de los problemas endémicos con los que siempre tuvieron que lidiar fue la orografía. Las condiciones montañosas de gran parte del territorio hicieron que el mantenimiento de los caminos fuera extremadamente complicado, lo que resultaba en un traslado muy lento de mercancías y limitaba el transporte a productos no perecederos. Por ejemplo, el viaje desde México a Veracruz tomaba cerca de una semana, con escalas en Xalapa, Orizaba y Puebla. Esta situación se agravaba en el caso de las poblaciones del Occidente y el septentrión. Por ejemplo, Michoacán tardaba dos semanas y media en el viaje, Guadalajara y Zacatecas seis semanas, y Monterrey y Parral ocho o nueve semanas. Todo esto provocaba que el costo de las mercancías aumentara a medida que tenían que ser transportadas, lo que limitaba considerablemente el mercado interno en una población con bajos ingresos.
Durante el periodo virreinal, la Nueva España adoptó una estrategia económica dual para sostener su territorio. Por un lado, las poblaciones del interior se dedicaban principalmente a la producción agropecuaria, garantizando así el suministro de alimentos para las principales poblaciones. Mientras tanto, las regiones exteriores se enfocaban en la minería y la explotación de productos tintoreros como el añil, el palo rosa y la grana cochinilla, destinados principalmente al mercado externo.
Según el censo realizado por el virrey Revillagigedo en 1790, el reino tenía 4,483,529 habitantes, de los cuales solo el 16% residía en áreas urbanas. De estas, la Ciudad de México era el principal destino de las migraciones provinciales, captando la mitad de la población urbana y permitiendo reemplazar a aquellos que fallecían debido a enfermedades. Mientras tanto, el resto del territorio estaba distribuido en poblaciones de menos de 10,000 habitantes.
Una de las reformas llevadas a cabo por los Borbones fue la implementación de políticas sanitarias, que contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de los novohispanos. Medidas como la reubicación de cementerios y la recolección de basura, junto con la primera campaña de inoculación masiva contra la viruela entre 1805 y 1809, fueron pasos importantes en este sentido.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Elsa Malvido. La población, siglos XVI al XX.
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Imagen: Luis Berrueco. Cuadros de castas, finales de siglo XVIII.



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