El limitado bagaje salido de la literatura novohispana del siglo XVIII fue una base suficiente para iniciar la literatura decimonónica, que se alimentó de una rica retórica nacionalista. Esta retórica surgió como consecuencia del marcado interés por conocer la propia tierra y asociarse con las culturas prehispánicas sin perder el legado católico, siendo una forma de marcar diferencia respecto a los peninsulares.
La insalvable diferenciación entre novohispanos y españoles, derivada de la crisis provocada por la invasión napoleónica, provocaría el estallido del movimiento de independencia en 1810. Este movimiento fue secundado por el sector juvenil que tenía acceso a la educación superior disponible en ese momento, así como por el pequeño sector intelectual. Entre las figuras involucradas, tan polémicas como Servando Teresa de Mier, el joven yucateco Andrés Quintana Roo y el periodista Carlos María de Bustamante, hicieron proselitismo político en favor de la insurgencia.
Sin duda, quien más destacó fue Joaquín Fernández de Lizardi, periodista y escritor que supo trasladar el género de la picaresca española al contexto de los últimos años del virreinato. Nos dejó piezas literarias como “El Periquillo Sarniento”, un agudo retrato de la sociedad novohispana reflejada en Pedro Sarmiento y sus desventuras en la capital, Acapulco e incluso las Filipinas, tratando de encontrar cómicamente un cauce para su vida.
De todos los escritores insurgentes, quien sobresale por su erudición en el manejo de la retórica nacionalista criolla es, sin duda, Servando Teresa de Mier. Inició su vida rebelde con su polémico sermón guadalupano, declamado frente a las autoridades virreinales y eclesiásticas en el Tepeyac. En este sermón, realizó una investigación guiada por las limitantes ideológicas y religiosas de la época, que sirvió para empoderar la posición providencialista novohispana al ligar a la Virgen de Guadalupe con Santo Tomás, conectando así al México prehispánico con los apóstoles.
Este sermón provocó su exilio a España y, posteriormente, sus escapes de prisión lo acercaron a la política europea de la época. Teresa de Mier se vinculó con el liberalismo y el republicanismo, descartando que la nueva nación debiera seguir el modelo monárquico para existir. Sin embargo, era consciente de la necesidad de optar por un régimen centralista, dado que la sociedad mexicana carecía de una cultura federalista a lo largo del tiempo.
Su azaroso paso por Europa está lleno de mitos e invenciones, muchas de las cuales él mismo registró en su libro “Memorias”. También mostró interés por escribir sobre historia, como lo dejó plasmado en “Historia de la revolución de Nueva España antiguamente Anahuac o verdadero origen y causas de ella con relación de sus progresos hasta el presente año de 1813”, donde se documentó con informes que le llegaban desde el exilio. Teresa de Mier ha sido una figura fascinante y objeto de estudio para varios autores, consolidándose como un referente esencial en la historia y la literatura insurgente.
Llegada la independencia, el país se encontraba en una situación caótica debido al desorden político y la quiebra económica. No obstante, algunas iniciativas públicas realizadas por la sociedad civil, derivadas de las reformas borbónicas para la modernización de la sociedad, continuaron llevándose a cabo. Entre estas iniciativas se encontraban las tertulias y los institutos científicos y literarios, que eran centros de instrucción cultural localizados en las principales ciudades del país.
Uno de los institutos que destacó por ser el lugar de instrucción de los primeros literatos mexicanos fue la Academia de San Juan de Letrán. A pesar de su corto tiempo de existencia, desde mediados de 1836 hasta principios de 1839, la academia fue el lugar donde se formaron personalidades como Guillermo Prieto, Manuel Toussaint Ferrer, Manuel Payno, José María Lacunza e Ignacio Rodríguez Galván, entre otros. Además, participaron en ella figuras destacadas como Andrés Quintana Roo, José Joaquín Pesado y Manuel Carpio.
La academia tenía como objetivo desarrollar una literatura mexicana con características propias, por lo cual instruyeron a sus alumnos en los valores ideológicos de la época. La Academia de San Juan de Letrán es recordada con cariño por sus egresados, quienes tuvieron la primera oportunidad de publicar sus textos en los libros recopilatorios llamados «Año Nuevo,» de los cuales se publicaron cuatro volúmenes entre 1837 y 1840.
De los egresados de la Academia de San Juan de Letrán, Guillermo Prieto se destaca como un ejemplo representativo de los intelectuales de la época. Prieto ingresó a la academia a la edad de 18 años y se convirtió en un influyente miembro del partido liberal. Participó en todas las guerras e invasiones que se dieron hacia mediados del siglo XIX y tuvo una destacada carrera política, siendo conocido por supuestamente haber salvado la vida del presidente Benito Juárez.
En el ámbito literario, Prieto incursionó en diversos géneros como el periodismo, la crónica, la poesía, los discursos y los libros de viaje. Sus trabajos fueron recopilados en 32 volúmenes titulados «Obras Completas,» compilados por Boris Rosen Jélomer entre 1992 y 2005 por el CONACULTA. Entre sus obras publicadas en su tiempo, destacan el poemario «Musa callejera,» sus «cuadros de costumbres» publicados en revistas y periódicos como «Museo Mexicano,» «Don Simplicio» y «El Siglo Diez y Nueve,» así como «Memorias de mis tiempos,» publicada póstumamente en 1906.
Para buena parte de los escritores decimonónicos, la figura de Guillermo Prieto se erige como un patriarca dentro de la literatura mexicana. Es respetado por haber sido uno de los primeros en desarrollar el costumbrismo mexicano, dándole un lugar destacado en el mundo de las letras.
Otros destacados representantes de la generación de la Academia de San Juan de Letrán incluyen a Ignacio Rodríguez Galván y Fernando Calderón.
Ignacio Rodríguez Galván se destacó tanto como dramaturgo y poeta. Entre sus obras de teatro se encuentran «Muñoz, visitador de México» y «El privado del virrey.» También escribió narraciones cortas como «La hija del oidor,» «Manolito el Pisaverde» y «La procesión.» Su poema «Profecía de Guatimoc» es considerado uno de los principales ejemplos del romanticismo mexicano.
Fernando Calderón es otro poeta notable de esta generación. Sus obras incluyen «El soldado de la libertad,» «El torneo,» «Herman o la vuelta del cruzado,» «Ana Bolena» y «A ninguna de las tres.» Además de seguir las pautas del romanticismo, Calderón se inspiró en la literatura de la Edad Media para el desarrollo de su obra. «A ninguna de las tres» fue considerada por Manuel Payno como una de las mejores comedias, destacándose por su sencillez y fluidez, lo que le otorgó una gran naturalidad.
Estos escritores, junto con Guillermo Prieto, forman parte de una generación que sentó las bases de la literatura mexicana del siglo XIX, influenciados por el romanticismo y un profundo interés en la identidad nacional y las raíces culturales del país.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Manuel Sol. Panorama de la literatura mexicana del siglo XIX, del libro Literatura de Historia Ilustrada de México.
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Imagen:
Izquierda: S/D. Academia de San Juan de Letran. Fuente: https://www.proceso.com.mx/cultura/2016/2/15/la-academia-de-letran-el-principio-de-las-letras-mexicanas-por-canal-22-159385.html
Derecha: Anónimo. Guillermo Prieto, ca. 1865.



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