La independencia de Estados Unidos y sus consecuencias en la América hispana.

A pesar de los intentos de la monarquía borbónica por avanzar con su agenda centralista en los territorios americanos, sus esfuerzos se verían amenazados por el contexto internacional que cuestionaba el poder absoluto de los monarcas europeos.

Uno de los eventos clave fue la Guerra de Independencia de Estados Unidos, un conflicto que surgió por el hartazgo de las Trece Colonias debido a los altos impuestos que se impusieron tras la Guerra de los Siete Años, en la cual los ingleses expulsaron a los franceses de Norteamérica y la India. Con el Estado británico necesitado de fondos, se comenzaron a cobrar impuestos por productos básicos como el té y la melaza. Al mismo tiempo, los colonos, tras la expulsión de los franceses, buscaban mayores concesiones territoriales, en ocasiones enfrentándose a las tribus indígenas, lo que aceleró el estallido del conflicto.

Debido a sus agravios históricos con Inglaterra, Francia y España colaboraron para expulsar a los ingleses de las colonias americanas, logrando su objetivo. Sin embargo, algunos políticos españoles, como el Conde de Aranda, consideraron que había sido un error apoyar a los rebeldes, profetizando que esa nueva nación, en crecimiento, podría convertirse en una amenaza para los territorios españoles en América.

Al mismo tiempo, en los territorios del Imperio español comenzaron a surgir conflictos como consecuencia de las reformas borbónicas, entre ellos la revolución de Túpac Amaru y la insurrección de los comuneros en Nueva Granada en 1780. Estas revueltas demostraron el malestar que había entre los criollos y las tensiones que las nuevas políticas centralistas estaban provocando.

Ante la creciente rebelión de los colonos británicos, algunos políticos españoles propusieron integrar una representación americana y filipina en las Cortes, con el objetivo de mitigar el sentimiento de descontento entre los criollos. La idea era demostrar que los virreinatos no eran simples colonias, sino provincias fundamentales del Imperio español, con derechos comparables a los de las provincias peninsulares.

De manera similar, el intendente de Ejército y Real Hacienda de Venezuela, José de Abalos, quien había presenciado las rebeliones en Sudamérica, propuso en 1781 dividir los territorios americanos en reinos presididos por infantes del rey, lo que conformaría una confederación presidida por España. El Conde de Aranda retomaría esta idea en su defensa de un ideal más autonomista para los territorios ultramarinos.

Sin embargo, a pesar de estas propuestas, los ideales de la independencia estadounidense comenzaron a difundirse entre las élites criollas. La influencia de estos pensamientos quedó reflejada en la rebelión de los comuneros, y los ideales independentistas empezaron a ganar terreno, alimentados por la indecisión de la monarquía española para otorgarles a los criollos el mismo estatus que a los peninsulares.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Rafael Estrada Michel, Monarquía y Nación, entre Cádiz y Nueva España.

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Imagen: Augusto Ferrer-Dalmau, Por España y el Rey. Gálvez en América.

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