La foca Martinez, cap. 2

Quizás la reacción más esperada por alguien que encuentra una foca en su casa sea notificar a las autoridades, pero Gerardo optó por conservarla en su domicilio y en secreto.

Debido a que muy recientemente había terminado un noviazgo de muchos años, abatido por la separación vio en la foca una potencial compañera y un motivo para distraerse si se ocupaba de alguien más.

Para la buena suerte de ambos, la foca comenzó a imitar a un perro vecino, y al poco tiempo, para los habitantes de su manzana, se había convertido en el misterioso perro de mitad de cuadra. Era un verdadero misterio porque nadie lo había visto nunca, sólo lo escuchaban.

Una tarde se encontró en el supermercado con su vecino de al lado, y éste aprovechó para preguntarle de qué raza era el perro y si lo sacaba a pasear. Gerardo dijo que lo hacía muy cada tanto, por la noche, y “un ratito no más porque ya está viejo y se cansa rápido”. Respecto a la raza, improvisó una que sonara acorde a la voz que emitía la foca, grave y seca, “no parece de esa raza por el ladrido, dijo el vecino, “es que es un perro viejo”, recalcó Gerardo, “me lo traje cuando falleció mi tío, por eso ya casi no sale, salvo algunas noches, ya que de día no tengo mucho tiempo para pasearlo, porque” con su horario laboral de contra turno, Gerardo y la foca duermen al mismo tiempo, ya que ella por adaptación se ha vuelto noctámbula.  

Respuestas