La capital regional de los territorios norteños, Quito, no solo fue escenario del desquite de Sebastián de Belalcázar por no haber encontrado las riquezas que esperaba, ya que la ciudad había sido previamente vaciada por el general Rumiñahui. En el proceso de desalojo, cerca de 300 mujeres que se negaron a seguir a los incas fueron ejecutadas por orden de Rumiñahui, y sus cuerpos arrojados a fosas. Este trágico episodio marcó el inicio de un periodo de conflictos intensificados por la ambición colonial.
Las noticias de las «hazañas» de Francisco Pizarro y las enormes riquezas obtenidas tras la conquista del imperio inca no tardaron en difundirse por los territorios de la monarquía hispánica. Entre quienes escucharon estos relatos se encontraba Pedro de Alvarado, conquistador y entonces capitán general de Guatemala. Motivado por la perspectiva de obtener una parte del botín, Alvarado organizó una expedición respaldada por una licencia real que le autorizaba a explorar nuevos territorios desde el mar.
De este modo, reunió una fuerza compuesta por aproximadamente 500 infantes, cerca de 3,000 indígenas subordinados provenientes de Guatemala y Nicaragua, además de aliados tlaxcaltecas, 327 caballos y un número no determinado de esclavos africanos. La expedición partió en enero de 1534 a bordo de nueve navíos y llegó a la bahía de Caráquez a finales de febrero. Su objetivo principal era la conquista de Quito, con la esperanza de encontrar un territorio aún más rico que los mesoamericanos.
El paso de Pedro de Alvarado por el Tahuantinsuyo estuvo marcado por el caos y la violencia. Buena parte de sus tropas, especialmente los soldados indígenas y los infantes españoles, perecieron tanto durante la travesía marítima como en su recorrido por los territorios selváticos y las montañas nevadas de los Andes. Además, Alvarado replicó la crueldad que había mostrado en las guerras contra los mexicas y los mayas del altiplano guatemalteco, lo que generó graves tensiones y sirvió como motivo de denuncia por parte de los pizarristas.
Durante su marcha, Alvarado saqueó el reino de Chincha, cometiendo abusos contra la población local. En Manta, ordenó el ahorcamiento del curaca y, en Chonanan, dispuso que su líder fuese ejecutado por perros. Su avance estuvo acompañado de una estela de violencia, con numerosos ejecutados mediante estocadas, hogueras y otras formas brutales.
Al enterarse de la llegada de Alvarado y de los abusos cometidos, los pizarristas decidieron tomar medidas inmediatas. Sebastián de Belalcázar fue llamado de regreso a Cuzco y sustituido por Diego de Almagro, quien organizó una fuerza de 180 soldados. Aunque en número inferior a la expedición de Alvarado, la resistencia de los pizarristas se fortaleció por las dificultades que enfrentaba el extremeño y sus tropas.
Conscientes de las desfavorables condiciones de su campaña, Alvarado optó por entablar negociaciones con Almagro. Como resultado, se llegó a un acuerdo que permitió a Alvarado retirarse del Perú a cambio de un pago de 120,000 pesos de oro. En cumplimiento del pacto, Alvarado dejó atrás a los restos de su tropa y sus navíos, abandonando su ambición de conquistar los territorios del Tahuantinsuyo.
Tanto Pedro de Alvarado como Diego de Almagro enfrentaron la resistencia organizada del ejército inca liderado por Quizquiz, quien desplegaba entre 10,000 y 20,000 hombres. Este general inca adoptó una estrategia basada en el uso del terreno montañoso, donde la caballería española era menos efectiva y la maniobrabilidad de las tropas se veía seriamente limitada. Desde posiciones elevadas, los guerreros incas bloqueaban caminos y lanzaban piedras desde las alturas, lo que dificultaba los avances de las fuerzas conquistadoras.
La táctica de Quizquiz resultó en importantes logros defensivos, como obligar a los españoles a cesar su persecución debido a la eficacia de los ataques desde las montañas. Sin embargo, no estuvo exenta de contratiempos estratégicos para los incas. En una de las retiradas del general, se vio obligado a abandonar 15,000 cabezas de ganado y 4,000 indígenas quiteños, lo que representó una pérdida significativa para su causa.
Además, los españoles lograron propinarle un golpe decisivo en el lago Collta, donde atacaron y derrotaron por completo a la retaguardia de su ejército. Este revés debilitó la capacidad ofensiva de Quizquiz, aunque su resistencia mantuvo a las fuerzas de Alvarado y Almagro constantemente ocupadas y desgastadas.
Francisco Pizarro recibió a Pedro de Alvarado en el valle de Pachacamac para formalizar el acuerdo del soborno pactado. Este pago permitió a Pizarro integrar a las fuerzas de Alvarado, fortaleciendo su posición en la costa central del Perú. Con estos refuerzos, Pizarro pudo consolidar su control en la región mientras enviaba a sus hermanos Gonzalo y Juan Pizarro a Cuzco, para vigilar al colaboracionista Manco Inca Yupanqui. Lo inadecuado que resultaba Jauja como centro político-administrativo español motiva a Pizarro a fundar una nueva capital en una zona más estratégica.
El 18 de enero de 1535, Pizarro fundó la «Ciudad de los Reyes», que se convertiría en la nueva capital del territorio conquistado. Sin embargo, con el tiempo, prevaleció el nombre indígena adaptado al español, Lima. Su ubicación estratégica cerca de la costa llevó al establecimiento del puerto de El Callao, que se convirtió en un punto clave de comunicación y comercio con Panamá. Este avance administrativo fue complementado con la fundación de nuevas poblaciones como San Miguel, cercana a El Callao, y Trujillo, en el norte, lo que reforzó la presencia española en el territorio.
No obstante, la tensión entre los liderazgos de Pizarro y Diego de Almagro persistía. Este conflicto sería resuelto más adelante, cuando Hernando Pizarro regresó de su audiencia con el rey Carlos I. En este encuentro, Hernando entregó el quinto real, que ascendió a 262,259 pesos, lo que reafirmó el respaldo de la Corona al liderazgo de Francisco Pizarro en el Perú.
Para resolver la disputa entre los conquistadores, el rey Carlos I promulgó la Capitulación de Toledo, otorgando concesiones que redefinieron los territorios en Sudamérica. A Diego de Almagro se le concedió la gobernación de Nueva Toledo, con un límite al sur marcado en el paralelo 14, cerca de Pisco. Por su parte, Francisco Pizarro mantuvo la gobernación de Nueva Castilla, al norte del paralelo 14, mientras a partir de la provincia de Esmeraldas, Quito, el norte de Sudamerica y Panamá fueron integrados en el reino de Tierra Firme.
Además, se otorgaron nuevas concesiones: Pedro de Mendoza recibió la gobernación de Nueva Andalucía del Río de la Plata, que abarcaba desde el paralelo 25; mientras que Simón de Alcazaba y Sotomayor obtuvo la gobernación de Nueva León, desde el paralelo 36 hasta Tierra del Fuego. Estas divisiones administrativas generaron tensiones, ya que Cuzco, la antigua capital del Imperio Inca, quedó bajo la jurisdicción de Almagro.
Francisco Pizarro, consciente de la importancia estratégica de Cuzco, inició negociaciones con Almagro. Finalmente, logró que este cediera la ciudad a cambio de la promesa de nuevas riquezas en el sur. Este acuerdo fue influenciado por rumores sobre la riqueza de los territorios del Collasuyo y Chile, que alentaron a Almagro a emprender una expedición hacia esos lugares.
En junio de 1535, Almagro partió de Cuzco con una fuerza de aproximadamente 12,000 soldados, compuesta por españoles e indígenas aliados. Sin embargo, las condiciones geográficas y la falta de recursos en el camino pronto causaron desilusión entre los expedicionarios. Esta frustración no solo deterioró el ánimo de los hombres, sino que también intensificó las rivalidades entre Pizarro y Almagro, alimentando el conflicto que escalaría en los años siguientes.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Antonio Espino Flores. Plata y sangre. La conquista del imperio inca y las guerras civiles del Perú.
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Imagen: José Effio. Fundación de Lima. 1897.



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