Cada bando pudo conformar sus posiciones. Ignacio Zaragoza se atrinchera en las fortalezas de Loreto y Guadalupe, mientras el conde de Lorencez estaba dispuesto a atacarlos directamente para demostrar la superioridad de las fuerzas francesas y propinar un duro golpe psicológico al gobierno mexicano, desoyendo los consejos de los conservadores.
Pensando que los franceses actuarían con más mesura, Zaragoza había colocado a sus principales generales a defender la Ladrillera de Azcárate, punto localizado en la salida al camino hacia Veracruz, al saber que el campamento francés se localizaba en Amozoc. Pero, desde el amanecer hasta las 10 de la mañana, se extraña la ausencia de los franceses y entendieron que el objetivo era atacar directamente los fuertes, por lo que Zaragoza ordena al general Felipe Berriozábal dejar la posición de la Ladrillera para reforzar la defensa de los fuertes y que dejase a Porfirio Díaz con el cuerpo de carabineros a caballo para defender en caso de cualquier imprevisto.
Mientras tanto, en la ciudad se ordena el repique de campanas a las 10 de la mañana para anunciar el inicio de movimientos del enemigo, para que los civiles se resguarden en sus casas y quedasen las calles despejadas ante una posible refriega.
Los franceses se localizaban en la hacienda de los Álamos, desmontando el campamento para el ataque, y Lorencez se había acuartelado en el rancho Oropeza para dirigir la batalla. Uno de sus primeros movimientos fue mandar a los Cazadores montados a vigilar las posiciones mexicanas, mientras el primer ataque a los fuertes lo ejecuta el Regimiento de Infantería de Marina, conformado por 1000 hombres y dividido en tres para realizar el asalto.
A ellos les siguieron el Regimiento de Zuavos, con 1500 soldados, para atacar el fuerte de Guadalupe, seguido por el cuerpo de Cazadores de Vincennes y, por último, el escuadrón de Cazadores de África, decidiendo atrincherarse en la hacienda de Rementería, que se encontraba cercana al fuerte y donde podían esperar hasta tener la orden de avanzar.
Para empezar el ataque a la fortaleza, decidieron abrir fuego con artillería contra el fuerte de Guadalupe, pero la altura en que se localizaba la fortaleza y la orografía hicieron que este ataque no resultara efectivo. Tras dos horas de bombardeo, gastaron la mitad de sus municiones de artillería, lo que provocó que Lorencez decidiese dar la orden para que la infantería iniciase el asalto a la fortaleza.
Inicialmente, la defensa mexicana en el fuerte no le infringió daños de consideración a los asaltantes por su posición en el cerro, pero, cuando suben a la meseta superior, la infantería francesa se convierte en un blanco fácil de las artillerías de Loreto y Guadalupe, dirigidas por el general Berriozábal. Mientras tanto, para evitar un debilitamiento de la defensa, Zaragoza le ordena al general Francisco Lamadrid apoyar a los fuertes, mientras el Batallón de Zapadores ocupaba un barrio que se localizaba en las faldas del cerro.
Una vez pasada la primera descarga de la defensa, los zuavos recomponen las filas y atacan cuerpo a cuerpo al Batallón de Toluca, que se encontraba en la primera línea, perdiendo el enfrentamiento y siendo forzados a retirarse. También la Marina fue atacada por el 6.º Batallón de la Guardia Nacional, compuesto por los voluntarios de Tetela y Zacapoaxtla, comandados por el general Miguel Negrete, quienes esperaron hasta el último momento para tenerlos lo más cerca posible, obligando a los franceses a bajar del cerro.
Ante esta primera derrota, Lorencez reorganiza el ataque y manda la segunda oleada, la cual pudo salvar el foso del fuerte de Guadalupe y, subiéndose en los hombros de los soldados, intentaron pasar las murallas. Esta vez, la defensa mexicana estaba en problemas, porque se trataba del Batallón de Infantería de Michoacán, que estaba conformado por novatos reclutados hacía 2 meses, por lo que se vieron presa del pánico al solo estar encargados de proteger la artillería y huyeron a refugiarse en el templo, dejando solos a los artilleros de Veracruz, que no contaban con armas para su defensa cuerpo a cuerpo.
Dada la situación tan desesperada, los artilleros se defendieron como pudieron, golpeando a los zuavos con las balas de cañón, los escobillones y las palancas que tenían para preparar los cañones. Sin embargo, fueron salvados por la llegada de Berriozábal, quien ataca el costado derecho, y fueron reforzados por el Batallón Reforma de San Luis Potosí. Mientras tanto, lograron calmar a los michoacanos y los convencieron para regresar a la batalla, logrando rechazar la segunda oleada y volviendo a forzar a los franceses a bajar del cerro ante su incapacidad de tomar las fortalezas.
A la par, conforme se fue dando la segunda oleada, hubo otra columna francesa destinada a apoderarse de posiciones en la zona del llano, pero este intento fue frustrado por la llegada del general Díaz, quienes rechazan el ataque y hacen que se refugien en la hacienda de San José. Esto le dio la confianza a Díaz para ir en su persecución, pero esta acción fue desaprobada por Zaragoza, quien le ordena regresar porque ellos tenían superioridad numérica.
La orden fue desobedecida y esto provocó que lo amenazaran con ir a corte marcial por su desacato, a lo que Díaz se pudo disculpar argumentando que dicha orden no resultaba conveniente al no tener apoyo para la retirada.
Todos los esfuerzos franceses habían sido rechazados con éxito por parte de los mexicanos, por lo que Lorencez intentó, con los soldados que le quedaban en el campo, volver a recomponer las filas. Pero, en ese momento, se desata una tormenta de granizo y esto lo hace reconsiderar que, ante el agotamiento de sus soldados, el no contar con ninguna posición ventajosa y al haber perdido la mitad de sus municiones, no le quedaba otra más que aceptar la derrota.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Raúl Gonzales Lezama. Cinco de mayo. Las razones de la victoria.
Para más contenido histórico o para opinar del tema, visita la página de Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100064319310794
Imagen: Patricio Ramos Ortega. Batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862, 1862-1865.


Respuestas