Llega el año de 1788 y Carlos III fallece dejando el trono a su hijo Carlos IV. Al ver como las cosas se fueron complicando en la vecina Francia, deja a cargo de la política exterior al conde de Floridablanca quien pretendía crear un cerco para evitar que las ideas revolucionarios se esparcieran por España. Para 1793, es sustituido por el conde de Aranda quien relaja las medidas censoras, llegando a pasar las noticias de la ejecución del monarca francés.
Por esto, el conde de Aranda es destituido y acusado de traición, momento en el que asciende unos de los hombres que será determinante para la historia peninsular, Manuel Godoy. A diferencia de su antecesor, el apuesta por una política agresiva con el fin de recuperar territorios perdidos ante los franceses con la promesa de intercambiarlos por la isla de Santo Domingo, pero lo único que provoca es que los republicanos se logren infiltrar a lo largo de los territorios fronterizos.
Los ideales republicanos tendrán cabida dentro del propio proyecto modernizador de los Borbones, y este será el sistema universitario. Las ideas revolucionarias fueron esparciéndose dentro del ámbito académico, llegando a cruzar el mar hacia las universidades americanas, por lo que la pequeña población profesionista fue adoptando los principios de la revolución.
A diferencia de la política centralista, los nuevos ilustrados apostarían por una visión más pluralista, volviendo a la idea pactista medieval en lugar de la unificación entorno a lo español. En su momento, el conde de Floridablanca sugeriría empezar a clausurar las universidades para evitar que se siguiera expandiendo los ideales liberales.
La xenofobia reinante en la península y el menosprecio generalizado de las posesiones americanas como componentes de la monarquía hispánica harían que los políticos consideraran inaceptables las propuestas de los liberales. Pero los americanos no olvidarían la afrenta que supuso la imposición de los cambios estructurales de las intendencias y el alejamiento del poder de las elites locales, por lo que ven que el nuevo sistema lejos de representar un beneficio, solo engrandecía el poder de los peninsulares.
A pesar de la temprana presencia de las ideas francesas en los círculos profesionales, no será hasta 1808 con la invasión napoleónica y la puesta de las Cortes de Cádiz cuando empieza a proliferar dentro de los criollos americanos. Las diferencias culturales de americanos y peninsulares empezaron a aflorar, y ante la falta de negociación por parte del gobierno peninsular, los criollos empezaran a tomarse en serio la idea de la independencia.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Rafael Estrada Michel, Monarquía y Nación, entre Cádiz y Nueva España.
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Imagen: Jean Bautiste Houël, Toma de la Bastilla, 1789.



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