Homenaje a la Vida | Tributos a la Tercera Edad

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Pepe es un anciano de caminar pausado y vacilante, de gestos un tanto erráticos, de postura encorvada y respiración agitada, de cabellera gris y voz profunda, de mirada gastada.

Pasa horas sentado en la cama de su cuarto, intentando localizar donde dejó el pantalón. Le es difícil recordar estos pequeños detalles pero que fácil su mente viaja años atrás y revive momentos singulares; el primer beso, el primer día de trabajo, su primer hijo, la primera pérdida, aquella canción …

Pepe es un anciano querido, tiene varios hijos, algunos cerca, otros no tanto. Todos se desviven por atenderlo y le muestran su cariño a su única, especial y particular manera.

Todos han tenido que sostenerlo para bañarlo o vestirlo. Todos han echado mano de su creatividad para intentar calmarlo o hacer que coma. A todos se les ha apretado el pecho cuando no ha conseguido recordar sus nombres.

Todos le han ayudado a re-aprender habilidades que solo se enseñan a niños pequeños; ponerse los zapatos, lavarse los dientes, sostener un cubierto. Todos han sufrido y han perdido la paciencia por esta complicada situación y han llegado a maltratarlo a su única, especial y particular manera.

No se preocupen, su padre los entiende.

La vida es un regalo con fecha de vencimiento. La apreciamos más cuando está llegando al final pero, no tenemos justificación alguna para no disfrutarla plenamente o pecaríamos de desagradecidos.

Pepe es un anciano activo, le gusta ayudar en la casa, cargar cubos de agua, reparar alguna tubería defectuosa, escoger el arroz. También le gusta salir a caminar el barrio, saludar a la gente, tomar el sol.

Cada vez que sale le parece como si descubriera un lugar nuevo en el que no había estado jamás, nuevos rostros y colores, cosa que le parece muy interesante.

Hace un tiempo Pepe empezó a olvidar el camino de regreso a casa, se extravió varias veces y algunos conocidos tuvieron que devolverlo. Su familia decidió, por su seguridad, impedir que bajara solo.

Ahora la puerta permanece siempre cerrada y su nuevo lugar favorito es el balcón.

Desde allí recorre la ciudad de punta a cabo; la bodega, la panadería, el estadio de pelota, el teatro principal, la casa de familiares y amigos, el salón de baile e incluso el punto de cerveza a granel… Nadie sabe la intensa actividad que ocurre en la mente de un anciano. A veces cuando el cuerpo ya no puede más le cede protagonismo al pensamiento, a la imaginación.

Pepe sonríe a ratos y murmura bajito, está hablando con alguien. Su cuerpo está allí pero su mente está en aquel parque, aquel parque en esa tarde donde la conoció.

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