Uno de los legados más insospechados que dejó la intervención francesa en México fue la consolidación de una obra clásica del teatro mexicano que se ha arraigado profundamente en las festividades de rememoración de los difuntos: Don Juan Tenorio. Maximiliano de Habsburgo, en su deseo de modernizar el país y equipararlo con las naciones “civilizadas” de Europa, pretendía atraer a un grupo selecto de intelectuales y artistas que contribuyeran a este proyecto cultural.
Entre estos colaboradores se encontraba el joven escritor español José Zorrilla, conocido por su obra Don Juan Tenorio, quien ya tenía vínculos con México y podía apoyar en la gestión del Teatro Nacional. Zorrilla, además de desempeñar un papel importante en la vida cultural del país durante el breve periodo del Segundo Imperio, vio cómo su obra adquirió una popularidad inusitada, especialmente en las representaciones teatrales anuales durante las festividades del Día de Muertos. Así, Don Juan Tenorio se convirtió en una tradición teatral que sigue viva en la cultura mexicana hasta la actualidad.
José Zorrilla, nacido en 1817 en Valladolid, provenía de una familia con profundas convicciones absolutistas, que había participado activamente en las guerras carlistas. A pesar de los esfuerzos de su familia por encaminarlo hacia una carrera eclesiástica, su inclinación hacia la creatividad y las artes lo convirtió en una figura rebelde dentro del núcleo familiar. Desde 1837, comenzó a hacerse notar en el mundo literario con la publicación de sus primeros poemas y críticas teatrales.
Su gran oportunidad llegó en 1839 con la puesta en escena de su obra Juan en el Teatro del Príncipe, lo que desencadenó una serie de éxitos en el ámbito teatral. Este reconocimiento lo llevó a recibir la prestigiosa Orden de Carlos III en 1843, otorgada por el gobierno español. Sin embargo, la vida de Zorrilla también estuvo marcada por tragedias personales, como la muerte de su madre y su hija, lo que influyó significativamente en su obra maestra, Don Juan Tenorio.
Don Juan Tenorio cuenta la historia de una apuesta entre amigos en la que el protagonista, Don Juan, seduce a diversas mujeres, pero su vida cambia cuando se enamora de la monja Doña Inés, lo que desencadena una tragedia. Debido a su trama dramática y su enfoque en temas de amor, redención y muerte, la obra se asoció naturalmente con la festividad del 1 de noviembre. Esta conexión consolidó su éxito, llevando a cinco temporadas consecutivas de representaciones, convirtiéndose en un clásico del teatro y en una tradición cultural que ha perdurado en México.
La vida personal de José Zorrilla estuvo marcada por constantes altibajos. En 1845, decidió viajar a Francia en busca de nuevas oportunidades, pero la muerte de su madre al año siguiente lo obligó a regresar a España. A pesar de esta pérdida, fue durante ese periodo cuando alcanzó el prestigio de ser reconocido por la Real Academia, consolidando su figura en el panorama literario español.
La relación con su padre, ya complicada, se deterioró aún más tras la muerte de este en 1849, lo que llevó a Zorrilla a regresar a Francia. Desde ese momento, adoptó un estilo de vida itinerante, residiendo entre París y Londres. Durante su estancia en Francia, Zorrilla buscaba reconocimiento adicional en el ámbito cultural europeo, aspirando a obtener la prestigiosa Legión de Honor. Sin embargo, este deseo nunca se concretó, en parte debido a los problemas que le generaba su exesposa, quien lo acosaba y dificultaba sus esfuerzos por obtener dicho honor.
En 1855, José Zorrilla emprendió una nueva etapa en su vida al viajar a México, donde fue recibido con entusiasmo por la comunidad intelectual y cultural del país. Sin embargo, su llegada coincidió con uno de los periodos más convulsos en la historia mexicana, marcado por el derrocamiento de la dictadura de Antonio López de Santa Anna, la Revolución de Ayutla encabezada por Juan Álvarez, y más tarde, la proclamación de la Constitución de 1857, que desencadenó la Guerra de Reforma.
Durante su estancia en México, Zorrilla decidió mantenerse al margen de las tensiones políticas, aunque su formación y antecedentes familiares lo inclinaban hacia posturas conservadoras. Esta neutralidad política le permitió evitar conflictos mayores en medio de un clima donde los españoles comenzaban a ser vistos con creciente desconfianza, especialmente por el sector liberal. A pesar de esto, Zorrilla continuó su labor literaria, escribiendo una serie de textos importantes como La flor de los recuerdos, Las rosas mexicanas, México y los mexicanos, y Literatura y artes, en los que reflejaba sus impresiones del país y su vida cultural.
No obstante, las condiciones en México durante la Guerra de Reforma se volvieron cada vez más difíciles para Zorrilla. La inestabilidad política y económica le provocó serios problemas financieros, y su situación se agravó hasta el punto de sumirse en la pobreza. Finalmente, en 1858, decidió abandonar México y partió hacia Cuba, en busca de mejores oportunidades.
En Cuba, José Zorrilla se vio envuelto en actividades poco honorables, específicamente en la compra y venta de esclavos mayas capturados durante la Guerra de Castas en Yucatán, en colaboración con el periodista español Cipriano de las Cagigas. Aunque esta asociación era extremadamente controvertida, Zorrilla estaba motivado por la difícil situación económica que enfrentaba. Sin embargo, la muerte repentina de su socio lo forzó a disolver su implicación en estas transacciones y regresar a México en 1859.
A su regreso, Zorrilla se reencontró con un país que seguía sumido en conflictos políticos y sociales. Aunque su situación personal seguía siendo complicada, el regreso a México le brindó la oportunidad de reintegrarse en el ámbito literario y teatral, donde había dejado una huella significativa antes de su partida.
La fortuna de Zorrilla cambió drásticamente cuando la facción liberal en el gobierno mexicano se vio envuelta en una crisis diplomática, lo que culminó en la intervención francesa. Francia, aliada con la facción conservadora, invadió el país con la intención de establecer un protectorado bajo el reinado del archiduque Maximiliano de Habsburgo. Al enterarse de la presencia de Zorrilla, Maximiliano lo llamó para que contribuyera a revitalizar la vida cultural en México, nombrándolo director del Teatro Nacional.
La relación entre Zorrilla y el emperador se fortaleció, en gran parte gracias al éxito de “Don Juan Tenorio”, que rápidamente se popularizó entre el público. Maximiliano incluso financió el viaje de Zorrilla de regreso a España en 1866 para atender asuntos familiares. Sin embargo, con el avance de las fuerzas republicanas y las cartas de Maximiliano describiendo la creciente inestabilidad, Zorrilla decidió no regresar a México, marcando así el final de su implicación directa en la cultura mexicana durante esa tumultuosa época.
La relación de Zorrilla con el Segundo Imperio Mexicano reveló su inclinación conservadora, un aspecto que quedó plasmado en su libro de 1867, “El drama del alma. Algo sobre México y Maximiliano”. En esta obra, Zorrilla narra la historia desde la llegada de Hernán Cortés, atribuye la independencia de México a la influencia de la Revolución francesa y critica el proyecto de Maximiliano. La narrativa culmina con la ejecución del emperador y con la percepción de que los liberales entregarían el país a Estados Unidos, lo que resultaría en la desaparición inevitable del legado hispano.
La publicación del libro en México desató la furia de la clase intelectual, que lo tachó de imperialista y traidor por su apoyo al invasor, lo que llevó a un veto de su nombre en el país. A pesar de esta controversia, la obra “Don Juan Tenorio” continuó siendo muy popular en México y se asoció firmemente con el Día de Muertos, una tradición que perdura hasta el día de hoy. La obra se ha convertido en un símbolo de la cultura mexicana, integrando elementos de la celebración y reflejando la complejidad de la identidad nacional.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía:
Narciso Alonso Cortes. Zorrilla: su vida y sus obras
Toni Dorca. México en el imaginario zorrillesco: los Recuerdos del tiempo viejo, del libro Mediadores trasatlánticos, España-Francia-México, 1843-1863.
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Imagen: Anónimo. Retrato de Jose Zorrilla, del libro Obras de Jose Zorrilla vol. 1.



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