El teatro y el entretenimiento novohispano.

Una de las necesidades que toda sociedad tiene es la de entretenerse para poder salir de la rutina y disfrutar de momentos divertidos en medio de su entorno. Una forma de lograr esto es a través del teatro, una práctica que tiene raíces tanto en la tradición española, traída con la conquista, como en la indígena, aunque esta última cuenta con pocos testimonios directos. Podemos rastrear esta tradición a través de las danzas tradicionales contemporáneas y de ejemplos como el Rabinal Achí de Guatemala, que es una de las pocas piezas teatrales mesoamericanas que han llegado hasta nuestros días.

La importancia del teatro se ve reflejada en el papel que desempeñaron los evangelizadores al utilizarlo como herramienta para transmitir el evangelio y enseñar conceptos ajenos a la tradición cultural local. Esto permitió que la población entendiera de manera más accesible los conocimientos bíblicos y la doctrina católica en sus propios idiomas. Con la consolidación de la vida novohispana, el teatro se convirtió en un elemento habitual de entretenimiento en diversos contextos, como actos ceremoniales civiles o religiosos, así como en celebraciones personales como cumpleaños o ceremonias de inicio de cursos de las órdenes mendicantes.

Se sabe poco sobre los temas que se solían interpretar en estas representaciones teatrales populares. Sin embargo, se tienen referencias de la frecuencia con la que se representaba la mitología grecorromana, además de que, al tener como objetivo principal el entretenimiento, se sabe por las crónicas que estas representaciones tenían un tono cómico y ameno, a diferencia del teatro evangelizador cuyo propósito era el adoctrinamiento en valores religiosos.

Los coliseos se transformaron en una ventana oficialista para proporcionar entretenimiento aprobado por las autoridades, con el propósito de recaudar fondos para obras de beneficencia, como hospitales. El primer coliseo se estableció en el mismo lugar que ocupaba el Hospital Real de Naturales, del cual se sabe que hasta finales del siglo XVIII continuaba recibiendo financiamiento del teatro.

En los documentos relacionados con los hospitales novohispanos se encuentran referencias frecuentes a la actividad de los coliseos, así como a textos teatrales. La disminución de la taquilla del coliseo era una preocupación estatal debido a sus implicaciones para la beneficencia. Durante temporadas bajas, se presentaban las llamadas “follas”, que consistían en la representación de varias comedias en una misma función, asegurando llenos totales, especialmente los jueves y sábados.

Además de apoyar el funcionamiento de hospitales, los ingresos del coliseo también se destinaban a otras instituciones de caridad. Se registra que el coliseo de México llegó a donar hasta cuatro reales diarios como limosna a instituciones eclesiásticas y, en ocasiones, organizaba funciones en beneficio de miembros del gremio, aunque estas fueran prohibidas por las autoridades.

Bajo la supervisión directa del gobierno, las representaciones teatrales se convirtieron en un medio para inculcar valores cívicos en la sociedad. El objetivo era promover la honestidad, la moderación y corregir los vicios, instruyendo al pueblo a través de una diversión saludable. Para ello, existían censores encargados de revisar los guiones, realizar modificaciones y aprobar las representaciones, siempre con la premisa de utilizar el entretenimiento como una herramienta de educación popular.

Estos censores también se aseguraban de garantizar los ingresos de las obras teatrales, regulando los gastos y controlando los precios de las entradas para cumplir con los compromisos de caridad. Sin embargo, esto a menudo dejaba en segundo plano la calidad artística de las obras, priorizando los objetivos educativos y de recaudación.

Con el tiempo, los coliseos se convirtieron en lugares reconocidos como fuentes de entretenimiento que promovían valores cívicos y religiosos. Se enfocaban en fomentar el respeto y la lealtad hacia la Iglesia y el rey, ofreciendo relatos heroicos que abogaban por superar la vida pecaminosa y guiarse por las buenas costumbres de la época, con el fin de convertirse en ciudadanos ejemplares.

También se tiene constancia de la existencia de teatro infantil, aunque parece que su llegada fue más reciente, ya que las noticias al respecto no se tienen hasta finales del siglo XVIII. Estas noticias suelen ser solicitudes de permisos hacia las autoridades para su representación, las cuales a menudo eran respondidas con negativas sin especificar las razones. Sin embargo, se sabe que el teatro infantil tuvo un gran auge después de la independencia, cuando sus representaciones se volvieron muy populares y se empezaron a publicar sus libretos.

Es posible que el teatro infantil sea un derivado de la llamada comedia de muñecos o «máquina», en la que se utilizaban marionetas o títeres para las representaciones. Este tipo de espectáculos ganaron gran popularidad entre la población, pero también fueron objeto de censura por parte de las autoridades debido a los disturbios que solían generar. Por esta razón, se imponía una restricción para que estos espectáculos se celebraran a cinco leguas (aproximadamente 28 kilómetros) de los coliseos, con el fin de no restarle público a las representaciones teatrales convencionales, convirtiéndose así en un entretenimiento principalmente rural.

A diferencia de las representaciones formales, se tiene conocimiento de la existencia de un teatro popular y callejero, donde los actores preparaban funciones fugaces en lugares públicos para entretener a las masas. Estas representaciones, al escapar de cualquier formalismo oficial, solían ser perseguidas por las autoridades censoras debido a su tono irreverente hacia ciertos temas, especialmente a través de la sátira, que era muy popular y se burlaba de las autoridades de la época.

Un periodo en el que el teatro callejero fue especialmente prolífico fue a principios del siglo XVIII, durante el cambio dinástico, cuando los cambios impulsados por los Borbones eran objeto de críticas satíricas. Se prohibieron algunas obras populares como «El mágico catalán» o «La fuente de la judía» debido a sus elementos fantasiosos y a su tono crítico hacia las nuevas directrices racionalistas en la toma de decisiones.

Muchos de estos grupos estaban compuestos por actores profesionales que habían sido marginados de los coliseos formales por diversas razones. Mantenían una vida itinerante, con compañías que habían actuado tanto en Cuba como en Perú. Su estilo de vida era austero y las escenificaciones eran precarias, apenas les permitían sobrevivir. Además, eran objeto de la mira de la Inquisición, que los perseguía. Paradojicamente, gracias a los procesos de la Inquisición, han llegado hasta nuestros días algunos de sus libretos.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: German Viveros. El teatro y otros entretenimientos urbanos. La norma, la censura y la práctica, del libro Historia de la vida cotidiana en México, vol. II.

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Imagen: Teatro Principal, Puebla, 1761. Fuente: https://www.facebook.com/groups/1847174435396612/posts/2981897598590951/

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