Los difusos orígenes de los purépechas.

El pueblo purépecha ha sido uno de los más enigmáticos dentro del entorno mesoamericano. Este grupo indígena se ha mantenido aislado o autónomo respecto a otras familias como los yutoazteca u otomangue, llegando a relacionarse con familias lingüísticas sudamericanas e incluso con las del suroeste estadounidense. Estas relaciones no están alejadas de las dinámicas comerciales del Michoacán precolombino.

La región cultural del Occidente de México ha sido una de las menos estudiadas durante los inicios de la arqueología formal, lo que ha llevado a descripciones ambiguas y poco precisas sobre los pueblos que la habitaron. Los cronistas del siglo XVI dejaron pocas referencias sobre sus habitantes, aunque los purépechas fueron una excepción en parte, ya que sí se escribieron importantes obras sobre ellos, como la «Relación de Michoacán».

Conforme han avanzado las investigaciones, se ha evidenciado que los purépechas son un grupo autóctono de Michoacán, habiendo habitado la región desde hace miles de años. Su evolución cultural va de la mano con las primeras tradiciones en la región, vinculándose con el desarrollo de Zacapu, que a su vez remite como punto de origen a Chupícuaro en Guanajuato.

La tradición Chupícuaro, aunque fue estudiada en la primera mitad del siglo XX, sigue siendo poco conocida en su alcance. Su principal asentamiento sufrió una grave destrucción con la inundación causada por la construcción de la presa Solís en 1949. Los trabajos de salvamento realizados han revelado que esta cultura estuvo vigente durante al menos seis siglos y se considera un punto de génesis para las culturas tanto del Occidente como del Septentrión mesoamericano.

Chupícuaro no solo mantenía relaciones con el oeste mesoamericano, sino también con los pueblos del Altiplano Central, con quienes comerciaban constantemente. Ejemplos de estos intercambios son los objetos de la cultura Chupícuaro encontrados en la ciudad de Cuicuilco y en Cuauhtitlán, así como en la tradición Ticomán del norte de la Cuenca. El alcance de su influencia se extiende hasta el valle Puebla-Tlaxcala, en el sitio Gualupita-Las Dalias.

Uno de los puntos de inflexión que marcó el paso del periodo Preclásico al Clásico fue la alta actividad volcánica provocada por el Xitle y el Popocatépetl. Estas erupciones causaron grandes desplazamientos migratorios provenientes del sur de la Cuenca de México y del valle Puebla-Tlaxcala, lo que probablemente facilitó la colonización hacia el Occidente y el norte de Mesoamérica.

Uno de los vicios de la investigación sobre el desarrollo mesoamericano ha sido mantener una tendencia centralista. Una de las primeras teorías sobre la relación entre Chupícuaro y la Cuenca de México fue que Cuicuilco ejercía influencia sobre el Occidente. Sin embargo, no hay evidencia que sugiera la primacía de una región sobre otra por el momento.

Los trabajos en el sitio arqueológico de Chupícuaro revelaron que los edificios religiosos del centro ceremonial compartían rasgos arquitectónicos con los de Cuicuilco. Entre ellos, se destacan los basamentos de planta circular con forma troncocónica, construidos de cantos rodados y con una rampa para acceder a la cima.

La fama de Chupícuaro se catapultó con la localización de una necrópolis que contenía 400 tumbas. En estas tumbas se encontraron numerosas piezas de cerámica y restos de 46 perros, confirmando la tradición antigua que los relaciona como guías en el inframundo. Además, algunos entierros incluían cráneos trofeo, lo que sugiere una posible parafernalia guerrera, también presente en el sitio de Loma Alta en Michoacan.

Una lamentable evidencia de la importancia poblacional que tuvo Chupícuaro es el intenso saqueo que sufrió antes de ser cubierto por las aguas de la presa Solís. Testimonios aseguran haber visto camiones llenos de piezas arqueológicas destinadas al mercado coleccionista, muchas de las cuales terminaron en colecciones privadas extranjeras. Esto indica la alta densidad demográfica que tuvo la ciudad en su periodo de esplendor.

La cerámica de Chupícuaro se caracteriza por la elaboración de vasijas, máscaras y esculturas de mediano tamaño, huecas y utilizando colores que van desde el bayo, crema y negro. Estas piezas suelen estar decoradas con diseños geométricos escalonados, siguiendo la técnica del falso negativo. Las figurillas encontradas representan la vida cotidiana de sus habitantes, similar a lo que más tarde se encontraría en las Tumbas de Tiro. Es común la elaboración de figurillas femeninas, que muestran adornos y vestimentas, así como la práctica de la deformación craneal. Aunque no alcanzaron el nivel de naturalismo que más tarde tendrían las culturas del Occidente, estas figurillas presentan rasgos esquemáticos como los ojos rasgados, elaborados con pastillaje.

A partir del año 50 a.C. hasta el 260 d.C., la cultura Chupícuaro entró en su periodo de decadencia, denominado Fase Mixtlán-Los Morales. Este periodo se caracteriza por una reducción en la producción de piezas de alfarería y por diseños simplificados con motivos zoomorfos. A pesar de esta decadencia, Chupícuaro siguió siendo un punto de referencia en la región, al sentar las bases para las siguientes tradiciones culturales. Su influencia se puede rastrear incluso en la tardía tradición Coyotlatelco de Teotihuacan, que abarcó desde el año 600 hasta el 900 d.C.

Las investigaciones en las culturas del norte han identificado a Chupícuaro como la raíz de muchas tradiciones, desde la cultura Chalchihuites hasta la Hohokam de Arizona. Todas ellas muestran patrones de diseño que remiten al Bajío del Preclásico, reafirmando la idea de oleadas migratorias de pueblos mesoamericanos que fueron ocupando los territorios norteños.

En las regiones aledañas, Chupícuaro tuvo herederos en las tradiciones del Bajío que continuaron su legado durante el Clásico. Al sur, en Michoacán, la Fase Mixtlán-Los Morales dio lugar a la cultura Loma Alta, que posteriormente fue sucedida por la cultura Zacapu. Según las fuentes purépechas, Zacapu es considerada como el punto de origen de su pueblo.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Patricia Carot. La larga historia purépecha, del libro Miradas renovadas al Occidente indígena de México.

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Imagen:

Izquierda: Vasija-efigie, cultura Chupícuaro, Guanajuato, periodo Preclásico Tardio.

Derecha: Olla efigie, cultura Chupícuaro, Guanajuato, periodo Preclásico Tardio. 

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