Las invasiones imperialistas en la Costa Grande.

Durante el Posclásico, la región de la Costa Grande se reorganizó en jefaturas bajo el mando de caudillos militares que se adaptaron a la dinámica comercial centralizada en Zacatula. Esta ciudad recibía tanto a comerciantes mesoamericanos del Occidente, como los toltecas y oaxaqueños, así como a las enigmáticas expediciones sudamericanas que llegaban ocasionalmente, posiblemente en busca de conchas de Spondylus.

La presencia tolteca en la región se ha demostrado a través de la cerámica foránea, desde el llamado estilo Mazapa hasta la cerámica plomiza Plumbate Tohil proveniente del Soconusco. Estas manifestaciones se han encontrado sin interrupciones hasta la costa de Nayarit, lo que sugiere tanto la influencia de los comerciantes toltecas como una posible expansión imperial.

De manera similar a los movimientos relacionados con la metalurgia, tanto fuentes coloniales como la Relación de Zacatula y estudios como el proyecto arqueológico de la presa El Gallo indican que la cuenca del Balsas, incluyendo el afluente michoacano del río Tepalcatepec, era una zona de tránsito muy dinámica. Esta área incluía el valle de Toluca, desde donde las sociedades del Altiplano Central podían acceder a los recursos de la costa, bajando el curso del río para llegar a Zacatula y abastecerse de conchas, caracoles, sal y objetos de metal provenientes de las comunidades costeras.

Esta dinámica regional, que se había consolidado a lo largo del Posclásico, llegó a su fin a partir del siglo XV. Así como la cuenca del Balsas y los caminos de la sierra fueron utilizados por los comerciantes para llegar a estas comunidades, también lo hicieron los estados imperialistas que comenzaron a ver la región como un objetivo atractivo para sus incursiones de conquista, siendo los primeros los purépechas.

Según las fuentes coloniales, Zirándaro era el punto por donde los ejércitos purépechas descendían para atacar a los pueblos de la Costa Grande. Se sabe que una de sus parcialidades, llamada Guayameo, estaba poblada por indígenas apanecas provenientes de Zacatula, quienes fueron deportados de su lugar de origen por el cazonci Tziztzipandacuare. Según el testimonio del conquistador Antonio de Carvajal, los purépechas solían realizar incursiones esclavistas tanto a la Costa Grande como a Colima, enviando a estas personas capturadas a poblar sus comunidades en la Tierra Caliente, donde trabajaban en las tierras de la nobleza. Muchos de estos capturados ya hablaban purépecha y decían que sus padres habían sido apresados, por lo que rendían reverencia y sumisión al cazonci de Michoacán.

Como consecuencia de esta relación y por la inercia geopolítica de la época, los siguientes en llegar fueron los mexicas. Durante la campaña de Ahuizotl en 1497, conquistaron la región y conformaron la provincia tributaria de Cihuatlán. Aunque su presencia frenó las incursiones esclavistas purépechas, trajo graves consecuencias sociales para los pueblos tributarios.

La imposición de cuotas tributarias provocó que las comunidades se organizaran para cumplir con las exigencias, dedicándose a la siembra extensiva de algodón, el hilado y confección de textiles finos, el cultivo de cacao y la extracción de conchas. Esto resultó en una provincia rica, ya que para ese momento aún no habían conquistado la región del Soconusco, convirtiéndose en su centro productor de cacao.

Además, la provincia de Cihuatlán fue fundamental para imponer el cerco a los purépechas por la sierra y mantener el frente contra los yopes de la Costa Chica. Los mexicas solían reclutar a pobladores de la región para organizar las defensas y los puntos de vigilancia, con el fin de evitar las incursiones de estos pueblos enemigos, especialmente en las comunidades de la desembocadura y la cuenca del río Balsas.

Para la llegada de los españoles en 1522 y la constitución de la provincia de Zacatula, se reporta que el territorio estaba poblado por pueblos como los pantecas, chumbios, tolimecas y cuitlatecas. Estos se encontraban en una situación precaria debido tanto a las exigencias tributarias y de defensa impuestas por los mexicas como a los conflictos internos que surgieron con la caída de Tenochtitlan. La imposición del orden hispano mediante el sistema de encomiendas y la búsqueda de metales preciosos en el territorio terminaron por condenar a sus habitantes. Además, la proliferación de enfermedades epidémicas acabó con gran parte de la población originaria, como lo reporta la Relación de Zacatula, que señala para 1580 que las poblaciones indígenas eran muy pequeñas, desordenadas y de tipo temporal.

En los primeros años de la colonia, Zacatula intentó mantener su posición como puerto mediante la construcción de un astillero ordenado por Hernán Cortés para armar embarcaciones destinadas tanto a la exploración de la costa occidental como a la expedición a las Molucas. Sin embargo, las mejores condiciones físicas de la bahía de Acapulco y su cercanía con la Ciudad de México hicieron que este último se convirtiera en el principal puerto español en el Pacífico, provocando que Zacatula perdiera gradualmente su importancia debido a la despoblación y la reducción de las poblaciones indígenas.

La Costa Grande fue una región que se desarrolló principalmente a través de las rutas comerciales de larga distancia a nivel mesoamericano e incluso mediante contactos esporádicos con Sudamérica. Sus habitantes se beneficiaron de la presencia de lagunas costeras, que proporcionaban tanto agua dulce, esencial para las expediciones de cabotaje, como recursos como los mariscos, fundamentales para los primeros pobladores. Esta situación permitió que las civilizaciones que surgieron en la región adoptaran influencias culturales de quienes llegaban para comerciar o continuar su ruta hacia el Occidente. Como resultado, proliferaron expresiones olmecas, teotihuacanas, zapotecas y toltecas, todas con una reinterpretación local que les otorgó una identidad propia.

A pesar de que la región, al igual que el resto del estado de Guerrero, enfrenta el problema endémico de la falta de investigaciones arqueológicas formales, las pocas que se han realizado han complicado la interpretación de las dinámicas sociales de las sociedades precolombinas de la Costa Grande. Serán los investigadores del futuro quienes proporcionen mejores respuestas sobre el pasado de las comunidades de esta zona mesoamericana.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Rubén Manzanilla López. La región arqueológica de la Costa Grande de Guerrero. Su definición a través de la organización social y territorialidad prehispánicas.

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Imagen:

Izquierda: Lamina del tributo de la provincia mexica de Cihuatlán. Matricula de Tributos, siglo XVI, Posclásico Tardio.

Derecha superior: Petrograbado de procesión a un personaje descarnado. Murga, Sierra de Petatlán, Posclásico.

Derecha inferior: Cajete esgrafiado con una calavera. Barranca de Marmolejo-Zacatula, Guerrero, Posclásico.

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