Por su colaboración en el golpe que derrocó a Bustamante, ganó la simpatía de los yorkinos, incluyendo figuras como Valentín Gómez Farías y Francisco García, así como del general Miguel Barragán, perteneciente al ala moderada, y, por supuesto, de Antonio López de Santa Anna, quien en ese momento se alineaba con el bando liberal. Este respaldo se fortaleció gracias al apoyo de los liberales duranguenses, quienes se beneficiaron con la reincorporación de Francisco Elorriaga como gobernador. Esta acción le permitió consolidar una base social en Durango que le estaría agradecida por sus contribuciones.
La prensa pronto cuestionó su nueva postura política, recordando su participación en anteriores rebeliones y tildándolo de oportunista, acusándolo de esperar la primera oportunidad para cumplir sus ambiciones. Esta percepción se pondría a prueba cuando Santa Anna ascendió a la presidencia y decidió retirarse a sus haciendas en Veracruz, dejando el gobierno en manos de su vicepresidente, Gómez Farías. Las acciones de Gómez Farías, dirigidas a reducir el poder material de la Iglesia, provocaron la amenaza de una rebelión por parte de la facción conservadora, bajo el lema “Rebelión y fueros.” Uno de los cabecillas de esta insurrección fue el general Mariano Arista, quien intentó reclutar a Urrea para la causa, falsificando documentos supuestamente firmados por Santa Anna que ordenaban su detención. Sin embargo, Urrea no cayó en la trampa, debido a la confianza que tenía en el presidente.
Para ese momento, Santa Anna había consolidado una sólida base política en el noroeste de México, donde los gobiernos de Zacatecas, Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Durango se alineaban con su liderazgo, en gran parte gracias al trabajo de cabildeo de Urrea. Sin embargo, las políticas de Gómez Farías, que atentaban contra los intereses de la Iglesia, provocaron rápidamente el descontento de la población, lo que llevó a levantamientos en varias regiones. Uno de estos fue encabezado por el gobernador de Sinaloa, Manuel María Bandera, quien fue derrotado por Urrea, que se mantenía fiel a Santa Anna.
La situación continuó siendo tensa, y cuando se supo del rompimiento entre Santa Anna y Gómez Farías, Urrea no dudó en tomar partido por Santa Anna. En Durango, donde el gobernador santannista había sido derrocado debido a su supuesta asociación con las acciones de Gómez Farías, Urrea restableció el orden, reafirmando su lealtad al presidente y consolidando aún más su posición en el noroeste del país.
El retorno al poder de Santa Anna trajo consigo un cambio significativo en su postura política, inclinándose hacia el centralismo. En 1835, Santa Anna impulsó la sustitución del Congreso por uno centralista, lo que generó descontento y provocó que Zacatecas se rebelara contra estas nuevas políticas. Santa Anna respondió a esta insurrección con una intervención militar en la que Urrea participó activamente.
Poco después, el Congreso le concedió permiso a Santa Anna para retirarse nuevamente, dejando a Miguel Barragán como presidente interino. Barragán, en reconocimiento a los servicios prestados, ascendió a Urrea al rango de general.
En ese momento, Durango atravesaba una crisis política marcada por la tensión entre federalistas y centralistas. Ante esta situación, los federalistas designaron a Urrea como gobernador, esperando que pudiera conciliar entre ambas facciones. Sin embargo, su tiempo en el poder fue breve, ya que el presidente Barragán nombró a José María Esparza como gobernador en su lugar, y Urrea cedió el cargo sin oponer resistencia.
Urrea pronto enfrentaría nuevos desafíos al ser destinado a Tamaulipas para combatir a los rebeldes radicales instigados por Gómez Farías y liderados por José Antonio Mejía, quien contaba con el apoyo de colonos texanos. Urrea sofocó la rebelión con éxito, consolidando su reputación militar.
Sin embargo, el siguiente año marcaría un punto de inflexión en su carrera política y militar con el estallido de la Guerra de Texas. Urrea participó en la campaña que resultó desastrosa para México, aunque destacó por mantenerse invicto en sus combates contra los texanos e intentar rescatar a Santa Anna. Su prestigio en el campo de batalla le valió ser nombrado jefe de campaña en sustitución de Vicente Filísola, quien fue llevado a juicio militar por el fracaso de la campaña.
A pesar de esto, Filísola logró ser exonerado y trató de culpar a Urrea por el fracaso de la campaña. En respuesta, Urrea se retiró de la Ciudad de México, pidiendo licencia por motivos de salud, y se trasladó a Durango, donde comenzó un debate contra las acusaciones de Filísola. Durante este período, Urrea marcó por primera vez una clara distancia de Santa Anna y comenzó a acercarse al federalismo, señalando un cambio significativo en su postura política.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: José Marcos Medina Bustos e Iván Aaron Torres Chon. José Urrea: trayectoria política y bases de poder territorial en Durango y Sonora, 1821-1849, revista Estudios de Historia .Moderna y Contemporánea de México no. 53.
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Imagen: S/D, Toma de El Alamo.



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