La Santa Muerte, su evolución y culto.

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El panorama de incertidumbre que pasa tanto México como Centroamérica ha hecho que la gente busque ayuda espiritual no solo en las figuras que reconoce la iglesia, sino también en otras figuras espirituales que sin reconocimiento oficial de un culto aparentemente logran aliviar las penurias de sus devotos. A estas figuras de culto que surgen en momentos de crisis sin el respaldo de alguna institución, pero con gran arraigo del pueblo se les conocen como santos populares, que pueden ser desde personajes reales que una vez muertos interceden por los vivos o apariciones milagrosas. En su caso, veneración a la muerte se podría considerar la más antigua y con gran desarrollo a lo largo de los siglos.

Como ya lo hemos tratado, la peste negra represento una catástrofe que cimbro todas las estructuras del mundo occidental en la Edad Media, desde la revolución económica que cimento el principio del fin del feudalismo y también provoco un cambio en la percepción religiosa del mundo. La gran cantidad de muertos que cobro la peste hizo ver en los europeos la fragilidad de la vida y que nadie por mas que sea rey, noble, sacerdote o campesino podía estar por encima de la muerte.

Esto hizo que el miedo a que en cualquier momento se podría morir sin haber comulgado por los cometidos los condenara a una eternidad en el infierno o a pasar un largo tiempo en el purgatorio antes de saber su destino. Para evitar ese destino, las peras empezaron a congregarse en “Cofradías de la Buena Muerte” cuya pertenencia les garantizaba a sus miembros tuviesen entierros dignos, que se rezaría por la salvación de su alma cuando muriese y que su paso por el purgatorio fuera rápido. En estas cofradías se congregaban personas de todas las clases sociales, siendo los ricos los que más beneficio dejaban, ya que cuando uno de ellos no dejaba herederos para su fortuna, solían dejar sus posesiones en manos de la cofradía para garantizar las misas por sus almas y a la vez ayudar a los más pobres a que tuvieran acceso a ella.

La iconografía característica de la muerte se genera en la Edad Media, siendo que la mayor parte de la población era analfabeta, decidieron usar símbolos para lograr comunicar el mensaje de la visión de la muerte. Para esto, se usan los esqueletos para representarla en diversos formatos, ya sea la calavera que simboliza a Adán cuyo destierro del Paraíso provoco en nacimiento de la muerte en la tierra, y sobre todo se coloca en símbolo de derrota ante la cruz representando la resurrección de Cristo, ya que al hacerlo representa que él fue el único que pudo derrotar a la muerte.

Las epidemias que sufrieron las sociedades europeas y americanas hicieron que la muerte adquiriera en el arte una actitud beligerante, ya que ante ella sea rico o pobre a todos se ha de llevar. Es en el siglo XVIII en que la figura de la muerte se fusiona con la representación de la peste, es de ahí que adquiere la iconografía que tanto la caracteriza como los hábitos franciscanos, la capa, el reloj de arena y diversos objetos para recolectar las almas que van desde el típico azadón hasta mosquetes o arcos y flechas. Por parte de la religiosidad indígena, debido a la falta de fuentes que tenemos sobre el culto a los dioses de la muerte, no sabemos que tanto llego a influenciar sobre la religiosidad popular alrededor de la muerte.

El dogma católico deja claro que al ser la muerte proceso intrínseco en la vida del ser humano, no debía de ser divinizado, ya que al hacerlo se estaría cayendo en idolatría. El puesto que tuvo la muerte en la sociedad novohispana como la gran justiciera hizo que al nivel popular empezara a adquirir cierto culto que pasaba por debajo de los ritos católicos, el primero que se tiene registro es el caso de San Pascual Bailón, un monje franciscano español que vivió en el siglo XVI y que paso a ser santificado en 1690. Las celebraciones de su proceso de canonización a lo largo del siglo XVII por los franciscanos en Guatemala por medio de túmulos funerarios dejo una gran impresión en los indígenas quienes empezaron a asociar el simbolismo de los esqueletos con el santo. Fue en 1650 que la región fue azotada por epidemias que diezmaron a la población cuando se manifestó en la visión de un anciano indígena de San Antonio Aguascalientes lo que dio inicio a su culto al parar la enfermedad en los que se amparaban bajo su protección. Esto no fue bien visto por las autoridades eclesiásticas y pronto la inquisición empezó a perseguir su culto, que permaneció oculto hasta que se libró del dominio español en el siglo XIX y a partir de ahí se manifiesta sin tapujos su culto en Guatemala y Chiapas.

Hay otro caso en Amoles, Querétaro, que se manifestó en 1793 de la mano de un fraile franciscano y un indígena que en un templo le rendían culto a una figura esquelética conocida como el Justo Juez que se había llevado al 80% de la población en diversas ocasiones en la Nueva España. Los iniciadores del culto fueron procesados por la inquisición, pero logro arraigo popular y se cree que las oraciones dedicadas a ahora a la Santa Muerte son derivadas de este.

Para 1775 las representaciones de la muerte fueron prohibidas y ceremonias como el triunfo de la Cruz sobre la Muerte llevadas a cabo en Semana Santa fueron abandonadas por la iglesia, pero no por el pueblo quienes siguieron con el culto. Esta situación sumada a los procesos de desamortización y la lucha contra el poder de la iglesia por el estado mexicano en el siglo XIX hizo que su culto se hiciera independiente de la religiosidad católica y se arraigara en las clases más desfavorecidas. Aún sobreviven cultos que se acercan a los cultos novohispanos en las zonas rurales como el de San Pascual Bailón o el de “Nuestra Señora la Muerte” de Yanhuitlán, Oaxaca, y en paralelo con el actual culto que es seguido en las zonas urbanas, lo que ambos manifiestan es la creencia en un proceso que iguala a todos y que es una escapatoria para la dura realidad que les toco vivir.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía:

Elsa Malvido, Crónicas de la Buena Muerte a la Santa Muerte en México, revista Arqueología Mexicana no. 76.

Carlos Navarrete, Orígenes del culto a San Pascual Bailon-Muerte en el sur de Mesoamérica, revista Arqueología Mexicana, no. 40.

José Gil Olmos, Santos Populares. La fe en tiempos de crisis.

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Imagen:

– Izquierda: Carro de la Muerte, Yanhuitlán, Oaxaca, siglo XVIII

– Derecha: Capilla de El Rey San Pacual, Olintepeque, Guatemala.

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