La erupción del Xitle. Nuevos datos.

Una de las catástrofes que marcó la zona mesoamericana fue la ocurrida en la Cuenca de México. Cuicuilco, una de las primeras ciudades que emergía como un centro de poder, vio su desarrollo truncado por la repentina actividad volcánica proveniente de la sierra del Ajusco. Las consecuencias de esta erupción fueron significativas y afectaron el desarrollo futuro de la región, ya que grandes campos de lava surgieron como resultado del volcán Xitle. Esto dio origen a la zona conocida como el Pedregal, la cual se convirtió en un área difícil de cultivar o habitar debido a su composición volcánica, transformándose en una cantera de basalto o en un refugio para ladrones.

El impacto se extendió a los territorios de pueblos como Tlalpan, Coyoacán, San Ángel y Tizapán, donde parte de la población antigua de Cuicuilco tuvo que reasentarse debido a las condiciones adversas en el Pedregal. Esta zona del malpaís abarca aproximadamente 70 km² y ocupó una depresión natural al sur de la cuenca, dejando una marca duradera en el paisaje y la historia de la región.

Según estudios recientes, se ha determinado que la erupción en la Cuenca de México no provino directamente del cuerpo volcánico del Xitle. Esto se debe a que el cráter del Xitle permanece intacto, sin señales evidentes de destrucción por la explosión o de la lava que suele expulsar. En cambio, se cree que el derramamiento de lava ocurrió en un punto del camino entre el Xitle y la población del Ajusco, donde se generaron grietas en las cavidades magmáticas, desencadenando así el desastre.

La erupción constó primero de la expulsión de tobas y cenizas, que cubrieron amplias áreas de la Cuenca de México. Luego siguieron las emanaciones de gases tóxicos, seguidas por los flujos de lava que avanzaron sobre las zonas bajas, sorteando cerros como el Zacatepec y el Zacayuca. Según los registros fósiles, se sabe que durante la primera fase eruptiva hubo muertes, tanto de animales como de personas, que fueron afectadas por las lluvias de ceniza y toba. Estos eventos dejaron una huella significativa en la región y marcaron un momento crucial en su historia geológica.

Gracias a los estudios estratigráficos de las canteras, podemos comprender las etapas de la erupción volcánica y la composición del suelo previo a este evento catastrófico. Se ha observado que en el área de San Ángel, existía un lago que quedó sepultado bajo las capas de lava, dejando como testimonio la presencia de “tepalcates negros”, que son restos de materia vegetal en descomposición que se encontraban entre la turba del lago y que fueron ennegrecidos por el calor emanado de la lava.

Una evidencia notable de las condiciones lacustres en las que se encontraba la zona de Cuicuilco y Copilco se refleja en la arquitectura de estos sitios. Una gran parte de su material de construcción consistía en cantos rodados recolectados de los ríos y la orilla del lago. Este lago se ubicaba aproximadamente 15 metros más arriba del nivel del resto del sistema lacustre, lo que indica una diferencia topográfica significativa.

En las capas subsiguientes, se encuentran restos de cenizas y carbón. Estos materiales pueden ser indicativos de los incendios que ocurrían en los bosques de la región en aquel tiempo o también podrían ser evidencia del sistema de roza, tumba y quema empleado en la agricultura de la época.

La formación del Pedregal abarcó un periodo de aproximadamente 50 años, durante los cuales se sucedieron siete flujos de lava consecutivos. Cada capa de lava presenta una superficie agrietada como resultado de su enfriamiento y la contracción de la piedra, formando estructuras características cuando cubrían una depresión natural en el terreno. Además, es común encontrar cuevas y túneles por donde se desplazaban los flujos de lava. Se han identificado también “tubos de explosión” en Huipulco, que son chimeneas formadas en el terreno y que servían como puntos de salida para los gases tóxicos generados durante la actividad volcánica. Estos tubos de explosión son únicos y no se conocen en ningún otro lugar del mundo.

Los estudios sobre las condiciones previas a la erupción indican la presencia de pantanos, posibles lagos y numerosos arroyos que descendían por fuertes pendientes, formando cascadas. Estas características del paisaje habrían hecho de la zona un lugar ideal para el establecimiento de grandes asentamientos humanos, como lo fue Cuicuilco en su momento.

Debido a la presencia del Pedregal, el primer investigador que estudió la pirámide asignó una antigüedad de entre 8,000 y 8,500 a.C. Sin embargo, estas estimaciones se ajustaron con el tiempo gracias a los avances en estudios geológicos y arqueológicos. Posteriormente, se habló de una datación entre el 4,000 y el 2,000 a.C. Con la llegada de los análisis de datación por radiocarbono, se pudo precisar aún más, ubicando la construcción entre el 2422 y el 250 a.C. Gracias al trabajo del investigador Emil W. Haury, se estableció que la construcción tuvo lugar entre el 1000 a.C. y el 200 d.C.

Inicialmente se creía que Teotihuacán podría haber surgido como resultado de la migración de los cuicuilcas que huyeron o se integraron a ella. Sin embargo, nuevas investigaciones indican que ambas ciudades coexistían durante el periodo conocido como Tlamimilolpa, entre los años 200 y 400 d.C. Esto sugiere que la explosión del volcán ocurrió alrededor del 300 d.C., cuando Teotihuacán estaba en pleno desarrollo, en lugar del año 100 d.C. como se pensaba anteriormente.

La región sur de la cuenca fue afectada no solo por la actividad del volcán Xitle, sino también por erupciones de otros volcanes, incluyendo al Popocatépetl, cuya expulsión de ceniza arruinó los cultivos de los asentamientos en la zona. Las investigaciones actuales indican que Cuicuilco no estaba abandonado al momento de la erupción, como se pensaba anteriormente. Esto se debe a que una capa de ceniza previa a la de lava, interpretada como evidencia de abandono, en realidad corresponde a una banqueta adosada de la última capa constructiva del sitio, la cual llegaba a cubrir una estructura conocida como la “Estela”.

Cuando la lava alcanzó el centro ceremonial de Cuicuilco, rodeó parcialmente al Gran Basamento y fue detenida en parte gracias a las obras de infraestructura, como los canales de agua, que pudieron frenar su avance. La lava desviada por la propia pirámide hacia la zona chinampera, actualmente la Plaza Inbursa, muestra evidencias de su contacto con el agua, como las formaciones de lava almohadillada. Este evento marcó un punto importante en la historia mesoamericana y generó flujos migratorios hacia otras regiones, como la hipotética migración hacia el Occidente. Las nuevas investigaciones continuarán proporcionando pistas más precisas sobre cómo ocurrió este evento y sus implicaciones históricas.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Alejandro Pastrana. La erupción del Xitle y su afectación a Cuicuilco, de la revista Arqueología Mexicana no. 151.

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Imagen: Jorge Gonzales Camarena. La erupción del Xitle. 1948, Museo de sitio Cuicuilco.

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