La foca Martínez
1. Extraños sonidos en el patio
Serie de 45 capítulos · Lectura rápida
Capítulo 1
Son casi las once de la noche, Gerardo va hasta el negocio más cercano que a esa hora le venderá cerveza, y cuando vuelve, para disfrutar de la bebida y de la noche primaveral, sale al patio con una silla, sin encender la luz, mejor así, más íntimo. Luego de unos minutos escucha un sonido débil, como de agua, mira hacia el lavadero que está en un rincón, pero está muy oscuro para ver algo. Se levanta y sin soltar el vaso vuelve a la casa para encender la luz del patio porque la del lavadero sigue quemada. Va al lavadero tenuemente iluminado por la luz que llega desde la puerta abierta del comedor y se asusta, porque hay algo adentro del lavatorio, lleno de agua, algo oscuro, inmóvil, deja el vaso en el suelo y se acerca sigiloso. Parece un animal, parece un perro…¡¡¡Es una foca!!!
¡Una foca! Con toda seguridad es una foca y él está despierto… (¿Lo está?) Ojalá que no, pero entonces que despierte, las sorpresas en los sueños suelen despertarlo… (¿Qué hora es?) Es temprano, y sábado, los vecinos deben estar despiertos, y levantados… ¿Y si alguien se asoma por la medianera, de curioso nomás, y lo ve con una foca, ¿Gerardo le pediría ayuda? ¿Ese vecino lo querría denunciar? Va a apagar la luz de adentro y vuelve. Hace silencio, a propósito, ahora piensa. Busca el vaso, no tiene nada de malo seguir tomando en un momento así, no cambia nada. Recupera el vaso, mientras vuelve a la silla que sacó afuera piensa si no es mejor llevar todo adentro, ¡incluso a esa foca! Si la deja ahí, sola, luego de que ella lo ha conocido como primera forma de vida muy probablemente grite para reclamarlo. Adentro, en cambio, y con él, bajan las probabilidades de que grite y, si lo hace, por lo menos no la pueden ver. Enciende la linterna del teléfono, apunta hacia la foca, que parpadea y entrecierra los ojos, él espera que no grite, le baja la intensidad a la linterna y casi se felicita por ese detalle, se acerca, apuntando el haz de luz hacia el piso mejor, así el rostro de la pequeña foca no lo reciba tan de lleno, teme asustarla, llega a su lado y ahora sí la alumbra, quizás se asuste y grite o chapalee, pero él necesita verla porque es algo raro como para que esté tan cerca y no querer verlo. En medio de la ansiedad que siente hay lugar para enternecerse, parece bebé, lo mira y emite como un quejido que reafirma su corta edad, quizás es recién nacida y alguien que no planeó nunca qué hacer con ella o que no sabía que nacería no supo qué hacer más que colarse en su propiedad para no abandonarla en plena calle, pero igualmente, quién tiene una foca en su casa, dónde está la madre, por qué la tiene alguien en su casa, todas suposiciones que no aportan soluciones, ni siquiera respuestas, pero las hace quizás para tratar de entender o de distraerse y así calmarse. Improvisa… apaga la linterna… para que no vuelva a gritar. Acaba el vaso de un trago y se va adentro, con cuidado, haciendo silencio.
¿Hasta ahora no ha gritado: debería volver con ella o quedarse adentro?… ¿O entrarla? Para colmo es de noche, y sábado; de día y entre semana todo sería más fácil, se puede llamar por teléfono a… la policía o… cómo se llama esa área… cree que zoonosis… alguien de ahí enviaría a alguien a solucionarlo, pero no un sábado a la noche… ¿o sí?… Imposible que lo sepa si nunca le pasó algo semejante, ni a nadie que conozca, ni siquiera a través de algún caso de la televisión. ¿Cómo calmarse? Tendría que estar tomando algo más fuerte; no lo ayudaría a pensar, pero sí a relajarse o a algo parecido a relajarse porque ¿¿¿quién podría hacerlo???
Ya pasó un buen rato, pero ese animal debe seguir ahí, no es capaz de salir del lavatorio… y aunque pudiera seguiría en su patio. Gerardo fantasea con todas posibilidades igual de improbables o imposibles, como que se haya ido, o que en realidad sea un perro, algo a todas luces descartado; posible sería que su mente, de golpe, hubiera enfermado y se tratara de una foca imaginaria, posibilidad que en vez de aterrarlo le resulta más… ni siquiera sabe cómo… ¿reconfortante? Extrañamente, aunque a la vez sea común en nosotros, le resulta peor una foca en su patio —situación perfectamente pasajera— que un estado de enfermedad mental permanente. Es por el miedo, no permite pensar con suficiente lógica. Lo cierto es que esa foca no se irá, pero sí se calentará la cerveza sobre la mesa… llena otro vaso vaciando la botella, sabe que hay otra en la heladera, y que, aunque no está disfrutando mucho que digamos, quizá la tome igual, más que todo para hacer de la delicada situación que está atravesando algo más… ¿amable? Por ahora se quedará levantado, luego intentará dormir y al día siguiente verá qué hacer, mientras tanto, bebe.
Cavilando sobre el asunto acabó la última botella, y luego fue a buscar a la foca con una toalla, le generaba aprehensión el contacto directo. Había preparado un fuentón con una frazada dentro, a modo de cama, y mientras el animal se estuvo quieto ahí, se puso a investigar qué comen las focas y se fijó si tenía algo en la heladera y en las alacenas para darle. Apenas encontró una lata de atún que la foca no tardó en devorar, y que por suerte pareció haber satisfecho su hambre. Gerardo procuró levantarse bien temprano para salir en busca de provisiones, antes de que la foca comenzara a quejarse.
Colocó el fuentón a su lado, sobre la cama, porque si lo dejaba en el piso ella no lo vería a él, y dejó prendido un velador. Parece que tiene mucho sueño, porque se desvanece con intermitencias mientras lo mira a él y a su alrededor. Parece que así se siente protegida, al menos no grita como hace unos segundos, cuando quedó sola en el comedor. Cuando ella se duerma, podrá ir a lavarse los dientes.
Un par de asuntos demoraron la llegada del sueño: si no se comunicaba con las autoridades para notificarlas del hallazgo, y posteriormente detectaban al animal bajo su tenencia ilegal, podía ir preso, o ser castigado con una poderosa multa. Lo que fuese que pasara no sería agradable, a menos que la escondiera en su vivienda bajo máximo secreto. Pensar en eso parece que lo despertó del todo; trató de calmarse pensando que, lo que crea mejor, eso será lo que decida, y del resto se encargará el presente, cuando cada cosa alcance su momento.
Gracias por leer el primer capítulo
Soy Juan, el autor. Esta historia nace del choque entre lo cotidiano y lo extraordinario, y del impulso de cuidar aquello que no entendemos del todo.
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