La historia del juego de pelota mesoamericano.

El área cultural mesoamericana ha compartido una serie de elementos que permiten identificar a diversos pueblos como parte de esta tradición. Entre estos rasgos destacan una cultura alimentaria basada en el maíz, un sistema de creencias politeísta, la importancia del culto público que llevó a la construcción de grandes centros ceremoniales al aire libre, y, por supuesto, los juegos de pelota.

Estas estructuras dedicadas al juego de pelota se han localizado a lo largo de Mesoamérica y en el Suroeste de Estados Unidos, donde los pueblos fueron influenciados por la red comercial de la turquesa. Hasta ahora, se han identificado 2,570 canchas de juego de pelota, aunque solo 355 han sido excavadas. Es importante señalar que este número podría variar, ya que no todas las estructuras alargadas y paralelas pueden clasificarse automáticamente como canchas.

Las excavaciones arqueológicas han ayudado a esclarecer las dudas sobre la existencia y la variedad de los juegos de pelota en Mesoamérica. Se han identificado 14 tipos de canchas y 11 variantes. De manera general, existen las canchas abiertas, caracterizadas por estructuras alargadas que delimitan el área de juego. Los muros de estas estructuras suelen estar inclinados en forma de talud, lo que facilita el rebote de la pelota. En los extremos, se ubican otras estructuras que cierran el espacio, formando una característica doble T.

A partir de este diseño básico, se observan diversas variaciones que dependen de la cultura, la época o la región. En algunos casos, las canchas presentan marcadores en forma de arillos de piedra empotrados en el centro de las estructuras paralelas, a menudo decorados con motivos religiosos. En otras variantes, pueden carecer de edificios que cierren la cancha, reemplazados por muros bajos, o incluso albergar templos religiosos en la cima de las estructuras alargadas.

La presencia de canchas de juego de pelota en Mesoamérica se remonta a los primeros tiempos de la civilización en la región. Entre las primeras encontradas destacan las ubicadas en la Costa Sur del Pacífico, en sitios como Paso de la Amada, Takalik Abaj y El Ujuxte. Curiosamente, en la llamada “zona nuclear olmeca”, aún no se han hallado canchas. Sin embargo, evidencias como la ofrenda de pelotas de hule sólido encontrada en El Manatí sugieren que los olmecas practicaban este juego, aunque sus canchas podrían haber sido construidas con materiales perecederos como montículos de tierra apisonada que no resistieron el paso del tiempo.

Desde finales del Preclásico Medio y durante el Tardío, el juego de pelota aparece plenamente consolidado en varios sitios mesoamericanos, con aproximadamente 280 canchas identificadas. Esto destaca la importancia de la región sureste, posiblemente por ser la fuente del hule necesario para la fabricación de las pelotas utilizadas en este ritual y deporte.

Durante el Periodo Clásico, surge una incógnita sobre la práctica del juego de pelota en Teotihuacan, considerada la metrópoli de Mesoamérica. A pesar de su enorme influencia en el Altiplano Central y otras zonas, las evidencias de canchas de juego de pelota en la ciudad y sus alrededores son escasas o inexistentes. Sin embargo, otras pruebas, como figurillas de barro y murales descubiertos en el sitio, sugieren que sí se practicaba el juego, aunque posiblemente en una variante distinta. Según estas fuentes, parece que utilizaban bastones para golpear una pelota y mover una estela móvil que servía como marcador, una pieza que sí ha sido encontrada en algunos sitios teotihuacanos.

En contraste, las regiones donde se siguió construyendo canchas de juego de pelota parecen haber mantenido una cierta autonomía respecto a Teotihuacan. Entre ellas destacan el Golfo de México, en lugares como Cantona, y el Occidente, donde la práctica del juego de pelota se asocia con la tradición Teuchitlán, lo que refleja una diversidad cultural y regional dentro de Mesoamérica en cuanto a la continuidad de esta tradición.

Con la caída de Teotihuacan, la construcción de canchas de juego de pelota experimentó un notable auge y expansión. A pesar de ello, grandes ciudades como Cacaxtla, Motul de San José, y Bonampak aún no han revelado evidencia de la existencia de canchas. Sin embargo, durante este periodo, las canchas se empezaron a construir en regiones más alejadas hacia el noroeste, extendiéndose hasta Oasisamérica. En estas áreas, los antecesores de los indios pueblo edificaron canchas como un símbolo de prestigio y de su conexión con los “antepasados” del sur mesoamericano. Estas construcciones ocurrieron en dos periodos, que abarcan desde el año 750 hasta el 1150 d.C., año en que comenzó la decadencia de culturas del norte como la Hohokam y Chaco.

Con los análisis de los sitios arqueológicos realizados hasta la fecha, se ha determinado que aproximadamente la mitad de las canchas registradas pertenecen al Periodo Clásico Tardío (600-900 d.C.). Esto sugiere una fase de intensa interacción y dinámica social entre las diversas ciudades-estado mesoamericanas, reflejando la importancia creciente de este tipo de estructuras en las relaciones políticas, sociales y culturales del momento.

La llegada del Posclásico marcó un cambio drástico en la dinámica de los estados mesoamericanos, un cambio que también se reflejó en la práctica de los juegos de pelota. En la zona maya, el colapso de las ciudades de las Tierras Bajas trajo consigo transformaciones significativas en las tradiciones culturales. Un claro ejemplo es la continuidad de la tradición del juego de pelota en Chichen Itzá, que cuenta con 11 canchas. Sin embargo, en el resto de las ciudades de la península, la situación es preocupante, ya que muchas apenas tienen una cancha o incluso ninguna, como es el caso de Tulum y Mayapán. En el Altiplano guatemalteco, la tendencia se repite, siendo Iximché la única ciudad que llegó a construir dos canchas.

En el Centro de México, la situación es aún más compleja. La colonización española resultó en la destrucción de numerosas canchas que pertenecían a las comunidades del Posclásico, lo que dificulta el análisis sobre si hubo una disminución o un aumento en su número. Sin embargo, elementos asociados a estas canchas, como los aros, indican que, a pesar de los cambios y las destrucciones, la importancia de estas estructuras en la vida cultural y social de las comunidades mesoamericanas continuó presente.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Eric Taladoire. Los juegos de pelota en Mesoamérica. Investigaciones recientes, de la revista Arqueología Mexicana no. 146.

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Imagen:

Izquierda: Cancha de juego de pelota. Códice Nuttall, pág. 45, cultura Mixteca, Posclásico Temprano.

Derecha: Juego de pelota en Xochicalco, Morelos, Epiclásico.

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