Las comunidades de los estados de Jalisco, Zacatecas y Durango se opusieron firmemente a la implementación de las leyes de desamortización de las propiedades eclesiásticas y comunales establecidas en la Constitución de 1857. Esta oposición engrosó la resistencia conservadora en el Occidente, respaldada por el movimiento agrarista del cantón de Tepic dirigido por Manuel Lozada, conocido como «el Tigre de Álica». Los lozadistas tenían una gran presencia a lo largo de la Sierra Madre Occidental, desde donde podían atacar fácilmente a las autoridades republicanas y refugiarse ante la contraofensiva. Además, aprovechaban esta posición estratégica para atacar a las comunidades ajenas al levantamiento y saquearlas, quedando impunes.
Para combatir a los lozadistas, los liberales implementaron una política de amnistías al llegar a las poblaciones, con el objetivo de pacificar la región. En otras zonas, las gavillas representaban un continuo problema para la comunicación entre diferentes puntos, asaltando diligencias y rancherías. Las guardias cívicas eran las encargadas de perseguir y ajusticiar a estos bandidos cuando los capturaban, mientras que el gobierno destinaba contingentes de la Guardia Nacional para combatirlos y disminuir la delincuencia.
Zacatecas fue uno de los estados más afectados por la presencia de gavillas, que también mantenían presencia en Aguascalientes. Para combatirlas, el gobierno envió al teniente coronel Juan J. Sandoval con una fuerza de 1500 hombres a finales de marzo de 1863. Sandoval se coordinó con las autoridades de ambos estados para organizar un ataque contra el núcleo de las gavillas en Jalisco. Una de las gavillas más importantes, con presencia en el sur de Zacatecas y Aguascalientes, era la de Agapito Gómez. Esta gavilla contaba con una fuerza de 400 hombres y había formado parte de los ejércitos de Jesús González Ortega, desertando en agosto de 1862 para unirse a Tomás Mejía. Gómez y sus hombres atacaron diferentes poblados y haciendas sin considerar su filiación política.
Poco a poco, el ejército federal fue recuperando el control de la seguridad y obligó a Gómez a replegarse al partido de Sánchez Román (Tlalquitenango). El 2 de mayo de 1863, el ejército federal logró darles alcance en la hacienda de Huitzila, asestando un duro golpe a los gavilleros. En esta batalla, Agapito Gómez resultó gravemente herido y murió poco tiempo después, mientras que sus principales mandos fueron muertos. Las fuerzas federales también lograron rescatar a las personas que habían sido secuestradas a lo largo de las correrías de la gavilla.
En Jalisco, los principales jefes de gavillas eran Juan Chávez y Valeriano Larrumbide, caudillos que incluso asumieron su adhesión a la intervención francesa. El 9 de abril, atacaron la ciudad de Lagos con una fuerza de entre 1,000 y 2,000 hombres. Sin embargo, la defensa del coronel Antonio Rojas, un ex-bandido de la región que se acogió al indulto de los liberales, logró repelerlos en una batalla de 4 horas, causándoles unas bajas de 100 muertos y 40 prisioneros, y prácticamente destruyendo toda su infantería.
A pesar de la derrota, estos caudillos conservadores no se detuvieron. El 12 de abril, hicieron presencia en la ciudad de Aguascalientes y enviaron un ultimátum al gobernador José María Chávez, pidiéndole que se rindiera y abandonara la plaza. A pesar de que sus fuerzas eran mayores que las guardias civiles a su disposición, el gobernador Chávez decidió enfrentarlos. El ataque comenzó la tarde del 12 y terminó la mañana del 13, resultando en la derrota de los bandoleros, aunque no se pudo evitar el saqueo del Parián y la quema de buena parte de la ciudad.
Aunque la ciudad sufrió grandes pérdidas materiales, la victoria republicana se logró gracias al respaldo de la sociedad hidrocálida, que se sumó a los esfuerzos de defensa. Como respuesta, el gobernador Chávez ordenó la participación de todos los vecinos de entre 16 y 50 años para combatir a las gavillas conservadoras cuando se diera la orden desde los ayuntamientos, y declaró traidores a quienes no se presentarán.
A pesar de estas victorias, las fuerzas republicanas no podían asestar una derrota definitiva a las gavillas conservadoras, ya que estas resultaban muy escurridizas gracias a su conocimiento de la región. Cuando las tropas republicanas llegaban a una población, las gavillas huían, solo para regresar una vez que las tropas se retiraban. Por lo tanto, los encuentros frontales con las principales gavillas eran raros.
Las autoridades políticas de Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes actuaban en conjunto para combatir a los bandoleros, coordinándose con los alcaldes de los pueblos para organizar las persecuciones. Las acciones de la guerrilla conservadora se concentraban en Teocaltiche, donde Juan Chávez reunía buena parte de sus fuerzas y organizaba el reclutamiento para aumentar sus tropas y apoyar la causa imperialista.
Para ese momento, el bando republicano atravesaba serios problemas de presupuesto como consecuencia del avance francés, lo que limitaba las acciones del coronel Antonio Álvarez. Con pocos recursos proporcionados por el gobernador de Aguascalientes o el de Zacatecas, Álvarez solo podía dispersar a las gavillas temporalmente. El gobernador de Zacatecas, Jesús González Ortega, planeaba atacar Teocaltiche para vencer de una vez por todas a Chávez, pero para ello necesitaba el apoyo de 300 soldados de Álvarez. Sin embargo, Álvarez se negaba a enviar este contingente, ya que comprometería la defensa de Lagos.
Conforme avanzaba el año, el Occidente se volvía una región cada vez más problemática debido al arraigo de las gavillas conservadoras. Los diferentes poblados del norte de Jalisco y Zacatecas sufrían ataques constantes sin poder hacer gran cosa más que detener a uno que otro bandido. Las gavillas se recomponían rápidamente de las derrotas infligidas por los generales republicanos y volvían a entrar en acción.
El problema de las gavillas conservadoras se extendía más allá del Occidente, comprometiendo a los gobiernos republicanos vecinos. Regiones como Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro y Michoacán también se veían afectadas, con Tomás Mejía estableciendo su zona de influencia. Los cabecillas conservadores se fortalecían mediante el saqueo de los pueblos, mientras que el bando republicano dependía del apoyo de los habitantes de las comunidades para defenderse del ambiente de terror en el que los estados se habían sumido.
Ante esta situación, los generales al mando de las fuerzas republicanas no tuvieron más opción que perseguir a las gavillas como podían, coordinándose con las autoridades locales y los habitantes para intentar mantener el control y proteger a las comunidades afectadas.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Gerardo Palomo Gonzales. Gavillas de bandoleros, “Bandas conservadoras” y Guerra de Intervención francesa (1863), de la revista Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de Mexico no. 23.
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Imagen: O. Laballéz, Al acecho, ca. 1850.



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