Los hechos de 1808 llevaron a parte de la sociedad mexicana a cuestionar la negativa de los españoles a permitirles participar plenamente en la vida política de su propio reino. Esta situación hizo que algunos miembros del movimiento autonomista reconsideraran la necesidad de mantener relaciones con los peninsulares. Se debatía si permitirles gobernar los territorios o si era más prudente adoptar una postura más radical, cuestionando incluso la legitimidad de Fernando VII como rey.
Un primer intento para corregir los errores cometidos en la formación del Ayuntamiento de México surgió con la rebelión de Miguel Hidalgo. En sus escritos producidos durante la toma de Guadalajara, Hidalgo expuso la necesidad de crear un Congreso que reuniera a representantes de todas las provincias. Rechazó la idea de que la Regencia fuera la única instancia capacitada para promover tales iniciativas, abogando por un enfoque más inclusivo y representativo en la toma de decisiones políticas.
La pronta derrota de la primera insurgencia pospuso los planes de Hidalgo, pero su legado continuó a través de Ignacio López Rayón, quien asumió la dirección del movimiento insurgente. Rayón dio un paso significativo al crear la “Suprema Junta Nacional Americana” en Zitácuaro el 21 de agosto de 1811.
En este primer intento de formalizar el movimiento insurgente bajo una estructura legal, la Junta reconocía a Fernando VII como monarca, con la intención de delegar a los novohispanos las decisiones políticas y administrativas del reino. Sin embargo, esta estrategia fue cuestionada por José María Morelos, uno de los líderes insurgentes que había sido alumno de Hidalgo y que estaba logrando victorias significativas contra los realistas.
Morelos, con una visión más radical, comenzaría a cuestionar la viabilidad de mantener a Fernando VII como rey y buscaría avanzar en sus propias propuestas para la independencia y la organización del nuevo gobierno.
A medida que Morelos expandía su control territorial, fomentaba entre las comunidades la formación de cuadros políticos para que enviaran representantes a la Junta. A lo largo de la guerra, Morelos desarrolló la convicción de que, para lograr una independencia plena, era necesario romper el vínculo con la monarquía española. Consideraba fundamental establecer un gobierno propio, libre de la influencia de España.
Aunque Rayón y Morelos diferían en su aceptación de la monarquía hispana como cabeza del reino, coincidían en la necesidad de dividir la nación para su defensa. Rayón propuso la creación de cuatro Capitanías Generales, mientras que Morelos estableció dos. Ambos también acordaron una división eclesiástica para la administración y la elección de un Protector Nacional que se encargara del gobierno de la nación.
Mientras Morelos mantenía su racha de victorias contra las fuerzas realistas en el sur, el liderazgo de Rayón fue cuestionado debido a su incapacidad para avanzar en su frente en Michoacán y Guanajuato. La iniciativa de formar un congreso recayó entonces en Morelos, quien propuso reunir a los representantes en Chilpancingo para 1813.
En este contexto, se tenía conocimiento de la Constitución de Cádiz de 1812, que buscaba traer unidad política a los territorios hispanos. Sin embargo, Morelos rechazó la integración al movimiento gaditano, considerándolo una injerencia para crear gobiernos en territorios que no comprendían completamente. Esto generó un dilema significativo para la facción autonomista, herederos del movimiento del Ayuntamiento de 1808, quienes estaban indecisos sobre si enviar representantes a Cádiz o a Chilpancingo.
En septiembre de 1813 se logró la formación del “Congreso de Anáhuac”. Este congreso declaró la ruptura con la monarquía hispánica y propuso restablecer el “Imperio Mexicano”, fundamentándose en la historicidad del reino mexica. Su declaración de principios se plasmó en el documento “Sentimientos de la Nación”, escrito por Morelos, y se expidió el Acta de Independencia para el 6 de noviembre.
El número de representantes creció a medida que avanzaba el proceso legislativo para formular nuevas leyes. Se consideraba que el documento de Chilpancingo tenía una vigencia temporal, por lo que se congregaron en Apatzingán hacia 1814 para continuar el trabajo. El 22 de octubre de 1814, se promulgó el “Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana”.
Este decreto estableció los límites de la nueva nación, integrando las provincias de México, Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Oaxaca, Tecpán, Michoacán, Guadalajara, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Sonora, Coahuila y Nuevo León. Sin embargo, la situación de la Capitanía General de Guatemala quedó indefinida, ya que muchos insurgentes la consideraban parte de la Nueva España. Además, las Provincias Internas del Norte, que comprendían Chihuahua, las Californias, Nuevo México y Texas, también presentaban problemas de estabilidad en su gobierno, lo que exigía una reconsideración de su conformación política.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura
Federico Flores Pérez
Bibliografía: Rafael Estrada Michel, Monarquía y Nación, entre Cádiz y Nueva España.
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Imagen: Juan O´Gorman. Retablo de la Independencia, 1960-1961



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