La transición del viejo orden a la Monarquía hispánica.

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Si bien los intentos descentralizadores en Sudamérica tuvieron éxito (cosa que se reproduce posteriormente con las independencias), el caso novohispano fue todo lo contrario. Las autoridades locales no estaban dispuestos a ceder su poder ante los burócratas del rey.

Las necesidades de cambio eran primordiales, los puestos locales eran una fuente de corrupción donde los cargos eran ocupados por los que podían pagar más en lugar de los más aptos. Pero también es cierto que no podían descartar a estos por el temor de que suscitaran una rebelión independentista.

Por lo que se tuvo que recurrir a compartir el poder, por un lado se seguían respetando las viejas instituciones que siguieron la implantación del dominio español y por el otro estaba el intendente que servía como un auxiliar de estos, pero con una consigna, el ir restando sus competencias en favor del intendente. Poco a poco, se fueron implementando las intendencias en lugar de las gubernaturas.

Para los Borbones la necesidad era absoluta, para poder afrontar los ataques de sus rivales no podía seguir este sistema en el que cada territorio se rigiera bajo sus propias reglas. Tenían la misión de crear una identidad hispánica que fuera compartida tanto por españoles peninsulares como americanos, por lo que todos tenían que regirse bajo las mismas reglas sin excepción. Se buscaba que los súbditos no se tuvieran que dirigir a México o a Lima para solucionar sus problemas, sino que fueran directo a Madrid cuyo poder se delegaba en el intendente. Se buscaba desmantelar los mercados locales en favor de uno solo en que todo el imperio se pudiera beneficiar de todos sus componentes.

A diferencia de esta centralización del poder del monarca en contra de la autonomía de los territorios aragoneses, los territorios americanos enfrentaban el problema de tener a su rey al otro lado del océano, por lo que la figura del virrey seguía siendo importante dentro de la administración española.

Pero con esto surge otra serie de problemas, el de la falta de confianza de por parte del rey para sus súbditos americanos teniéndolos que poner por debajo de sus burócratas para poder gobernarse, situación que se ve acrecentada por la continua insinuación de que los reinos americanos era colonias españolas, cosa que no fue del agrado de nadie.

La situación empieza a empeorar con los acontecimientos internacionales, la revolución francesa y las independencias de Estados Unidos y Haití harán que la monarquía trate de acelerar los procesos de centralización para evitar lo que está pasando a su alrededor, acciones contraproducentes que solo provocaron un mayor descontento de los oligarcas americanos.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Rafael Estrada Michel, Monarquía y Nación, entre Cádiz y Nueva España

Imagen: Anónimo, Castas de la Ciudad de México, el Parían, siglo XVIII

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