Dentro de la cosmovisión mesoamericana, el inframundo estaba destinado a las personas que habían fallecido de muerte natural o enfermedades comunes; no tenían el destino de los muertos en batalla, quienes iban a la casa del Sol, ni de aquellos que morían por algo relacionado con el agua, destinados al Mictlán. Iban a una dimensión bajo la tierra, llena de inmundicia, donde su destino era su lenta desaparición del mundo.
Según las referencias coloniales, el Mictlán estaba controlado por una pareja, Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, cuyos nombres significan respectivamente “señor y señora de la región de los muertos”. Ellos fungían como guardianes y dirigentes del inframundo, siendo esa su única función, sin tener mayor influencia en el mundo terrenal. Según las fuentes, podemos descartar alguna función similar a la parca, que provocaba la muerte de los vivos.
El inframundo mismo encarnaba una dimensión contraria al exterior; se manejaba con reglas similares, pero con todo al revés de lo que ocurría en el exterior. De ahí que lo execrable y desagradable fueran lo normal, como se ve en las representaciones de Mictlantecuhtli en los códices, realizando actividades cotidianas.
Paradójicamente, una de las posibles funciones de las deidades de la muerte era servir en la creación de la vida en el exterior. No es raro encontrar en las fuentes himnos dedicados hacia ellos para asegurarse tanto de tener una buena cosecha como al momento de darse los nacimientos. Resulta revelador esto en el Códice Laud, donde se le ve a Mictlantecuhtli recibir a un bebé para dárselo a la diosa de la Tierra, Tlazoltéotl. No es por nada que, al momento de dar a luz, se le conocía como «la hora de la muerte». Al ser la antítesis de la vida, su presencia en la superficie era considerada nefasta y de mal augurio, al propiciar las desgracias. No es por nada que era considerada una deidad de los puntos cardinales, tocándole regir sobre el norte, cuyas connotaciones negativas aumentan debido a lo agreste que resulta en la vida real. También se le asignaría al búho como su heraldo, y por esa vinculación, surge la creencia de atribuirle a su canto la muerte próxima de quien lo escucha.
Su identificación es una de las más sencillas, ya que siempre se les representaron como seres antropomorfos descarnados con los huesos expuestos, pero aún presentando carne en sus cuerpos en un avanzado estado de descomposición. De ahí que sean representados con manchas amarillas con puntos rojos en su interior para simbolizar el proceso, portando cabelleras enmarañadas o con mechones. Siempre aparecen con la boca abierta y la lengua afuera, así como su abdomen deja caer expuesto lo que podría ser su corazón o su hígado. Esta propuesta tiene cierta aceptación al estar vinculada con una de las entidades anímicas del alma y relacionada con el inframundo, el ihíyotl, así como aparece en algunas ocasiones portando un collar de corazones y un cuchillo de pedernal usado para los sacrificios.
Lamentablemente, de quien no se sabe casi nada más que su representación física es de Mictecacíhuatl, ya que ninguna fuente de la época pudo describir la función que tenía la pareja o versión femenina de Mictlantecuhtli. Es imposible dar información sobre su función, sobre todo teniendo en cuenta que las parejas de los dioses suelen tener atributos diferentes al del dios masculino.
Como el resto de los dioses, Mictlantecuhtli poseía diferentes advocaciones que lo vinculaban con otras funciones terrenales y otras deidades. Encontramos una referencia con fray Bernardino de Sahagún sobre el dios Cuezalin, siendo descrito como un dios del inframundo y del fuego. Esto nos permite relacionarlo con el dios del fuego interno Xiuhtecuhtli. Incluso en el Códice Borgia, aparece representado como un guerrero solar, lo cual nos habla de la compleja relación de los opuestos complementarios.
Junto con la pareja principal, el Mictlan era presidido por otras deidades de la muerte que fungían como ayudantes o mictecah, como Ixpuxtecqui “El de cara despedazada”, encargado de anunciar la muerte de los vivos, y su pareja Nexoxocho “La que arroja flores”, relacionada con la sangre de los cadáveres. También está Nextepehua “Esparcidor de cenizas”, vinculado con este tratamiento, y su esposa Miccapetlacalli “Caja de los muertos”, relacionada con la mortaja. Por último, tenemos a Tzontemoc “El que cae abajo”, quien llevaba a las almas al inframundo, y su esposa Chalmecacihuatl, de quien no se sabe nada.
Dentro del ciclo del funcionamiento del universo, el Mictlan era percibido como el espacio donde se recicla la materia para volver a generar vida. Esta función se extendía hacia otras deidades de la muerte o de los desperdicios como Iztapapalotl, Tlazolteotl, Coatlicue, Tlaltecuhtli o las Cihuateteo. Por ello, su presencia terrenal era considerada como nefasta, y se le representaba devorando hombres.
Estos dioses fueron creaciones mismas de los dioses primigenios Quetzalcoatl y Tezcatlipoca, quienes les asignaron su misión cósmica como los guardianes de los restos de la vida. Llevaron esta tarea a niveles de intolerancia, como se ve en el relato de la creación de la humanidad del Quinto Sol, donde Mictlantecuhtli se niega a ayudar a Quetzalcoatl dándole los huesos de las humanidades pasadas. En cambio, sabotea sus esfuerzos, generándole la muerte y enviando a picotear los huesos a las codornices. De ahí se explica la susceptibilidad de las personas a las enfermedades.
Resulta revelador cómo, de las deidades descritas por Sahagún, Mictlantecuhtli fue la que menos acaparó la atención del religioso o de sus informantes. Incluso dioses de menor envergadura tuvieron más espacio que el dios de la muerte. Quedan solamente algunas anotaciones sobre los niveles del Mictlán, ofrendas dedicadas o relatos fantásticos como el viaje de la princesa Quetzalpetlatl. Posiblemente, al ser un dios cuya única función eran los contextos mortuorios sin mayor influencia en la vida, su conocimiento a nivel general se restringía a los sacerdotes y solo se recurría a él al momento de morir. Sin embargo, se le respetaba por ser la antítesis de la vida misma.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Daniel Adolfo Gonzales Suarez. Los númenes de la muerte en la cosmovisión de los antiguos nahuas, del libro De los dioses y sus atributos.
Para más contenido histórico o para opinar del tema, visita la página de Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100064319310794
Si te gustan los artículos, leer mas de los publicados en el blog y apoyar al proyecto, vuélvete un asociado en la cuenta de Patreon: https://www.patreon.com/user?u=80095737
Únete a Arthii para conocer a mas creadores de contenido siguiendo este enlace: https://www.arthii.com?ref=antroposfera
Imagen: Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, Códice Fejérváry-Mayer, cultura Mixteca-Puebla, Posclásico.



Respuestas