Durante mucho tiempo, se consideró que las regiones tropicales no eran favorables para los primeros desarrollos civilizatorios. Sin embargo, las planicies costeras del sur de Veracruz y el este de Tabasco, con sus selvas tropicales y extensos humedales, demostraron ser propicias para establecer los primeros asentamientos sedentarios en la región, gracias a la abundancia de recursos naturales y la fertilidad del suelo.
Estas condiciones favorecieron un desarrollo acelerado de las poblaciones locales, permitiendo la formación de sociedades más complejas y el surgimiento de los primeros liderazgos regionales. Entre los asentamientos más antiguos se encuentra uno cercano a la ciudad de La Venta, en Tabasco, que es considerado el más antiguo de la región. Este sitio tiene una datación que abarca del 2350 al 2100 a.C., contemporáneo a los primeros vestigios civilizatorios de la cerámica de Puerto Márquez y los asentamientos iniciales en el Soconusco.
A mediados del siglo XIX comenzaron a encontrarse las famosas cabezas colosales en la región del Golfo de México. Los primeros estudiosos atribuyeron estos monumentos a los pueblos que habitaban la zona durante la época de la conquista española. Estos pueblos eran conocidos por los mexicas como los olmecas, “la gente de la tierra del hule”, en referencia a los árboles de los que extraían la savia para producir este material.
No fue sino hasta la primera mitad del siglo XX que los estudios sobre la cultura olmeca avanzaron significativamente, determinándose su antigüedad y reconociéndose como la “cultura madre” de Mesoamérica. En 1945, durante las investigaciones realizadas por Matthew Stirling y su esposa Marion, se descubrió el sitio de San Lorenzo Tenochtitlán. Allí encontraron once esculturas, incluyendo cuatro cabezas colosales y un trono, lo que impulsó los trabajos de exploración en la región. Estas investigaciones continuaron hasta la década de 1970, cuando fueron relevadas por un nuevo proyecto que inició en 1990 y que permanece activo hasta el día de hoy.
La llanura donde se localiza San Lorenzo Tenochtitlán se caracteriza por estar mayormente inundada debido a los extensos humedales de la cuenca baja del río Coatzacoalcos, con solo un 20% de tierra firme disponible. Entre los años 1800 y 1600 a.C., los primeros habitantes eligieron el lomerío más elevado del terreno para fundar una aldea. En este asentamiento inicial, la densidad demográfica alcanzaba aproximadamente 21 habitantes por hectárea, dedicados al cultivo y al consumo de tubérculos como la yuca.
Durante este periodo, surge la primera evidencia de organización comunal a gran escala. Hacia el 1400 a.C., los habitantes comenzaron a movilizar cerca de 2 millones de toneladas de tierra provenientes de las regiones circundantes, con el propósito de expandir la isla donde se habían asentado. Este esfuerzo monumental tenía como objetivo crear terrazas habitacionales y construir un centro ceremonial que representara la mítica montaña sagrada, símbolo del Monstruo de la Tierra en su cosmovisión.
De estos primeros siglos, se han identificado vestigios como un posible espacio teatral y un pequeño centro ceremonial en el cercano cerro El Manatí. Aunque no se han encontrado esculturas monumentales de este periodo, sí existen evidencias de una avanzada tecnología para trabajar la piedra basáltica, incluyendo vasijas de piedra, lo que refleja el desarrollo de habilidades excepcionales en el labrado.
El periodo de esplendor de San Lorenzo se caracteriza por la producción de impresionantes esculturas monumentales que reflejan el poder y la organización de su sociedad. Entre los hallazgos más destacados se encuentran 4 tronos que representan a gobernantes divinos, 10 cabezas colosales, 13 figuras humanas, 7 figuras zoomorfas, 6 figuras humanas con rasgos fantásticos y 4 estelas. También se han identificado piezas singulares como un sarcófago, una fuente, una losa y algunas columnas. Estas obras, elaboradas con notable uniformidad estilística, no solo se circunscriben al núcleo urbano de San Lorenzo, sino que también se distribuyen hacia centros secundarios como El Azuzul, Loma del Zapote, Estero Rabón, Tenochtitlán y El Remolino. Esta uniformidad sugiere un fuerte centralismo político, en el que las autoridades ejercían su poder al coordinar estos proyectos monumentales.
El crecimiento de la ciudad tuvo dos fases principales. Entre 1600 y 1400 a.C., San Lorenzo alcanzó una extensión de 90 hectáreas, con una zona de influencia nueve veces mayor. Posteriormente, entre 1200 y 1000 a.C., la ciudad llegó a abarcar 775 hectáreas, con una población estimada en 12,000 habitantes, comparable a las grandes capitales del Posclásico. Sin embargo, a partir del 1000 a.C., San Lorenzo inició un periodo de decadencia, reflejado en una tasa de crecimiento extremadamente baja, del 0.01%, marcando el declive de su influencia regional.
El crecimiento poblacional en San Lorenzo impulsó la continua expansión de su meseta artificial, que llegó a abarcar 90 hectáreas. Con un volumen estimado de entre 6 y 8 millones de metros cúbicos de material transportado, esta obra monumental se posiciona como la estructura artificial más grande del mundo, superando ampliamente a la Gran Pirámide de Cholula, que cuenta con 3.3 millones de metros cúbicos, y a la Pirámide de Keops, con 2.4 millones. La ubicación de la meseta en una región de humedales refuerza su significado simbólico, representando al “Monstruo de la Tierra” que nada sobre el océano primigenio, un concepto central en la cosmovisión olmeca.
La meseta artificial también reflejaba la estratificación social de San Lorenzo. Las áreas elevadas estaban reservadas para la élite y el centro ceremonial. Destaca el Conjunto Palaciego, con una extensión estimada de entre 10,000 y 12,000 m², donde sobresale el Palacio Rojo, cuyo nombre se debe al distintivo color rojo sangre de su piso. En el ámbito religioso, el Conjunto E era el núcleo ceremonial principal, con plataformas dispuestas alrededor de un patio y alineaciones astronómicas, lo que sugiere su importancia como uno de los primeros centros de poder político-religioso.
A partir del 1000 a.C., San Lorenzo perdió su preeminencia, siendo reemplazado por La Venta como el principal centro olmeca. Sin embargo, los 800 años de desarrollo continuo de San Lorenzo probablemente sirvieron como modelo para la organización de los asentamientos campesinos, sentando las bases para la formación de los primeros estados mesoamericanos.
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Federico Flores Pérez
Bibliografía: Ann Cyphers. Los olmecas de San Lorenzo, de la revista Arqueología Mexicana no 150.
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Imagen:
Izquierda: Monumento 1. San Lorenzo Tenochtitlan, Veracruz, Cultura Olmeca, Preclasico Medio.
Derecha: Relieve de la Isla de San Lorenzo. Fuente: https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/arquitectura-olmeca-de-tierra



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