Francisco J. Múgica y su paso por la revolución.

El derrocamiento de Francisco I. Madero por el general Victoriano Huerta llevó a muchos de los partidarios maderistas, como Múgica, a desplazarse hacia el norte para prepararse para la lucha. Allí, contaron con el respaldo del gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, quien les ofreció un marco legal para su rebelión. Sin embargo, desde el principio Carranza se enfrentó al problema de no contar con suficientes fuerzas para enfrentar al ejército de Huerta. Un ejemplo de esto fue la toma de Saltillo por parte del general federal Fernando Trucy Aubert el 7 de marzo de 1913, apenas unos días después de que Carranza desconociera el régimen huertista y comenzara su búsqueda de apoyo entre los grupos rebeldes.

Fue durante esta etapa que Carranza se dio cuenta de la inviabilidad de sus ideales en comparación con los del Primer Jefe. Al redactar el Plan de Guadalupe, se percató del tono ambiguo en que estaba escrito, diseñado para ganar el apoyo de terratenientes, industriales y la Iglesia, con la promesa de resolver gradualmente los problemas sociales con el tiempo.

Debido a la apremiante necesidad de conseguir fuerzas, Carranza decide dividir las pocas que tenía. Mientras él se dirige a Sonora para ganarse el favor del gobernador Maytorena, encomienda a Lucio Blanco quedarse en el noreste. Blanco, a su vez, solicita quedarse con el joven Múgica para encargarse de los servicios administrativos de la campaña. Afortunadamente, Blanco está de acuerdo con los ideales de Múgica y le brinda la oportunidad de poner en práctica sus planes cuando toman Matamoros. En esta operación, cae en sus manos la hacienda de Los Borregos, propiedad del golpista Félix Díaz. Mugica convoca tanto a los trabajadores de la hacienda como a los rancheros vecinos para repartir las tierras. Este acto genera respuestas dispares: Carranza se incomoda por la decisión tomada y ordena el traslado de Blanco a Sonora para subordinarse a las órdenes de Álvaro Obregón, mientras que Múgica es asignado a Pablo González. Sin embargo, este acto no pasa desapercibido, tanto dentro como fuera del país. El socialista francés Jean Jaurès y el caudillo Emiliano Zapata lo felicitan mediante cartas.

En esta etapa, fue asignado para administrar el puerto de Tampico, donde llevó a cabo diversas acciones, como la implementación del impuesto de Barra, la organización de la lotería local y la prohibición de los juegos de azar. Además, comenzó a intervenir en los reclamos de la clase trabajadora para obtener mejores condiciones laborales, negociando con las empresas y logrando satisfacer gran parte de sus demandas. Carranza le permitió continuar con su labor y lo ascendió en el escalafón militar al grado de brigadier, reconociendo así la experiencia adquirida en Tampico.

Posteriormente, el 1 de octubre de 1914, fue designado administrador de la Aduana de Veracruz, justo cuando las tropas estadounidenses estaban abandonando el puerto. Su tarea consistía en organizar la ciudad para recibir a Carranza y establecer el gobierno interino desde allí, para luego enfrentarse a los convencionistas que habían tomado la Ciudad de México. Entre sus responsabilidades se encontraba la depuración de la administración portuaria de funcionarios ingresados durante el gobierno huertista y colaboradores de los estadounidenses. Uno de los despedidos fue el joven burócrata Adolfo Ruiz Cortines, quien años después, en su camino hacia la presidencia, encontró la oposición de Múgica debido a este antecedente.

Para mediados de agosto de 1915, Tabasco experimentaba una etapa de turbulencia tras el asesinato del general a cargo, Pedro C. Coronado. Ante esta situación, Carranza designa a Múgica para ocupar el puesto de gobernador y pacificar el estado. El 4 de septiembre, Múgica llega a Dos Bocas para desde allí navegar hacia la capital. Una de sus primeras medidas fue restituir el nombre original de la ciudad, Villahermosa de lugar de San Juan Bautista, que había sido cambiado en 1826.

Durante su mandato, Múgica implementó un programa radical que incluía la suspensión de la educación religiosa, la prohibición del alcohol y la promoción de la democracia en la toma de decisiones. Además, impulsó el reparto agrario y la educación, otorgando becas a estudiantes. Todo esto sentó las bases para el desarrollo futuro del estado y fue aprendido y ampliado por un joven funcionario de su gobierno, quien años después se convertiría en gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal.

En cuanto a la cuestión agraria, Múgica tuvo conflictos con Carranza debido al reparto de tierras de la hacienda de El Chinal hacia el pueblo de Jonuta. El presidente ordenó restituir las tierras a sus dueños originales, pero Múgica respondió enviándole un informe sobre el problema campesino, reiterándole su lealtad y presentando su renuncia. Ante esto, Carranza reconsideró y aceptó las acciones llevadas a cabo.

Esta línea radical adoptada por Múgica estaba en sintonía con la ideología del sector sonorense, como el caso del general Salvador Alvarado, gobernador de Yucatán, quien al igual que él fue comisionado para llevar la revolución al sureste. Ambos suscribieron una alianza de apoyo mutuo debido al éxito que Múgica había tenido en la implementación de sus ordenanzas. A pesar de que para 1916 Carranza ya mostraba señales de no cumplir con el programa reformista, tanto agrario como laboral, Múgica decidió seguir el camino del constitucionalismo para llevar a cabo los cambios necesarios bajo el amparo de la ley, en lugar de optar por la vía de la rebelión, la cual estaba en decadencia en ese momento, como el zapatismo y el villismo.

El 13 de septiembre, Múgica entregó el gobierno de Tabasco en medio de abucheos y burlas por parte de la población. Después, Carranza lo nombró jefe de la Primera Brigada de Infantería de Marina en el Istmo de Tehuantepec. Sin embargo, Múgica pidió permiso en diciembre para dedicarse a los trabajos de propaganda y prepararse para la asamblea constituyente de Querétaro en 1917.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Anna Ribera Carbó. Francisco J. Múgica. El presidente que no tuvimos.

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Imagen: Hermanos Casasola. Venustiano Carranza, Francisco J. Mugica y otros diputados durante el cierre del constituyente de 1917.

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