La evolución del Dia de Muertos contemporáneo.

Dentro de los elementos de la religiosidad de la cultura mexicana, el Día de Muertos ha sido utilizado como una de las celebraciones insignia del nacionalismo al incorporarle elementos folclóricos que la han acercado al legado indígena, alejándola de su origen católico. De esta manera, se han excluido elementos fundamentales de la liturgia, donde el sentido original era conmemorar a los santos que quedaron en el anonimato y a las almas de los difuntos en el purgatorio.

Las ceremonias dedicadas a los muertos originalmente incluían solo misas en las iglesias y la exhibición de las reliquias guardadas. Sin embargo, cambios ejecutivos, como la separación de los cementerios de las iglesias por razones de higiene, dieron paso a nuevas ceremonias, como las velaciones en las tumbas. Además, la costumbre española de preparar alimentos especiales durante esas fechas, que representaban las reliquias de los santos, marcó el inicio de la confitería mexicana alusiva a la fecha, como las calaveritas de azúcar y el pan de muerto.

Con el paso del tiempo, estas dos fechas fueron perdiendo su carácter solemne para dar paso a lo lúdico, lo carnavalesco y lo colorido como parte de la cultura de rememoración de los difuntos, separándose cada vez más de lo religioso. Este cambio fue respaldado por los avatares que forjaron al pueblo, como la lucha política por la separación de la Iglesia de la vida social.

Dentro de las luchas del nacionalismo mexicano, encontramos la contradictoria relación respecto al legado hispano y el arraigo a las culturas indígenas. Los Días de Muertos lograron superar la paradoja de su raíz europea al encontrar un punto en común con otros pueblos en el mundo en cuanto a la conmemoración de los fallecidos. Esto permitió despojarlos de elementos que representan la «colonización» y reemplazarlos con testimonios de la época y lo que nos ha llegado de tiempos mesoamericanos, desvirtuándolos de su sentido original para brindarles un nuevo significado adecuado a las necesidades modernas.

Toda esta construcción permitió separarse de las celebraciones de Fieles Difuntos realizadas a lo largo del mundo hispano, que se llevaban a cabo siguiendo la base solemne de las fechas. Incluso se sabe que hasta principios del siglo XX, los indígenas del suroeste estadounidense seguían conmemorando estas fechas, pero los procesos de modernización y las dinámicas sociales hicieron que perdieran importancia, como sucedió en España.

Uno de los problemas para determinar qué elementos provienen de la herencia indígena o española es la escasez de testimonios de escritores del periodo virreinal y del siglo XIX. Para ellos, estas festividades eran consideradas de poca importancia y asociadas a la «chusma». De lo poco que tenemos, se destaca la costumbre de las velaciones en las tumbas, que eran aprovechadas por los deudos para embriagarse, lo que llevó a que las autoridades intentaran prohibir las visitas a las tumbas.

Debido a este sesgo, enfrentamos grandes lagunas en el conocimiento de la historicidad de las tradiciones o de la actitud del mexicano hacia la muerte. Esta actitud fue descrita por primera vez por Octavio Paz y Sergei Eisenstein en el siglo XX al identificar el «desprecio a la muerte», simbolizado en la poca importancia que se le da al tema, al verla con naturalidad en lugar de considerarla un tabú, como suele ocurrir en la cultura occidental.

Esta falta de referencias ha llevado a que muchos investigadores no puedan identificar el origen de los elementos originales. Impregnados por el folclorismo, descartan el origen medieval de la celebración y le atribuyen un origen indígena. Incluso la arqueología no ha encontrado vínculos entre el tratamiento de los muertos prehispánico y las prácticas modernas. Sumado a la influencia de la clase política, esta falta de evidencia ha llevado a que la sociedad avale el origen indígena atribuido a la celebración.

A medida que el Día de Muertos se arraigaba como una fuente de la identidad mexicana, surgió uno de sus rivales más difíciles: la influencia estadounidense a través de celebraciones como Halloween. Esta festividad es prima, ya que resulta de la combinación entre la celebración católica y las tradiciones celtas de Gran Bretaña, pasando por un proceso de transformación en su llegada a Norteamérica.

Se sabe que la presencia de Halloween en México se hizo sentir primero en la frontera norte, donde hasta mediados del siglo XX no se celebraba el Día de Muertos. Luego, en la década de los 90, se extendió por todo el país, siendo adoptada debido a la afinidad en el sentido lúdico de ambas celebraciones y a la proliferación de productos de entretenimiento estadounidenses, como las películas de terror. Sin embargo, también se observa rechazo por parte de sectores nacionalistas, ya que es percibida como parte de la vieja rivalidad contra el imperialismo estadounidense.

La mercadotecnia de los productos y su atractivo han llevado a que la cultura del Halloween sea adoptada principalmente por las clases medias urbanas. Aunque una parte de quienes adoptaron la celebración se sienten más identificados con la cultura estadounidense, otra parte de la población tiene conciencia de la diferencia con el Día de Muertos, adoptando el Halloween principalmente por la diversión y la oportunidad de disfrazarse como deseen.

La presencia de Halloween ha despertado un sentimiento nacionalista en diversos sectores. Desde la perspectiva conservadora, se percibe como un rito de inspiración satánica, mientras que algunos intelectuales intentan defender, desde los valores patrios, la persistencia de lo que consideran originario. Este sentimiento nacionalista se utiliza para imponer cierta censura a la intromisión de elementos de Halloween en eventos oficiales del Día de Muertos.

A lo largo del tiempo, el Día de Muertos ha experimentado transformaciones y siempre ha tenido un cierto matiz mercantilista. Esto se refleja incluso en fuentes coloniales, donde se dejó testimonio de cómo los artesanos dulceros hacían esfuerzos para confeccionar alfeñiques para los primeros días de noviembre con temas alusivos a la muerte.

Podríamos afirmar que la tradición no está en peligro; de hecho, gracias a la presencia de la comunidad mexicana en EU, está influyendo culturalmente en el Halloween. Por lo tanto, podríamos hablar de un proceso de intercambio cultural. No obstante, vale la pena estudiar cómo la celebración se ha ido transformando a lo largo del tiempo y conocer las raíces de cada elemento, teniendo en cuenta que pueden haber surgido de este proceso de adaptación de la tradición a las necesidades de cada generación.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Stanley Brandes. El Dia de Muertos, el Halloween y la búsqueda de una identidad nacional mexicana, de la revista Alteridades vol.10, núm. 20.

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Imagen: Chloe Sayer. Desfile del Dia de Muertos en la Ciudad de Mexico. Fuente: https://polyglottes.org/2020/10/28/halloween-en-el-mundo-hispanohablante-dia-de-muertos-en-mexico/

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