Uno de los personajes poco conocidos y que en su momento llegó a amenazar la forma en que se desarrollaría el régimen revolucionario fue Adolfo de la Huerta, uno de los integrantes del llamado Grupo Sonora, quien logró pacificar al país pactando con las resistencias que existían contra su facción y así reunir la fuerza necesaria para facilitar el acceso al poder de Álvaro Obregón.
Nacido en Guaymas en 1886, formaba parte de una familia de alta raigambre local que llegó a participar en la defensa del puerto contra las incursiones filibusteras del siglo XIX. Su posición acomodada le permitió ser enviado a la Ciudad de México para estudiar contabilidad, violín y canto.
Sin embargo, esta situación terminó en 1900 con la muerte de su padre, Torcuato de la Huerta, viéndose obligado a regresar a Guaymas para hacerse cargo de la familia. Para ello liquidó el negocio familiar y entró como contador en la sucursal del Banco Nacional de México, desde donde pasó a desempeñarse como gerente de la negociación industrial Francisco Fourcade Sucs., dedicada a la producción agropecuaria y a la elaboración de cueros bovinos.
La familia de Adolfo de la Huerta mantenía buenas relaciones con los indígenas yaquis, lo que le permitió, durante sus trabajos, dar un buen trato a sus trabajadores, como ocurrió en la Hacienda-Tenería de San Germán. Este detalle es importante de señalar, ya que por esos años Guaymas experimentaba una época de auge comercial gracias a ser el puerto de entrada tanto hacia Sonora como hacia los recursos de la sierra de Chihuahua, atrayendo la llegada de extranjeros que esperaban crear empresas y aumentando con ello la presión sobre los territorios yaquis.
Su crecimiento fue tal que la población de Guaymas llegó a superar a la de Hermosillo, pasando de 5,500 habitantes en 1890 a 12,333 en 1910. Sin embargo, este incremento poblacional no se traducía en un aumento del capital político de Guaymas, ya que Hermosillo seguía ostentando el poder estatal. Esta situación desagradaba profundamente al hacendado residente José María Maytorena, quien buscaba desterrar del poder a las familias Torres, Izábal y Corral establecidas en Hermosillo.
José María Maytorena era de ideales liberales y chocaba constantemente con los terratenientes de la capital. Incluso llegó a escribirle a Porfirio Díaz en 1908 para criticar las políticas de deportación de los yaquis, argumentando que dichas medidas minaban la fuerza laboral de las haciendas, sugiriendo que cesaran al menos para los indígenas pacificados, algo que Díaz rectificó, aunque solo de manera temporal.
La alternativa que Maytorena vio para impulsar el cambio estuvo en la candidatura de Bernardo Reyes, quien además era su amigo, por lo que fundó clubes de acción política en Guaymas. Sin embargo, esta situación empeoró con la renuncia de Reyes a sus aspiraciones políticas y con la elección de su viejo enemigo, Ramón Corral, por lo que terminaron viendo en la candidatura de Francisco I. Madero la posibilidad de alcanzar sus aspiraciones políticas.
Sería en el Club Antirreeleccionista de Guaymas donde Adolfo de la Huerta entraría en la vida política al ofrecerse como intermediario para solucionar el problema yaqui, uniéndose al mismo tiempo el ex maestro Plutarco Elías Calles.
Con las elecciones manchadas de 1910, en las que triunfó Porfirio Díaz en fórmula con Ramón Corral para la vicepresidencia, el grupo de José María Maytorena comenzó a preparar la rebelión armada. Sin embargo, para evitar correr la misma suerte que Francisco I. Madero, Maytorena partió hacia Estados Unidos con el fin de evitar ser arrestado, mientras sus colaboradores se trasladaban a Nogales para planificar las acciones y entrar en contacto con otros grupos maderistas para coordinar los movimientos.
Para ese entonces, Adolfo de la Huerta ya era uno de los hombres de confianza de Maytorena y se encargaba de realizar los preparativos del levantamiento, especialmente en la disputa que se daría por ganar la comandancia militar frente al caudillo del oriente, Juan Antonio García.
Con la caída de Díaz tras la firma de los Tratados de Ciudad Juárez, el grupo político de Hermosillo se desintegró y Madero nombró como gobernador interino a Eugenio H. Gayou, quien junto con De la Huerta recibió la rendición del ejército porfirista en Sonora.
Una vez finalizada esta primera etapa de la revolución, De la Huerta regresó a Guaymas, donde conoció a un personaje que se uniría a las fuerzas políticas de Maytorena y con quien quedaría ligada su trayectoria para siempre: Álvaro Obregón.
Es así que Adolfo de la Huerta organizó las bases políticas para disputar las elecciones que se realizarían a lo largo de 1911 e impulsar la campaña de José María Maytorena Tapia como gobernador y de Eugenio H. Gayou como vicegobernador. Ambos compitieron contra las candidaturas de Manuel Mascareñas en el norte, así como de Ignacio Bonillas y Joaquín Urrea desde Álamos.
Las elecciones representaron un triunfo para las aspiraciones de Maytorena e incluso De la Huerta logró ganar una diputación por el distrito de Guaymas, venciendo a su principal rival, Plutarco Elías Calles.
Durante su legislatura, De la Huerta se caracterizó por mantener una postura neutral pese a ser partidario de Maytorena, despertando con ello las desconfianzas de este último. Sin embargo, seguía siendo una figura útil para el gobernador, ya que su voto resultaba decisivo para evitar intentos de destitución.
A Adolfo de la Huerta le correspondió resolver el caso de Álvaro Obregón, quien había ganado la presidencia municipal de Huatabampo y fue acusado por su rival, Pedro Zurbarán, de haber utilizado sus bases entre los mayos para encauzar los votos a su favor, alegando que eran “gentes inconscientes de sus actos” y que, por lo tanto, sus votos no tenían validez.
El caso fue llevado ante el Congreso y el propio De la Huerta se encargó de refutar las acusaciones presentadas contra Obregón, reconociendo su triunfo electoral, por lo que el ayuntamiento no tuvo más opción que reconocerlo como su nuevo presidente municipal.
A pesar de la lealtad partidaria que debía guardar hacia José María Maytorena Tapia, De la Huerta actuó con bastante independencia, como ocurrió cuando votó en contra de la propuesta del gobierno de concentrar los fondos destinados a la educación para el pago de sueldos y pensiones. Se negó a aprobar dicha medida al considerar que concentraba excesivamente los recursos en manos del poder ejecutivo, comenzando así las primeras rencillas con el propio Maytorena al no actuar conforme a sus intereses.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Pedro Castro Martínez. Adolfo de la Huerta y la Revolución mexicana.
Para más contenido histórico o para opinar del tema, visita la página de Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100064319310794
Únete a Arthii para conocer a mas creadores de contenido siguiendo este enlace: https://www.arthii.com?ref=antroposfera
Imagen: Anónimo. Adolfo de la Huerta de joven.


Respuestas