La fundación del presidio de San Agustín de la Florida.

Si bien los españoles enfrentaron dificultades para consolidar el asentamiento de Santa Elena, su presencia no resultó completamente en fracaso. Más al sur, lograron fundar un presidio que eventualmente se convirtió en una villa y perduró a lo largo del tiempo, siendo uno de los pocos asentamientos duraderos que establecieron y que ha llegado hasta nuestros días.

Todo comenzó como consecuencia de la campaña de Pedro Menéndez de Avilés para expulsar a los franceses hugonotes de su asentamiento en Charlesfort. Decidió desembarcar en la desembocadura del río Matanzas, donde se une con la isla Anastasia. Allí fue bien recibido por el cacique indígena Seloy, permitiéndole establecerse en su aldea. Pedro Menéndez de Avilés tomó posesión de la misma el 8 de septiembre de 1556.

Con la derrota trágica de los hugonotes, el territorio bajo posesión española se extendía desde los terrenos de Charlesfort (rebautizado como San Mateo) hasta la bahía de Mosquitos. Se iniciaron obras de fortificación para defenderse tanto de posibles invasiones como del ataque de los indígenas. Utilizaron como base la casa principal de la aldea, una gran choza circular, que equiparon con cañones.

La ubicación estratégica en los terrenos de la desembocadura del río permitió que San Agustín fuera una villa inexpugnable y fácil de defender, con excepción del ataque de Francis Drake. Sin embargo, al tratarse de terrenos pantanosos, no resultaron aptos para la agricultura. Los indígenas de la región empleaban el sistema de roza y quema para preparar los terrenos, los cuales abandonaban después de la cosecha para evitar el agotamiento de los nutrientes del suelo.

Esta dependencia de la producción indígena inicialmente proporcionó alimentos a los españoles, pero con el tiempo agotaron sus propias reservas, lo que llevó a que los indígenas se mostraran más reacios a entregar sus cosechas. Ni los agricultores asturianos ni los canarios lograron aprovechar los terrenos, ya que su baja productividad no permitía ni siquiera la cría de ganado debido a la escasez de alimento para mantenerlos.

Además, no fue posible establecer el modelo de encomienda como base de explotación de los colonos hacia los indígenas, tanto por la diversidad de tribus como por las recientes prohibiciones impuestas por la corona. En su lugar, surgió un sistema caciquil en el que los pobladores trabajaban grandes tierras comunales y poseían su correspondiente solar doméstico en la villa, un modelo que más tarde se aplicó en Nuevo Santander.

El asentamiento definitivo de San Agustín enfrentó varios problemas para establecerse, especialmente debido a la relación con los indígenas. El asentamiento inicial en Seloy apenas duró unos 8 meses, y debido a los movimientos de las mareas, su ubicación exacta se desconoce. A pesar de este contratiempo, los colonos no abandonaron la zona y continuaron probando suerte en varios puntos.

La conflictividad con los indígenas aumentó con el tiempo y sus ataques se volvieron más frecuentes. Esta situación generó una percepción negativa entre los colonos, considerando a los indígenas como traicioneros y mentirosos. Sin embargo, Pedro Menéndez de Avilés no optó por la rutina militar de atacarlos. En cambio, se inspiró en la estrategia del virrey Luis de Velasco en su guerra contra los chichimecas y decidió sobornar a los líderes indígenas con regalos, a pesar de los ataques que continuaban sufriendo.

Cuando el asentamiento de Seloy fue destruido, para evitar mayores conflictos, Menéndez de Avilés decidió abandonar esas tierras y establecerse en la isla Anastasia hacia 1566. Esta isla se encontraba deshabitada y era mucho más fácil de defender. Además, complementaron la defensa con el fuerte de San Mateo, y procedieron a la construcción de un asentamiento más pequeño que el de Seloy.

Así comenzaron las obras de construcción, que incluyeron la edificación de un fuerte con planta triangular, siguiendo el modelo de Santa Elena y Charlesfort. Esta disposición triangular demostró ser muy efectiva para hacer frente a los ataques indígenas, siendo crucial su finalización para prevenir futuros ataques que pudieran expulsarlos de la región. Para reforzar su defensa, se construyeron fosos, murallas, barracas y bodegas para almacenar alimentos.

Sin embargo, enfrentaron la dificultad adicional de la escasez de madera en los alrededores. Por ello, gran parte de las estructuras fueron construidas con palma, recubiertas de hojas y cortezas. Los pozos se hicieron utilizando barriles que se iban colocando hasta alcanzar niveles donde el agua fuera potable. Únicamente se utilizó madera para la construcción del «caballero», que servía para mantener la vigilancia de los alrededores.

En el mismo año de 1566, los asentamientos de La Florida recibieron refuerzos con la expedición de Sancho de Archiniega, que incluía cerca de 1500 soldados. Estos soldados fueron distribuidos en los presidios y en algunas islas del Caribe. La llegada de estos nuevos habitantes requirió la construcción de un nuevo fuerte para ampliar el asentamiento. Esto implicó el desmantelamiento del fuerte anterior para aprovechar los materiales y su reconstrucción más al interior.

Al tener el presidio una población mayoritariamente masculina, compuesta principalmente por soldados, fue necesario para Menéndez de Avilés garantizar la protección de las mujeres y viudas. Para ello, las mantuvo aisladas del continuo ajetreo militar, aunque esto no evitó que surgieran situaciones en las que se vieron involucradas de forma negativa. A pesar de los esfuerzos por mejorar la infraestructura de defensa del presidio, la escasez de alimentos y las largas jornadas laborales provocaron motines y la fuga de colonos.

Estos colonos aprovechaban las ausencias del adelantado para escapar de la miseria y de las extenuantes tareas de reparación de las fortificaciones, ocasionadas por la mala calidad de los materiales. A pesar de todos estos problemas, Menéndez de Avilés no desistió en su intento de convertir a San Agustín en su cuartel general, a pesar de que Santa Elena ofrecía mejores condiciones. Sin embargo, la continua degradación de las condiciones de vida de los soldados llevó a que Felipe II ordenara la repatriación de algunos de ellos, dejando en los presidios una fuerza de 150 soldados. Además, se asignó un situado pagado con recursos novohispanos, aunque la demora en su llegada provocó el descontento de los presidiarios.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Luis Arnal Simón. Inician las expediciones. Las grandes expediciones y fracasos, del libro Arquitectura y Urbanismo del Septentrión Novohispano. Fundaciones en La Florida y el Seno Mexicano, siglos XVI al XVII.

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Imagen:

– Izquierda: S/D. Vista de San Agustin, Florida.

– Derecha: S/D. Mapa de San Agustin Florida, 1764.

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