Francisco J. Mugica y la Constitución de 1917.

Aunque Venustiano Carranza no era partidario de realizar cambios significativos en el orden constitucional del país, especialmente en lo que respecta a la protección de los grupos sociales más desfavorecidos como campesinos y obreros, era evidente que su movimiento carecía de arraigo popular. Esta falta de apoyo beneficiaba a sus rivales convencionistas. Por lo tanto, se vio obligado a pactar con estos sectores rebeldes y prometer llevar a cabo reformas sociales en el orden constitucional una vez en el gobierno. Esta estrategia le permitió ganar importantes aliados, como los sonorenses y el emergente movimiento obrero, que durante los últimos años del Porfiriato había generado serios problemas al régimen mediante huelgas para exigir mejoras en las condiciones laborales.

En el ámbito agrario, Carranza se apoyó en el asesoramiento de ideólogos como Luis Cabrera. Este último, durante su tiempo como diputado en 1912, había enfatizado la necesidad de restituir las tierras de las comunidades, otorgar más tierras a los campesinos y anular los despojos llevados a cabo por los hacendados. Esto resultó en el decreto de la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, que contemplaba la expropiación de tierras para entregárselas a las comunidades. Esta medida provocó divisiones en las comunidades del país, muchas de las cuales pasaron a apoyar al carrancismo.

La estructura política que Carranza implementó en su gobierno generó confianza en numerosos sectores de la sociedad mexicana, quienes vieron una propuesta sólida de cambio. Esto contrastaba con los convencionistas, respaldados por el Plan de Ayala, pero cuyas disputas internas y desconfianzas entre los diferentes grupos los hacían menos atractivos como alternativa.

Ante la imposibilidad de mantener la antigua constitución, Carranza encomendó a Félix Palavicini, a cargo de la Secretaría de Instrucción Pública y director del periódico “El Pueblo”, llevar a cabo una campaña propagandista para promover la convocatoria a un nuevo congreso constituyente. Esta idea se difundió incluso en los territorios villistas y zapatistas, calificando a la antigua constitución como conservadora y no representativa de los intereses del pueblo.

Los trabajos para la nueva constitución comenzaron después de que los villistas y zapatistas abandonaron la Ciudad de México. Carranza se quedó en Querétaro para analizar las modificaciones necesarias en la antigua constitución y encargó a José Natividad Macías y Luis Manuel Rojas la propuesta carrancista que se presentaría en el congreso constituyente. Este congreso fue anunciado mediante el decreto del 14 de septiembre de 1916.

El ambiente político nacional se volvió ferviente ante la selección de los representantes que participarían en el congreso constituyente. Una de las reglas establecidas fue la exclusión total de políticos afiliados o colaboradores de los huertistas, zapatistas y villistas, permitiendo la participación únicamente de maderistas y constitucionalistas. Sin embargo, causó gran controversia el grupo de los llamados “renovadores”, que eran los diputados del Congreso Nacional durante el gobierno huertista de 1913. Este grupo incluía a colaboradores de Carranza como Rojas, Palavicini, Alfonso Cravioto y Juan N. Farias, quienes destacaban por sus sólidos conocimientos jurídicos necesarios para la elaboración de nuevas leyes. Para mitigar las críticas, se señaló que estos renovadores se habían rebelado contra el gobierno de Huerta, lo que llevó a la disolución de la XXVI Legislatura.

Otro grupo que surgió fue el bloque radical o jacobino, conformado por caudillos y partidarios magonistas que habían luchado en el frente y abogaban por implementar rigurosamente todas las reformas sociales propuestas durante la guerra. Entre sus miembros se encontraban figuras como Francisco J. Mugica, Esteban B. Calderón, Heriberto Jara, Cándido Aguilar y otros políticos muy jóvenes para la época.

Ambos grupos, los carrancistas y los jacobinos, fueron los encargados de establecer los principios ideológicos de la constitución. Gran parte de los representantes populares carecían de una preparación profunda, por lo que muchos de ellos votaron las diferentes propuestas basándose en la calidad de la oratoria y las intervenciones en lugar de un análisis técnico. A pesar de estas limitaciones, se logró elaborar un documento de alta calidad jurídica que ha regido al país hasta nuestros días.

Por un lado, el bando carrancista abogaba por un gobierno que siguiera principios liberales y que solo interviniera en casos de extrema necesidad. Por otro lado, los jacobinos, cercanos al círculo político de Álvaro Obregón, defendían la idea de un gobierno fuerte que garantizara tanto la estabilidad económica como el bienestar social, sin ser un obstáculo para el sistema capitalista. Además, proponían al Estado como el garante del desarrollo nacional.

El congreso constituyente de Querétaro comenzó sus labores el 1ro de diciembre de 1916 en el Teatro Iturbide, inaugurándose con el discurso de Mugica, quien llamó a derribar el antiguo orden que había generado injusticias sociales y a reivindicar las causas que dieron inicio a la revolución. Mugica expresó las ideas que había mantenido desde la firma del Plan de Guadalupe. Carranza, presente en la inauguración, a través de la intervención de Rojas, presentó su plan para una nueva constitución, en el cual dejó de lado muchas de las promesas realizadas a los diferentes caudillos que se unieron a su causa. Esto resultó en una propuesta de corte burgués que reflejaba sus verdaderas intenciones políticas.

La propuesta no recibió apoyo de gran parte de los representantes, especialmente de los jacobinos como Mugica. Este último, en su labor administrativa en el sureste, había aplicado estos principios políticos para combatir la desigualdad. La Primera Comisión de Puntos Constitucionales comenzó a revisar la propuesta carrancista y desarrolló un proyecto completamente diferente al originalmente propuesto por Carranza.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Anna Ribera Carbó. Francisco J. Múgica. El presidente que no tuvimos.

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Imagen: Hermanos Casasola. Comision de estudio del Articulo 123, con Francisco J. Mugica en la fila inferior de traje claro, principios de 1917.

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