Otra de las dificultades que enfrentaron los ingleses, a diferencia de los españoles, fue la experiencia previa que los pueblos indígenas habían adquirido con los europeos, lo que los hizo más reservados en su trato con los colonos y mostró una mayor beligerancia.
La historia comienza con los intentos españoles de establecer asentamientos en la costa atlántica. El primer intento se realizó en Santa Elena (actual Carolina del Sur), aunque finalmente lograron establecerse en la península de Florida con la fundación de San Agustín en 1565 por parte de Pedro Menéndez de Avilés, en respuesta al descubrimiento de un asentamiento de hugonotes franceses, el cual fue exterminado.
Años más tarde, el propio Menéndez de Avilés autorizó a un grupo de ocho misioneros jesuitas a establecerse en Santa Elena bajo el mando del padre Juan Bautista de Segura. Para iniciar el contacto con los indígenas, Segura contó con la ayuda de un joven jefe algonquino que había sido encontrado en una expedición anterior y a quien bautizaron con el nombre de Luis de Velasco en honor al virrey de la Nueva España.
Durante aproximadamente cinco años, Luis de Velasco aprendió el español y sus costumbres, e incluso fue llevado a España, donde fue recibido en audiencia por el propio rey Felipe II. Esto le permitió ganarse la confianza de los jesuitas, quienes fueron convencidos de establecer una misión en el territorio de Ajacán, cerca de la actual Jamestown.
Los misioneros llegaron en 1570 y, al año siguiente, Luis de Velasco se despidió de ellos, justificando su deseo de regresar a vivir con su pueblo. Sin embargo, en lugar de ello, regresó con un ejército indígena, destruyó la misión y mató a los jesuitas. Como represalia, al año siguiente se envió una expedición de castigo a Santa Elena, lo que llevó a la suspensión definitiva de los intentos de colonizar la región.
En 1607, la expedición de Christopher Newport llegó a la bahía de Chesapeake y estableció los primeros cimientos de lo que sería Jamestown, el puerto de la colonia inglesa. Su presencia llamó la atención de los indígenas algonquinos, quienes los recibieron con interés, lo que incentivó a Newport a explorar la región hasta llegar a la villa de Powhatan, donde tomó posesión de la tierra en nombre del rey Jacobo.
Al igual que los Reyes Católicos, la Corona inglesa se atribuyó la misión providencialista de “civilizar” a los “salvajes” como una forma de legitimar su presencia. Sin embargo, debido a que la Iglesia anglicana no era reconocida como autoridad autárquica por las monarquías asociadas a El Vaticano, los ingleses recurrieron al principio legal de res nullius, que permitía reclamar tierras que no mostraran evidencia de estar bajo la soberanía de otro rey, evitando así posibles reclamos por parte de los españoles.
Para aplicar este principio con los indígenas, el clérigo William Crashaw estudió a diferentes autores, incluyendo a Francisco de Vitoria, y pronunció un sermón ante la Compañía de Virginia en el que se argumentaba que era legítimo comerciar con los paganos y ocupar “las tierras que les sobran”. Esta justificación, basada en el res nullius, respaldaba la presencia inglesa al presentar la colonización como un medio para brindar a los “salvajes” los beneficios de la civilización.
Sin embargo, para poner esto en práctica, primero debían establecer una relación de amistad con los indígenas, quienes siempre mantuvieron su distancia e incluso atacaron Jamestown en varias ocasiones. Como represalia, los ingleses bombardearon los campamentos costeros.
A pesar de haber estudiado a fondo la campaña de Cortés contra los mexicas, los ingleses no encontraron en la Costa Este un pueblo que se les pudiera comparar. En su lugar, se toparon con el estado dominado por el jefe Powhatan, quien ejercía un amplio control en la región, pero cuyas riquezas estaban lejos de equipararse a las de los mexicas.
Otro problema que los ingleses tuvieron que enfrentar fue la escasa población indígena en la región. Mientras que el estado mexica contaba con entre 5 y 25 millones de habitantes, los dominios de Powhatan apenas reunían entre 13 y 15 mil habitantes a inicios del siglo XVII, en gran parte debido a la proliferación de enfermedades tras el contacto con los europeos.
Powhatan demostró gran inteligencia en su relación con los ingleses, estableciendo una alianza simbiótica en la que se declaraba su aliado a cambio de armas y cobre, mientras que él les proporcionaba los alimentos que necesitaban. Los ingleses esperaban la oportunidad de subyugar a Powhatan y convertir a sus súbditos en mano de obra, pero él siempre estuvo dos pasos adelante. Ni siquiera el resentimiento de las tribus subyugadas pudo ser aprovechado por los colonos, ya que Powhatan mantenía un control tan férreo que resultaba imposible conspirar contra él.
En julio de 1607, Newport regresó a Londres para abastecerse de víveres, dejando al capitán John Smith a cargo de la expedición al centro del dominio de Powhatan para contactar con la tribu chickahominy. Sin embargo, Smith fue capturado por Opechancanough, hermano de Powhatan y su sucesor en la línea de mando. Durante varios meses, Smith aprendió los usos y costumbres de los algonquinos y logró ganarse la confianza de Powhatan, quien lo veía como una herramienta para controlar a los ingleses. Finalmente, en enero de 1608, Smith fue liberado como parte de un intercambio en el que participó la famosa hija mayor de Powhatan, Pocahontas.
Este conocimiento hizo que John Smith comenzara a destacar dentro de la colonia y se convirtiera en una figura prominente. Sin embargo, a pesar de su experiencia, no podía competir con la astucia de Powhatan, quien resistió las presiones de Newport, que intentaba que jurara lealtad al rey Jacobo I. Ante la negativa, Newport se trasladó a la capital, Werowacomoco, donde intentó obligarlo a aceptar el título de rey colocándole una corona a la fuerza.
Con el liderazgo de Smith, se puso fin a la política conciliadora de Newport, dando inicio a una serie de campañas militares para someter a los indígenas. Sin embargo, estos esfuerzos no lograron grandes avances más allá de la estabilización de la colonia de Virginia.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: John Elliot. Imperios del Mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830).
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Imagen: John Gabsby Chapman. Coronación de Powhatan, 1835.



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