La Costa Grande en el Posclásico.

A partir del año 900, la región experimentó una serie de cambios debido a trastornos climáticos que afectaron a los estados presentes. La zona más afectada fue la que rodeaba la bahía de Acapulco, que sufrió un grave periodo de sequía que llevó al abandono de su centro político, La Sabana. A partir de entonces, la zona fue poblada por pequeñas rancherías que dependían de los recursos disponibles en su entorno.

Esta situación llevó a una redistribución de la población en la Costa Grande, concentrándose en poblaciones importantes como Coyuca, Tecpan, La Yacata y Soledad de Maciel en San Jeronimito, Petatlán, Tierras Prietas en Zihuatanejo y Victoriano Rodríguez en Ixtapa. Sin embargo, la ciudad que destacó a nivel regional por su importancia en la red comercial del Posclásico fue Zacatula.

Zacatula estaba ubicada en la desembocadura del río Balsas en el Océano Pacífico, en los actuales límites entre los estados de Guerrero y Michoacán. Aunque no se sabe con certeza dónde se encuentran las ruinas de Zacatula, se cree que podrían estar en los terrenos de la actual ciudad de Lázaro Cárdenas o en el sitio conocido como Barranca de Marmolejo, ubicado en el lado guerrerense. A pesar de haber sido ocupada durante la Colonia, la disminución de la población y la pérdida de importancia llevaron finalmente a su abandono y olvido.

Durante las exploraciones arqueológicas en los municipios de La Unión, Ixtapa, Zihuatanejo, Petatlán y Lázaro Cárdenas, se ha descubierto que en el Posclásico hubo una alta densidad demográfica, con caseríos o grandes villas que cultivaban sus campos en las laderas de los cerros o en terrazas. Sin embargo, los centros ceremoniales se volvieron más modestos, con basamentos de apenas 5 metros de altura que delimitaban las plazas.

Existen indicios de que las clases gobernantes locales atravesaron un período de crisis, viéndose obligadas a expandirse territorialmente para obtener más tributos. Esto condujo a tiempos de violencia donde la guerra era común, y las antiguas sedes de las jefaturas se convirtieron en centros ceremoniales secundarios bajo el dominio de los conquistadores, aumentando la parafernalia relacionada con la guerra.

Según fuentes españolas como la «Relación de Zacatula», la región estaba gobernada por líderes militares que ofrecían protección a cambio de tributos como alimentos o mantas. Es posible que estos caudillos provinieran de sitios fortificados en las orillas del río Balsas y descendieran desde la sierra.

En el aspecto económico, se sabe que la región se dedicaba principalmente al cultivo del algodón, que luego era procesado para hilado y la fabricación de tela y ropa. Esto se evidencia en la abundancia de malacates encontrados en los yacimientos arqueológicos. Además, se han hallado aplanadores utilizados en la confección del papel amate, así como herramientas empleadas en la pesca.

Sin embargo, una de las actividades más destacadas de la región fue la producción de sal. Esta se obtenía de lagunas salobres en Coyuca, Ajuchitlán, Ixtapa y Jolochuca. Los métodos empleados incluían dejar secar la salmuera de las lagunas o lavar la tierra para extraer las sales. Incluso hoy en día, la sal de Jolochuca sigue siendo producida y vendida en el mercado regional como sal de grano.

La metalurgia también desempeñó un papel crucial como actividad productiva. Se utilizaron aleaciones de bronce con arsénico y estaño, o en su defecto, cobre puro. Con estos materiales se fabricaban herramientas cotidianas como agujas, hachas y cinceles, así como objetos ornamentales como alfileres y cascabeles. Además, se producían adornos de aleaciones de oro y plata, aunque en menor medida, destinados a las élites.

Una posible clave para entender la interrelación entre la Costa Grande y la Tierra Caliente puede deberse a la importancia de la metalurgia. En la cuenca del río Balsas, se encuentran abundantes depósitos de metales. Se sabe de la presencia de vetas semisuperficiales de cobre nativo y de minerales cupríferos como la malaquita, azurita y cuprita, de los cuales se extrae cobre. Además, el oro y la plata se extraían de pepitas encontradas en los ríos.

Cerca de los pueblos de Poliutla, Arcelia y Tlapehuala se han encontrado minas con herramientas abandonadas, conocidas como boleos. Estos yacimientos ofrecen diferentes calidades en cuanto a pureza y composición, lo que se relaciona directamente con la composición de los objetos de metal hallados en la Costa Grande. Estos objetos suelen contener pequeñas cantidades de arsénico, plata y manganeso, características de los yacimientos de la Tierra Caliente.

Los minerales extraídos eran procesados en las zonas mineras, donde se fundían fácilmente utilizando carbón vegetal y alimentando el fuego con un soplete. Posteriormente, estos materiales se transportaban por vía fluvial a través del río Balsas hasta Zacatula para su distribución por la Costa Grande.

El origen de la metalurgia mesoamericana sigue siendo un tema debatido. Hay indicios que sugieren un posible desarrollo local en Michoacán, pero también se debe considerar la posibilidad de contactos con Sudamérica, especialmente con los pueblos del Ecuador. Estos pueblos realizaban expediciones en busca de conchas del spondylus y ocasionalmente llegaban a la región occidental, especialmente a Zacatula, donde hay registros históricos de su presencia.

Según las evidencias arqueológicas, la metalurgia en la Costa Grande experimentó dos períodos de desarrollo: uno desde el 600-800 hasta el 1200, donde se trabajaba principalmente el cobre nativo, y otro desde el 1200 hasta la conquista española, cuando se empezaron a trabajar bronces y aleaciones de oro y plata. Esta actividad se volvió importante para las sociedades de la región, aumentando la interrelación con los estados de la Tierra Caliente, principales proveedores de metales.

En sitios asociados a Zacatula, como La Villita, se han encontrado áreas especializadas para la metalurgia, incluyendo un horno de fundición para preparar grandes cantidades de cobre. Además, en varios sitios como Petatlán se han hallado tubos utilizados como sopletes para la fundición, lo que indica la importancia de la metalurgia en las sociedades de la Costa Grande.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Rubén Manzanilla López. La región arqueológica de la Costa Grande de Guerrero. Su definición a través de la organización social y territorialidad prehispánicas.

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Imagen: Cabezas de figurillas localizadas en el posible emplazamiento de Zacatula, el primero pertenece a una representación de Tlaloc y el segundo a un personaje con yelmo de águila, Posclásico. Fuente: https://revistas.inah.gob.mx/index.php/arqueologia/article/view/5783 

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