Ihíyotl, la conexión con el inframundo.

Desde la perspectiva de la cosmovisión mesoamericana, el ser humano estaba compuesto por tres entidades anímicas. La primera de ellas es el yolia, o corazón, donde residían la memoria, las emociones, la fuerza vital y la predisposición hacia las cualidades mágicas. El yolia también era el elemento que determinaba los diferentes destinos que podían llevar a la persona hacia el inframundo tras la muerte.

La segunda entidad es el tonalli, una energía que residía en la coronilla y que era otorgada por el sol según el día en que la persona había nacido. El tonalli determinaba el carácter y la suerte del individuo durante su vida. Aunque su destino después de la muerte es incierto, se cree que se integraba a la tierra o permanecía junto a los restos del difunto como una reliquia, actuando como un espíritu protector.

Una de las entidades más enigmáticas y difíciles de interpretar en la cosmovisión mesoamericana es el ihíyotl, que se ha traducido como alma, espíritu o aliento. Este concepto aún perdura entre diversas etnias, y se le relaciona con la voz, el olor y la respiración. Sin embargo, la falta de fuentes históricas claras ha generado debates sobre su verdadero significado y ubicación en el cuerpo humano.

Aunque algunos investigadores han debatido sobre el repositorio del ihíyotl, los testimonios de grupos como los huicholes, tojolabales, mixes y nahuas señalan que el hígado es visto como el centro de la vitalidad y del aliento de las personas. Este órgano parece desempeñar un papel central en la idea del ihíyotl, ya que es considerado el centro de la fuerza vital.

La confusión sobre la ubicación exacta del ihíyotl también proviene del Códice Florentino, donde se menciona que los jóvenes guerreros mexicas llevaban amuletos hechos de partes del cuerpo de mujeres fallecidas durante el parto (mociuaquetzqui), como sus cabellos o dedos, ya que se creía que proporcionaban el ihíyotl. Además, existen alusiones en fuentes de la época que mencionan una “vena de aire o espíritu”, lo que sugiere que la sangre podría haber sido vista como el medio por el cual el ihíyotl se distribuía por todo el cuerpo, añadiendo más complejidad a su interpretación.

El ihíyotl tenía la naturaleza de un gas que, según las creencias mesoamericanas, podía ser tanto un elemento curativo como nocivo. Su potencial negativo se activaba cuando las personas transgredían normas sociales, morales o sexuales, lo que hacía que su presencia resultara dañina para quienes estuvieran cerca. Esta capacidad de ser perjudicial se comparaba con la corrupción que provocaba el contacto con cadáveres.

Una creencia asociada es que, cuando alguien muere, expulsa un aire que puede ser peligroso para los vivos, un fenómeno conocido en las tradiciones populares como “aires”. Estos aires están relacionados con el viento nocturno y se atribuyen a las personas que fallecen de manera violenta o que no encuentran paz en el más allá. Esta idea conecta con la fusión entre dos importantes deidades mesoamericanas: Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, bajo la manifestación de Yohualli-Ehécatl, simbolizando el viento nocturno y su poder sobre las almas inquietas.

Otra posible vinculación del ihíyotl es con la sombra, que se opone al concepto del solar tonalli. Aunque las referencias sobre esta conexión son escasas en los escritos de los religiosos de la conquista, la etnología parece confirmar esta relación. En el mundo indígena, la sombra es considerada un elemento vital, pero su unión con el cuerpo es muy frágil, lo que la hace susceptible al robo por parte de seres del inframundo o brujos. Este robo de la sombra provocaba enfermedades inexplicables que, al no tener cura, llevaban eventualmente a la muerte.

Después de la muerte, la sombra podía regresar a la tierra, transformándose en un espíritu maligno que deambulaba hasta completar el tiempo de vida natural que le correspondía. Esta creencia es la razón por la cual los asesinados eran propensos a convertirse en fantasmas. Entre los pueblos indígenas, existen ceremonias como el “levantamiento de sombra”, en las que los familiares del difunto guían su sombra al cementerio, hacia su tumba, o la llevan a un lugar “sombroso” donde pudiera ser absorbida, evitando así que se convirtiera en un espíritu errante.

El ihíyotl no se percibe como algo independiente del tonalli; la unión de ambos conforma lo que en algunas culturas indígenas se entiende como el alma. En este contexto, los nahuas de Milpa Alta, por ejemplo, sostienen que la sombra de una persona está ligada al día de su nacimiento, determinando si alguien nace con una “sombra pesada”. Las personas con esta característica tendrían mayor propensión a convertirse en brujos o ladrones, y un desequilibrio entre la sombra y el tonalli podría llevar a la muerte.

Otra entidad anímica relacionada es el ecahuil, descrita como un pequeño viento invisible pero perceptible. La combinación del ecahuil, el tonalli, y el ihíyotl forma la sombra que se manifiesta en presencia de una fuente de luz. Sin embargo, las funciones del ecahuil son limitadas, ya que actúa como el principal motor del movimiento corporal, pero es extremadamente frágil. Puede perderse fácilmente debido a factores externos, como un susto, y es tan volátil que puede escapar durante los sueños. Esto lo hace vulnerable a los brujos, quienes pueden capturar este viento para venderlo, causando lo que se conoce como “mal de ojo” o “mal aire”.

La relación entre el ihíyotl y el ecahuil se articula en su naturaleza opuesta pero complementaria. Mientras que el ihíyotl se asocia con lo luminoso, a menudo relacionado con fenómenos como los fuegos fatuos, el ecahuil es una sombra débil. Ambos se encuentran unidos por el cuerpo, que una vez fallecido se dispersa en la tierra, simbolizando la separación de estas entidades anímicas.

Este concepto proporciona una clave para entender la relación del alma de los seres vivos con su destino tras la muerte. Esta idea se refleja en la historia del quinto sol, donde el Sol y la Luna, tras permanecer inmóviles, concluyen que deben sacrificarse para restablecer el movimiento del cosmos. En este mito, el tonalli representa la hoguera en la que se inmolan para transformarse en seres astrales. El ihíyotl es el viento que provoca la muerte, mientras que el teyolia encarna el recorrido hacia la renovación y el renacimiento. Este ciclo puede interpretarse como una metáfora esencial de la escatología indígena, donde los componentes del alma cumplen roles específicos en la transición de la vida a la muerte y la posterior regeneración.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Roberto Martínez Gonzales. El ihiyotl, la sombra y las almas-aliento en Mesoamérica, de la revista Cuicuilco vol. 13, núm. 38.

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Imagen: Escultura de Mictlantecuhtli, Templo Mayor, Ciudad de México. Cultura mexica. Nótese el elemento que sale del abdomen y que los investigadores la identifican con el hígado.

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