La visión religiosa de fray Servando Teresa de Mier del nacionalismo criollo

A finales del siglo XVIII, las diferencias entre los peninsulares y los novohispanos ya eran evidentes, no solo por la segregación que habían ejercido en el ejercicio del poder, sino también por la integración tanto de la cultura prehispánica, de la cual depuraron los elementos que resultaban asimilables para la tradición occidental, como de las devociones religiosas católicas generadas durante tres siglos de virreinato, lo que dio lugar a la emergencia de una conciencia novohispana.

Todo este bagaje cultural encontraría expresión en uno de sus voceros, nacido en Monterrey y perteneciente a una familia de raigambre criolla del septentrión novohispano: el religioso Servando Teresa de Mier. Resultaría ser uno de los más grandes pensadores, y su pensamiento sería de vital importancia en la lucha por la independencia. Posteriormente, participaría en las primeras labores legislativas del México independiente.

Su interés por la historia de su nación lo llevó, durante su formación religiosa, a leer a los principales cronistas de la conquista para profundizar en las raíces históricas del pensamiento novohispano. Además, tuvo acceso a las principales obras de la Ilustración y se convirtió en un estudioso de los principales teóricos de la Iglesia. Durante su ejercicio religioso, ganó fama como un gran orador, lo que llevó a su selección para pronunciar un sermón el 12 de diciembre de 1794 en el Tepeyac, conmemorando un aniversario más de la aparición de la Virgen de Guadalupe. Este acto contó con la presencia de las principales autoridades religiosas y políticas, incluyendo al virrey.

Para la elaboración del sermón, fue vital la investigación realizada en las fuentes primarias. Descubrió la tardanza en las referencias al milagro guadalupano, siendo escasas en el siglo XVI. Las que abundan en detalles y en número son del siglo XVII.

En la década de los 90 del siglo XVIII, el sentimiento nacionalista estaba más exacerbado. Sumado al discurso que lo relacionaba con el pasado prehispánico, se vio reafirmado con el hallazgo en el centro de la Ciudad de México de los monolitos del Calendario Azteca y la Coatlicue, los cuales captaron el interés del sector intelectual de la capital. Esto llevó al padre Mier a buscar el origen del culto guadalupano en el pasado indígena, utilizando como base la teoría que relacionaba a Quetzalcóatl con el apóstol Santo Tomás, gracias a su acercamiento con uno de sus principales difusores, el abogado Ignacio Borunda. A su investigación se sumaron obras de pensadores como Lorenzo Boturini, Francisco Javier Clavijero y Antonio León y Gama, quienes reafirmaban el contacto prehispánico con el apóstol.

El resultado de sus investigaciones se tradujo en la revelación de un sermón muy estridente e imaginativo que incomodó a las principales autoridades virreinales. Mier reafirmó el supuesto cristianismo que seguían los pueblos indígenas al afirmar que el ayate del Tepeyac era la capa de Santo Tomás. Según su relato, el cerro donde se encuentra el Tepeyac fue el lugar donde el apóstol erigió una iglesia bajo la advocación de la Virgen María, bajo el nombre de Teotenantzín.

Aunque sabemos hoy que estas afirmaciones son completos disparates, en ese momento y dada la simplicidad de la historiografía, sus ideas podrían sonar verídicas. Por lo tanto, cuestionaron el principal argumento justificatorio de la presencia española en la Nueva España. Esto llevó al arzobispo Núñez de Haro a ordenar la reclusión del padre Mier y la confiscación de sus escritos. Además, se descalificó a Borunda por parte de los padres José Patricio Uribe y Manuel de Omaña, argumentando que Quetzalcóatl habría vivido 700 años después que el apóstol, reafirmando así la historicidad del milagro guadalupano.

Las consecuencias del sermón se reflejaron en el dictamen que ordenaba su exilio a España por un tiempo en el que estuvo en cautiverio. Desde allí, envió una carta en la que se retractaba de sus dichos al considerarlos absurdos y al darse cuenta de que al final no le sirvieron de nada, ya que perdió amistades. Al ver que no lograría ni la absolución ni el perdón, intentó huir de su prisión en el convento dominico de Las Caldas en Cantabria, pero fue recapturado y encarcelado en el convento de San Francisco en Burgos.

En este lugar, logró que su caso fuera revisado por el Consejo de Indias, quienes en un principio mostraron disposición favorable a su absolución. Sin embargo, las influencias del arzobispo Núñez de Haro hicieron que desecharan el caso. Esto lo llevó a fugarse definitivamente en 1801, escapando a Bayona, Francia, donde entró en contacto con otros intelectuales liberales. Ahí, adquirió la convicción de alcanzar la independencia de México a toda costa, al considerar que tenía la misma legitimidad que los estados europeos.

Es importante recordar que en el momento de la investigación realizada por Servando Teresa de Mier, los estudiosos del pasado, imbuidos en el pensamiento eurocéntrico y ante la inexistencia de la arqueología, explicaban el surgimiento de las civilizaciones americanas como resultado de la influencia europea. Se sostenía la idea de que fenicios, griegos, romanos, alguna de las doce tribus de Israel o vikingos fueron quienes “enseñaron” los principios de la civilización a los indígenas, deformándose por las condiciones del lugar.

No obstante, lo fundamental del discurso del padre Mier fue el inminente mensaje político que atacaba cualquier argumento que justificara el dominio español. Al afirmar que antes de la llegada de los españoles, los mexicas ya estaban cristianizados por Santo Tomás y veneraban a la Virgen María, negaba no solo los fundamentos de los conquistadores, sino también los de los evangelizadores que mantenían su presencia en las comunidades. Incluso llegó a negar el milagro guadalupano basándose en muchas de las dudas que existían entre los franciscanos del siglo XVI. De esta manera, él dio voz a las antiguas reivindicaciones novohispanas de tener autonomía contra una nación que, según ellos, les aportaba poco y les quitaba mucho.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: David Brading. Los orígenes del nacionalismo mexicano.

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Imagen:

Derecha: Anónimo. Fray Servando Teresa de Mier, siglo XVIII.

Izquierda: Anónimo. Virgen de Guadalupe, siglo XVII.

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