La muerte entre los indígenas novohispanos del siglo XVI

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La conquista española estuvo acompañada de la evangelización de los frailes, los cuales tuvieron que tratar con los indígenas para irlos encausando en el camino de la “religión verdadera”. Como sabemos, esta etapa distó de ser pacífica y se caracterizó por la serie de campañas que poco a poco fueron incorporando los estados mesoamericanos al dominio español sumado a los nefastos efectos de las enfermedades recién llegadas provocaron una mortandad que se llevó a gran parte de la población, por lo que las ceremonias entorno a la muerte tuvieron su auge y les tocaría a los religiosos conocer de primera mano la concepción mesoamericana de la muerte, sobre todo tenían que hallar la forma de que sus rituales pasaran a la transición con el ceremonial católico.

De esta época tenemos a los grandes cronistas como Bernardino de Sahagún, Motolinía, Diego Duran entre otros que nos legaron valiosa información de la aun viva tradición mesoamericana, así como los efectos inmediatos de la conquista como de pasar de 26 millones de habitantes que tenía la Cuenca de México para terminar a mediados de siglo XVI con 6 millones y a finales de siglo con solo 1 millón. Un ejemplo nos lo relata Motolinía, quien atestigua la tradición de enterrar a los muertos en las casas, pero la mortandad llego a tal que estas mismas después del entierro y por los olores expedidos tenían que ser abandonadas, pasando de ser hogares a criptas y los pueblos convertidos en verdaderas necrópolis.

Una de las afinidades que nota entre las dos tradiciones culturales está en el sacrificio y la antropofagia, ya que entiende que su práctica se relaciona con la comunión que hacían con las deidades y que coincidía con el ceremonial cristiano de beber la sangre Cristo, por lo que había una oportunidad de encausar las creencias autóctonas con el proceso evangelizador. Aun con la manifiesta repulsión de los sacrificios por parte de los españoles y la serie de prohibiciones que trataron de hacer, las ceremonias se seguían practicando, pero la mortandad provocada por las enfermedades o los trabajos extenuantes hizo más fácil que los sobrevivientes fueran abandonando las practicas que tanto desagradaban a los conquistadores.

Parte importante para el proceso de evangelización consistió en ir instituyendo la conmemoración de los muertos al sistema católico, por lo que después de los reasentamientos de los indígenas se pone a la iglesia como el camposanto para todos los miembros de los pueblos enterrándolos en los atrios de las iglesias y a los personajes importantes en el interior de las naves siendo los principales los más cercanos al altar mayor. Los religiosos tenían entre sus obligaciones la de proporcionar la extremaunción a los moribundos para poder asegurarles su porvenir en el más allá, pero todo el rito que implicaba tanto el servicio religioso como el entierro resultaba demasiado caro de pagar para los indígenas, que si lo hacían pagaban en especie, por lo que se conocieron casos en que si en una pareja uno cae gravemente enfermo, este se encargaba de matar a su conyugue para no dejarlo endrogado con los gastos del entierro.

Los únicos que tenían la capacidad de cumplir con la tradición católica eran los caciques, cuyas aportaciones servían para cubrir los gastos funerarios de los muertos desfavorecidos, por lo que queda claro que ante lo inaccesible que representaban los servicios religiosos los indígenas persistían con las costumbres paganas. La idea de la inmortalidad del alma era contraria a la cosmovisión indígena, que a diferencia de la actual creencia popular que se atribuye un origen prehispánico, la tradición mesoamericana nos habla de un periodo de rememoración del difunto de 4 años y terminado este se olvida su recuerdo como persona pasando a ser un teotl sin mayor identificación. La costumbre española de crear lapidas con epitafios conmemorativos de los muertos resultaban a los indígenas aterradora, ya que impedía que el muerto pasase por la desintegración natural que le correspondía al alma.

La nobleza indígena fue la más interesada por adoptar el ritual católico, siendo los principales impulsores en la construcción de iglesias y capillas para que su memoria persistiera, aunque en los funerales persistía la antigua ostentación que hacían los señores al ir vestidos con sus mejores trajes y acompañados de profusas ofrendas que llegaban a incluir joyas, costumbres que a los religiosos no les represento problema alguno. Uno de los ataques por parte de los religiosos hacia las creencias indígenas lo constituye el Tercer concilio provinciano de México celebrado en 1585, dando la orden a frailes y sacerdotes de sancionar el “derecho al olvido” prehispánico, para pasar al derecho a la memoria y a la implementación del memento mortis como principio en la evangelización, determinando que los gastos de los pobres sean sufragados por las limosnas de las iglesias, la disposición de los bienes de los muertos que hayan dejado testamento y en caso de que haya dejado heredero le corresponde a la iglesia una quinta parte para pagar los gastos del funeral y de las misas para velar por el alma del difunto, sancionando a los religiosos si estos agarraban algo de la herencia en caso de no haber dejado el difunto en regla sus bienes.

Se comisiona a los sacerdotes a impedir que se generan los banquetes y borracheras tradicionales que hacían los indígenas en los sepulcros, teniendo la obligación de estar presentes durante todo el proceso fúnebre tengan o no recursos. Es así que con el paso del tiempo las creencias sobre el tratamiento de la muerte indígena fueron desapareciendo en favor de las disposiciones de la iglesia, pero lograría encontrar su persistencia hasta el día de hoy en la costumbre de conmemorar en diferentes días según el tipo de muerte de los cuales solo han perdurado en buena forma la celebración de Fieles Difuntos para los niños y Todos los Santos para los adultos.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Dominique de Courcelles. Funerales indios en Nueva España del siglo XVI o la memoria impuesta, de la revista Relaciones. Estudios de historia y Sociedad del Colegio de Michoacán.

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Imagen: Anónimo. Políptico de la Muerte. 1775

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