La rebelión de Manco Inca y el sitio de Cuzco.

La estabilidad que los españoles habían logrado durante la conquista de los Andes se desmoronó rápidamente con la fuga de Manco Inca en abril de 1536. Esta vez, el líder inca estaba decidido a expulsar a los invasores, aprovechando su legitimidad para reunir a los indígenas descontentos por las duras condiciones impuestas por Francisco Pizarro y sus tropas en el Tahuantinsuyo. Manco Inca vio una oportunidad estratégica en la dispersión de las fuerzas españolas, que estaban ocupadas en la conquista de otros territorios del imperio, lo que facilitó los ataques a escuadrones aislados de soldados españoles y sus aliados. El inca ordenó matar a todos los cristianos que encontrasen y, además, a los cerdos, una fuente clave de alimentación para los invasores.

Para mayo, los incas habían reunido una considerable fuerza con el objetivo de recuperar la capital imperial, Cuzco. Las fuentes de la época coinciden en que las tropas rebeldes superaban ampliamente en número a los españoles y aliados atrincherados en la ciudad. Aunque las cifras varían, algunas exageradas y otras más moderadas, todas subrayan la ventaja numérica de los incas. Las condiciones estaban dadas para que este enfrentamiento fuera un golpe moral decisivo para ambos bandos, definiendo el destino de la guerra.

Según las crónicas, las fuerzas incaicas tomaron ventaja inicial al usar tácticas que aprovecharon el terreno montañoso. Atrajeron a la reducida caballería española hacia aparentes zonas fáciles de acceso, solo para emboscarlos en alturas donde los incas tenían superioridad estratégica. Un logro significativo fue la recuperación de la fortaleza de Sacsayhuamán, un punto clave que estaba en manos de los cañaris, quienes eran aliados de los españoles.

A pesar de este comienzo prometedor, los hermanos Pedro, Juan y Hernando Pizarro lograron sostener la resistencia gracias a su fuerza compuesta de cañaris y chachapoyas, quienes combatieron ferozmente las ofensivas incaicas. Además, muchos curacas indígenas no apoyaron la rebelión de Manco Inca, lo que debilitó la posibilidad de un apoyo masivo para retomar Cuzco.

Una vez rodeada la capital, los incas emplearon una estrategia psicológica al incendiar los pueblos cercanos, utilizando el humo para sembrar el desconcierto dentro de la ciudad. Paralelamente, tomaron posiciones estratégicas en las periferias, erigiendo cercas y colocando trampas para neutralizar la ventaja de la caballería española. Ante esta situación, Hernando Pizarro reorganizó la defensa dividiendo sus fuerzas en cuatro frentes y fortificándose en el centro de la ciudad, configurándolo como una especie de ciudadela para resistir el asedio.

Las estimaciones más conservadoras indican que las fuerzas incaicas durante el asedio a Cuzco eran de aproximadamente 50,000 personas, de las cuales se calcula que al menos la mitad eran soldados, mientras que el resto estaba compuesto por voluntarios. Este gran número de participantes puede explicar las elevadas bajas entre los rebeldes, ya que la estrategia de Manco Inca parecía basarse en la capacidad de sostener pérdidas significativas mientras mantenía una presión constante sobre las fuerzas españolas. La esperanza recaía en que el enorme contingente rebelde fuese suficiente para asegurar la victoria.

Sin embargo, Hernando Pizarro no permitió que la superioridad numérica de los incas determinara el resultado. Aplicó una táctica que consistía en rotar a sus tropas, permitiendo que algunos escuadrones combatieran mientras otros descansaban. Este enfoque desgastó gradualmente a las fuerzas de Manco Inca, quienes, tras semanas de lucha, comenzaron a retirarse del cerco hacia las alturas de la sierra, con Sacsayhuamán como último bastión.

La recuperación de la fortaleza de Sacsayhuamán se convirtió en el objetivo prioritario para los españoles y sus aliados indígenas. La batalla por este estratégico punto fue feroz y prolongada. Aunque los incas opusieron una resistencia notable, eventualmente comenzaron a quedar sin piedras para arrojar y carecían de alimentos suficientes para sostener el sitio. Estas carencias los debilitaron progresivamente, lo que permitió a los españoles tomar la fortaleza. Durante el enfrentamiento, Juan Pizarro perdió la vida, lo que subraya la intensidad de la lucha.

Finalmente, Sacsayhuamán cayó, marcando el fin del primer asedio a Cuzco tras dos meses de lucha. Los españoles, en un acto de represalia y para evitar futuras rebeliones, ejecutaron a todos los prisioneros rebeldes capturados durante la campaña.

La victoria de los conquistadores fue narrada con un tono épico, destacando cómo lograron sobreponerse a las bajas sufridas, que alcanzaron cerca de 300 españoles muertos a manos de las fuerzas incaicas. Sin embargo, la resistencia de Manco Inca no cesó. Determinado a retomar Cuzco, organizó un segundo sitio, esta vez de 20 días, en el que consiguió destruir un refuerzo de 200 hombres enviado por Francisco Pizarro desde Lima. Los incas se apoderaron de las armas y los caballos de esta expedición, fortaleciendo su capacidad de combate.

En esta ocasión, los españoles tomaron mayores precauciones. Fortificaron la posición estratégica de Sacsayhuamán y reforzaron las defensas en las entradas de la ciudad, lo que evitó ataques de mayor gravedad. A pesar de estas medidas, algunas tropas incaicas lograron infiltrarse en Cuzco y perpetraron ataques internos. Sin embargo, estos no llegaron a mayores debido a motivos religiosos que detuvieron a los atacantes, lo que permitió a los españoles reorganizar sus fuerzas.

Con la intención de neutralizar definitivamente la amenaza de Manco Inca, Hernando Pizarro decidió perseguirlo hasta el valle de Yucay, donde los informes indicaban que se encontraba atrincherado en la fortaleza de Ollantaytambo. Para esta misión, reunió una considerable expedición compuesta por tropas españolas y aliados indígenas. Sin embargo, las ventajas del terreno defendido por los incas resultaron insuperables. Además, las fuerzas de Manco Inca utilizaron las armas capturadas en el segundo sitio de Cuzco, aumentando su eficacia. Este episodio quedó marcado por la impresionante aparición de Manco Inca, quien, montado a caballo y armado con una lanza, inspiró a sus tropas y reforzó la moral de los defensores.

Para contrarrestar el impacto psicológico que la rebelión de Manco Inca estaba generando, Hernando Pizarro implementó una política de terror destinada a desincentivar el apoyo a los indígenas sublevados. Paralelamente, fortaleció las medidas de seguridad para reducir la efectividad de cualquier contraataque incaico. Sin embargo, la magnitud de la rebelión desbordaba las capacidades de los españoles en Cuzco, lo que llevó a Francisco Pizarro, desde Lima, a redoblar sus esfuerzos para enviar refuerzos.

Pizarro intentó movilizar todos los recursos disponibles en los territorios bajo su control. Sin embargo, lo recaudado resultó insuficiente para superar la amenaza inca. Ante esta situación, se vio obligado a buscar apoyo en otros territorios hispanos como Panamá, Nicaragua y otras colonias, apelando a la garantía que ofrecían las riquezas obtenidas en el Tahuantinsuyo. Este esfuerzo dio frutos cuando Hernán Cortés, desde México, envió mosquetes y artillería en apoyo a la causa.

A pesar de disponer de los recursos de las cajas reales pertenecientes a la Corona y de apropiarse de los bienes de los fallecidos para financiar las defensas, los esfuerzos no lograron evitar que los incas dirigieran su atención hacia Lima. La nueva capital, un punto estratégico clave para consolidar la presencia española en los Andes, se convirtió en el próximo objetivo de la rebelión, subrayando la persistencia de Manco Inca y la aparente fragilidad de la ocupación hispana en la región.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Antonio Espino Flores. Plata y sangre. La conquista del imperio inca y las guerras civiles del Perú.

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Imagen: Guaman Poma de Ayala, del libro Primer nueva corónica y buen gobierno, 1615.

Izquierda: Conquista. Manco Inga pega fuego al Cuyusmango a la Santa Cruz, hizo el milagro de Dios y no se quemó en el Cuzco.

Derecha: Conquista. Milagro de Santa Maria en el Cuzco. 

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