El 16 de noviembre de 1532, Francisco Pizarro y sus fuerzas pusieron en jaque al Tahuantinsuyo al capturar al inca Atahualpa en Cajamarca. Ante el caos, las tropas incas bajo el mando de Rumiñahui decidieron abandonar la ciudad y dejar a su soberano en manos de los españoles. Según el cronista Francisco de Jerez, Atahualpa fue interrogado tras su captura sobre su actitud hostil hacia la expedición. En este momento se reveló la subestimación y falta de precaución del inca hacia los españoles, ya que, según confesó, sus informantes le habían asegurado que los caballos de los invasores no eran seres míticos, sino mortales, lo que lo llevó a suponer que sus tropas serían suficientes para derrotarlos.
Las condiciones para la liberación de Atahualpa incluyeron entregar a Pizarro un cuantioso botín de oro y plata recolectado del imperio. Por esta razón, Pizarro decidió atrincherarse en Cajamarca a la espera del rescate prometido. Además, los españoles aguardaban la llegada de refuerzos liderados por Diego de Almagro, por lo que permanecieron un tiempo en la ciudad. Durante este periodo, Pizarro ordenó la fortificación de Cajamarca y el mejoramiento de sus defensas, anticipando una posible emboscada.
La situación del Tahuantinsuyo en ese momento era crítica. Aunque Huáscar se encontraba prisionero en Cuzco y sus partidarios habían sido recientemente derrotados, Atahualpa sabía que si estos establecían contacto con los españoles y conseguían su apoyo, la guerra civil podría reactivarse, lo cual pondría en riesgo su posición en el trono. Para evitar esta amenaza, ordenó la ejecución de su hermano Huáscar.
Mientras tanto, los españoles comenzaron la exploración de los territorios incaicos a principios de 1533. Una de las expediciones más notables fue la liderada por Hernando Pizarro, hermano de Francisco, quien partió con 20 soldados a caballo y entre 10 y 12 peones hacia Pachacámac. Su objetivo era verificar la presencia de ejércitos enemigos; aunque no encontraron fuerzas hostiles, hallaron oro y capturaron a un general inca al mando de las tropas en la zona.
Para junio de 1533, los españoles ya habían recolectado entre 1,326,539 y 1,528,500 pesos de oro (equivalentes a aproximadamente 6,092 kilos) y 51,610 marcos de plata (alrededor de 11,705 kilos) como parte del rescate de Atahualpa. En el reparto, a los soldados a caballo les correspondieron 8,880 pesos de oro y 362 marcos de plata, mientras que la infantería recibió 4,440 pesos de oro y 181 marcos de plata. Los cuatro hermanos Pizarro obtuvieron el 11% del botín, y se llegó a afirmar que lo obtenido en la conquista del Perú superaba con creces lo recaudado por Hernán Cortés en México.
A pesar de que el Inca había cumplido con su promesa de entregar el rescate, Francisco Pizarro, consciente de la situación favorable en que se encontraba, decidió negar su liberación y ordenar su ejecución, justificándose en una supuesta conspiración liderada por el general Rumiñahui para rescatar a Atahualpa. Es probable que Pizarro considerara que, tras la muerte de Huáscar y ante la falta de otra figura política fuerte, lo mejor era eliminar a Atahualpa.
La decisión de ejecutar al Inca no contó con el respaldo de todos los españoles. Algunos como Rodrigo Ordóñez, Lope Vélez y Hernando de Soto abogaban por respetar su vida, pero se encontraban fuera de Cajamarca en el momento de la sentencia. Incluso, años después, el propio emperador Carlos I expresó su desacuerdo con la decisión tomada por Pizarro.
Finalmente, el 29 de junio de 1533, Atahualpa fue ejecutado mediante garrote vil, evitando ser quemado en la hoguera al aceptar el bautismo y recibir sepultura cristiana. Tras su muerte, Pizarro decidió coronar como nuevo Inca a Túpac Huallpa, tercer hijo de Huayna Cápac y aliado de Huáscar, quien sería completamente sumiso a los intereses españoles.
Uno de los problemas que comenzaba a surgir entre los españoles era la presencia de Diego de Almagro. Al no haber participado ni en las operaciones de internamiento en el territorio incaico ni en la emboscada de Cajamarca, Almagro y sus hombres solo recibieron entre 386,400 y 100,000 ducados, lo que generó descontento entre sus seguidores, quienes pensaban que toda la riqueza estaba siendo acaparada por Pizarro. Este factor pudo haber influido en la decisión de ejecutar a Atahualpa para evitar una futura competencia por el liderazgo.
Por el momento, la tensión fue controlada, y Pizarro continuó junto a Almagro en la campaña de conquista. El 11 de agosto, ambos dejaron Cajamarca y se dirigieron al sur, hacia Jauja, un territorio habitado por los huanca, quienes los recibieron amigablemente y se unieron a ellos como aliados para liberarse del dominio inca. Los huanca proporcionaron 1,500 guerreros y 800 cargadores. A pesar de este apoyo, Jauja no era un lugar completamente seguro, ya que los españoles fueron atacados por tropas quiteñas leales a Atahualpa que buscaban emboscarlos. Sin embargo, los quiteños no lograron aprovechar su conocimiento del terreno y no pudieron hacer frente a la caballería española, ya que no estaban acostumbrados a combatir este tipo de tropas, lo que resultó devastador para ellos.
Esta situación obligó a Pizarro a quedarse en Jauja durante quince días. En ese tiempo, fue informado de la repentina muerte de Túpac Huallpa, quien posiblemente había sido envenenado por partidarios de Atahualpa. Sin embargo, esto no impidió la consolidación de la presencia española, gracias al respaldo otorgado por los curacas huancas, quienes continuaron proporcionándoles tropas, víveres y mujeres, lo cual motivó a Pizarro a fundar una ciudad española en la zona.
Finalmente, Pizarro dejó Jauja el 27 de octubre para continuar su marcha hacia Cuzco, no sin antes enviar una vanguardia liderada por Hernando de Soto para asegurar el camino. Aun así, fueron emboscados al atravesar la sierra de Vilcashuamán. Según las crónicas, en el enfrentamiento murieron cinco españoles y 800 indígenas, aunque la situación fue finalmente controlada cuando Diego Trujillo decidió capturar la población principal, que estaba ocupada únicamente por mujeres y niños. Esta acción permitió negociar la retirada de las tropas incas. Sin embargo, el hecho de que diecisiete caballos resultaran heridos generó una sensación de vulnerabilidad entre los soldados españoles, quienes comenzaron a preocuparse por los desafíos que enfrentarían en el camino hacia Cuzco.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Antonio Espino Flores. Plata y sangre. La conquista del imperio inca y las guerras civiles del Perú.
Para más contenido histórico o para opinar del tema, visita la página de Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100064319310794
Si te gustan los artículos, leer mas de los publicados en el blog y apoyar al proyecto, vuélvete un asociado en la cuenta de Patreon: https://www.patreon.com/user?u=80095737
Únete a Arthii para conocer a mas creadores de contenido siguiendo este enlace: https://www.arthii.com?ref=antroposfera
Imagen: Guaman Poma de Ayala. Primer nueva corónica y buen gobierno, 1615.
Izquierda: Prision de Atahualpa en Cajamarca.
Derecha: Ejecución y corte de la cabeza de Atahualpa.



Respuestas